Elfo. Estela. Fárfara. Fábula. Guara. Galeno. Génesis. Gitano. Granito. Gazpacho. Hache. Haima. Hocico. Hechicera. Helio. Hubara. Jazmín. Juncabalejo. Jerte. Jarilla.

Veinte linces. Decenas de cámaras vigilando sus movimientos (y casi sus sentimientos) al minuto. Once trabajadores y cuatro voluntarios miman su vida en jaulones de unos mil metros cuadrados cada uno, rodeados además por un vallado perimetral de seguridad. Están en Zarza de Granadilla, pero sólo dos de ellos son ‘extremeños’: Jerte y Jarilla, hijos de Fárfara y Génesis, nacieron en cautividad el pasado mes de marzo. Hubo otro hermano, Jaraíz, que falleció a los pocos días de vida. “Fárfara era una hembra primeriza y lo hizo muy bien, se pegaron mucho las crías pero la madre los separó muy bien”, concreta con entusiasmo Laura, bióloga barcelonesa y voluntaria desde hace un año del Centro de Cría en Cautividad de Lince Ibérico de Zarza de Granadilla. Su tarea se centra fundamentalmente en el monitoreo de los animales, a los que conoce a la perfección. “Me encantan los felinos”, sonríe. Toma nota en una enorme hoja de Excel de todo lo que sucede (Hache se lame una pata). “Por la mañana están muy activos porque los cuidadores suelen estar por allí”, explica desde la sala de control, lugar ideal para conocer cada detalles de la vida del lince ibérico, el felino más amenazado del mundo. “Normalmente el primer año de vida del centro es de aclimatación, no es habitual que haya nacimientos”, toma la palabra Francisco Villaespesa, director del centro cacereño así como de El Acebuche, en Huelva, y coordinador del programa de cría.

Zarza de Granadilla

Es diciembre, época de celo para las hembras; época, por tanto, para ir probando la socialización. Para que Fárfara y Gazpacho (el macho elegido para este año) prueben qué tal se llevan. Luego llegará el emparejamiento y el apareamiento, en los meses de enero y febrero. Y, tras 63 días de gestación, las crías. Este año está previsto que cuatro parejas se apareen. Que haya más linces ‘extremeños’. “Los que nazcan en 2013 se intentará que vayan a la reintroducción”, adelanta Villaespesa. Que vivan libres.

El Centro de Cría en Cautividad de Lince Ibérico de Zarza de Granadilla fue inaugurado en marzo de 2011, por eso fueron una gran noticia los nacimientos. Con estas nuevas instalaciones, dependientes del Organismo Autónomo Parques Nacionales (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente), se logra el objetivo de crear una red de centros de cría que puedan mantener la carga genética necesaria de la ‘población cautiva’ proyectada para el Programa de Conservación Ex situ del Lince Ibérico, creado en 2003. Además del centro cacereño, existen otros tres centros de cría en Jaen (La Olivilla), Huelva (El Acebuche) y Portugal (Silves), así como un centro asociado en Cádiz (Zoobotánico de Jerez).

Zarza de Granadilla

Recoge un documento oficial que la meta principal de los programas de cría en cautividad es la recuperación de una especie en peligro de extinción y proporcionar un número suficiente de animales sanos para ayudar a restaurar la especie en la naturaleza; a su vez, estos programas sirven para mantener una reserva de animales como salvaguarda frente a una posible extinción hasta que las condiciones de tamaño y viabilidad de la población silvestre hayan sido restauradas. Aquí por tanto se aúnan dos tipos de programa ex situ (en cautividad) e in situ (en libertad).

El reto ahora consiste en mantener el máximo de diversidad inicial realizando un preciso manejo genético de la población, seleccionando los cruces más óptimos e incorporando nuevos ejemplares fundadores cuando se requieran”, resume uno de los objetivos del programa. 122 animales viven hoy en cautividad, de los que 89 han nacido dentro del programa de conservación ex situ y otros 33 han sido capturados del medio silvestre.

