Palacio Ducal de Vilaçosa

Viajamos a Vila Viçosa, a la casa del Rey Don Carlos. A un lado y otro de la carretera el paisaje verdeguea de vides que anuncian nuevas añadas y cosechas de los poderosos y afamados vinos de Borba a los que tan aficionado era el Rey “Mártir”. Atravesamos el pequeño puente José Saramago sobre el río Caia y aquí, en este transito, entre viejas aduanas y alfandegas, la memoria eterna de Saramago.

Cerca ya de la hermosa Vila Ducal sorprenden al viajero las enormes pedreiras que, como catedrales invertidas de mármol inmaculado, se adentran en la tierra en inquietantes y profundas simas.

 

Cantera de mármol de Vila Viçosa

Frente a nosotros la belleza renacentista del Paço Ducal y aquí de nuevo la memoria eterna de Saramago. “Em Vila Viçosa, vai-se ao Paço Ducal. Não se exime o viajante de esta obrigação, que é também gosto bastante, mas haverá de confesar que estes palácios o deixam sempre em estado muito próximo a confusão mental”.

Nosotros también sentimos la obligación de acudir a las enormes salas tapizadas de finísimas sedas de Oriente que guardan la memoria de la Casa de Bragança. La luz, la poderosa luz alentejana llega a estas salas tamizada por cortinajes aterciopelados. A nuestro paso vamos descubriendo todo el esplendor de la postrera Corte. Pinturas, porcelanas, cristal, tapices, muebles, lámparas… También la sala de la Reina, la del Rey… y aquí el viajero se inquieta al contemplar el lecho del último sueño de Don Carlos, la última luz del Alentejo reflejándose en los mármoles de la fachada renacentista. Después el viaje a Lisboa, los disparos, la muerte del hijo Rey, la muerte del Rey amado, la República….

 

Jardín de Las Damas

Dejamos el palacio por el recoleto Jardín de las Damas, por la puerta que llaman Porta dos Nós, donde con enorme belleza manuelina se asoman al terreiro do paço las armas y la heráldica de los Bragança.

La Iglesia de los Agustinos, donde descansan los grandes Duques, y el Convento das Chagas, umbral de la eternidad de las Duquesas, tienen sus enormes puertas fechadas. “Están en obras” nos dice la señora Mª Antonia Oliveira que vestida de negro arrastra un carrito de la compra. “Hace cinco años que soy viuda”, y comienza a narrarnos sus más de veinticinco años trabajando en el palacio. Empieza aquí una nueva mirada al gran Paço, a los aposentos reales, a la gran sala de la música, a la sala del jantar, a la de las virtudes, a la sala de David, una mirada al delicado friso de azulejos de Talavera. Doña Mª Antonia nos habla con pasión del enorme Paço, de la cocina donde se conservan cientos de cazuelas y marmitas de cobre. “Dos meses -nos dice- tardábamos en limpiar todas las ollas, lo hacíamos con arena finísima y agua”.

 

Sepultura de Florabela Espanca

Desde el altozano contemplamos la hermosa traza arquitectónica de la Plaza de la República con la Iglesia de la Misericordia al fondo. Allá dirigimos ahora nuestros pasos, pasos a los que sale al encuentro el bombeiro voluntario Jose Joaquín Almeida. Nos pregunta “De dónde llegan los españoles” “De Cáceres”. Entonces nos habla de la belleza de una ciudad que, dice, visitó en el año 77 invitado por los bomberos cacereños. También nos habla de su antiguo trabajo de pedreiro de mármore y nos invita a conocer su obra, “casi toda -comenta con sorna alentejana- se encuentra en el cemitério”. Nos indica que en él encontraremos el panteón de la poetisa Florbela Espanca.

 

Castillo de Vila Viçosa

Nos despedimos con un apretón de manos. Frente a nosotros, el Castillo, origen de la villa y en el que aún se conserva el viejo burgo… y aquí también, como guardado por las murallas almenadas del castillo, el cemitério. Capillas góticas, renacentistas, panteones barrocos, manuelinos… acogen el sueño eterno de los que antes algún día se detuvieron a contemplar la belleza del pelourinho, el rollo jurisdiccional, alzándose sobre los siglos y sobre la implorada clemencia.

Dejamos atrás el castelo y el panteón de Florbela Espanca. Se aleja el viajero inquieto, sin ni tan siquiera mirar la belleza manierista de la iglesia de Nossa Senhora da Conceição. En el camino de nuevo los jazmineros, los geranios, los perfumes desconocidos que llegan de mujeres que pasan y aquí una vez más, Florbela Espanca. “Beija-mas bem… Que fantasia louca. Guardar assim, fechados, nestas mãos. Os beijos que sonhei para minha boca…”

Texto: Lucas Riolobos

Fotografías: Lucía Brito