Los datos, aunque parezcan fríos, por ahora son muy positivos, corrobora Villaespesa mientras muestra las novísimas instalaciones extremeñas, las últimas construidas. La zona elegida, además de ser un área de presencia histórica del lince ibérico, recoge la decisión poco romántica de aprovechar la existencia de una finca estatal. Aún así, el rincón de Zarza de Granadilla, cercano al embalse de Gabriel y Galán, invita al sosiego. Y a la cría.

Zarza de Granadilla

Jerte y Jarilla, que no hace mucho se enfrentaron a la separación de su madre (“Fárfara lo pasó muy mal y estuvo días en una esquina de la jaula desde la que podía ver a sus crías, maullando constantemente y apática”, cuenta Paula desde la sala de ‘gran hermano’), tuvieron en 2012 otros 42 compañeros que vinieron a la vida en cautividad; sumando así 182 nacimientos desde 2003 (de los cuales 101 animales siguen vivos). Algunos siguen viviendo en los centros de cría y otros en libertad. Y es que, una vez logrado el objetivo de reproducción y mantenimiento de la diversidad y variabilidad genética de la especie, toma el testigo como meta la reintroducción de animales en su hábitat natural.

Se estima soltar 20 animales a lo largo de este año (desde 2010 se han puesto en libertad alrededor de 17); que se sumarían a los aproximadamente 332 linces que viven hoy en libertad en España, 88 de ellos en Doñana y el resto en Sierra Morena. Vicky Asensio, coordinadora técnica del centro de Zarza de Granadilla, adelanta que el probable turno de Extremadura será para 2014. Quizás entonces podamos hablar de verdaderos linces extremeños.

Las cifras, ilustrativas, guían hacia el día a día en el centro. Y es que los animales cuyo futuro pasa por la libertad tienen un tratamiento distinto a los que vivirán en el centro de cría: de conejos de granja a conejos silvestres, mayor dificultad para cazar a la presa, nulo contacto con los criadores, ayunos…. Todo está marcado y pautado.

Lince ibérico Zarza de Granadillla Extramdura Vivir Extremadura 2

Foto cedida por www.lynxexsitu.es

De nuevo en la sala de monitores, el eje neurálgico de la vida en Zarza de Granadilla, continúa el relato de la vida en el centro. La lactancia de las crías dura 70 días; noviembre es el momento de hacer los chequeos a los animales reproductores (desde Berlín llegan en ocasiones expertos), para detectar posibles enfermedades imperceptibles en chequeos rutinarios. “Se les hace de todo porque intentamos que no entre ninguna enfermedad al centro. Trabajamos en un concepto que se llama bioseguridad”, explica Francisco Villaespesa mientras muestra el módulo veterinario de Zarza de Granadilla, compuesto también por un módulo de crianza artificial (por si una madre abandona a las crías) y por un edificio de usos múltiples, además de por los 16 jaulones para los linces y la casa en la que viven voluntarios y trabajadores. Todo un resort para lince ibérico.

Lince ibérico Zarza de Granadillla Extramdura Vivir Extremadura

Foto cedida por www.lynxexsitu.es

Especialistas genéticos, veterinarios, bioquímicos, además de asesores en fisiología reproductiva, entre otros, aúnan esfuerzos para que el lince ibérico olvide la definición que lo acompaña habitualmente: ser el felino más amenazado del mundo. Pero esta labor no debería ser única de expertos de bata blanca: el mayor peligro para el lince ibérico es el ser humano. De ahí la importancia de la sensibilización, la comunicación y la información a la población, los depredadores. Lamentablemente, los recortes de la época han llegado a ese pilar.

De poblar toda la Península, a estar localizados en dos puntos al suroeste. Pasado y presente. El futuro pasa por la letra K, por la que empezarán todos los nombres de los linces que nacerán este año.

En Vivir Extremadura encontrarás información y noticias diferentes de Extremadura. (Reportaje publicado en el número 40 de la revista Vivir Extremadura)

Texto: Mª Ángeles Fernández

Fotografías: Ester García