Viajar conlleva sorprenderse. Viajar es sorprenderse. Vila Fernando, la freguesía menos poblada de Elvas, sorprende sin ninguna duda al viajero. Hermoso conjunto de casas. Multitud de colores en las fachadas, en las macetas. Orgullosas y altaneras chimeneas. Veletas en diálogo continuo con el viento. Es Vila Fernando un lugar mágico, de cuento… Y cuando estamos sumidos en este paseo casi de fantasía, nos topamos de frente con un imponente portalón de hierro sobre el que leemos: “Colónia Agrícola Correccional de Vila Fernando”. “Desde el siglo XIX era un colegio para jóvenes problemáticos. Ahora ya no funciona, está cerrado desde el año 2009… Vila Fernando lo notó y lo sintió”. Es una vecina la que nos lo cuenta. Dicho esto, sin despedida, la vemos alejarse, con cierto aire de indignación ¿o resignación?

El escudo de Vila Fernando ya nos dice algo de este hermoso rincón. Una Corona Mariana, en honor a Nossa Senhora da Conceição; dos aves en pleno vuelo, nos habla de la caza y el entorno donde predominan especies como la liebre, el conejo, la perdiz, el pato…, y unas espigas de trigo hablándonos de la agricultura como la actividad más importante de Vila Fernando. Es una localidad sobre un llano, una localidad luminosa y de calles amplias. Una localidad silenciosa, donde al viajero le da la sensación de que podrá hacer un alto en el camino para descansar. No encontrará mejor lugar.

Son 50 kilómetros cuadrados de término municipal, y tan solo 350 habitantes, la freguesía menos poblada del Concelho de Elvas, a pesar de estar a tan solo 14 kilómetros de él. De todos modos, como insisten los vecinos, Vila Fernando tiene historia, costumbres y potencialidades. De hecho, se han encontrado vestigios megalíticos; también Roma construyó en esta villa y de ella, cerámica y objetos que se encuentran en el Museo del Palacio de Vila Viçosa y en el Museo de Elvas. Los árabes, decidieron llamarla Alcarapinha, y entonces sería un lugar donde se concentraban mayor número de agricultores. El nombre de Vila Fernando podría haber venido, según Tomás Pires, de algún miembro de la familia Zagalo, propietaria, durante un tiempo, de esta villa.

Son casas bajas, de dos plantas máximo, con fachadas que juegan con el blanco, el añil, el amarillo, el rojo, el albero… Y rodeadas de macetas llenas de vida o de pequeños huertos también mostrando su sabia. Nos acercamos a ver la Iglesia de Nossa Senhora da Conceição, en Largo João Dias de Deus. Una sencilla construcción, blanca como todo se nos antoja en Vila Fernando. Un pequeño pórtico con mármol y rematado por una cruz. Su interior es de una sola nave abovedada y, si es posible entrar en la Sacristía podrán contemplar una mesa de tipo holandés del siglo XVII.

Nosotros nos quedamos en esta plaza recoleta y floreada. A nuestra espalda un cruceiro con la inscripción “A Cristo, Portugal agradecido”. Estamos en uno de los rincones más hermosos de Vila Fernando. Aquí es, precisamente, donde se encuentra el restaurante Taberna do Adro. Sus mesas de madera en la plaza invitan a sentarse. Pero es temprano, aún hay tiempo y día para disfrutar. Seguimos camino. La vista se eleva ante la majestuosidad de las chimeneas, de todo tipo y tamaño. También las veletas llaman nuestra atención, como la decoración de la “Ilustre Casa de Ramiro”, como reza en su fachada. En ella, un laúd hace pensar al viajero “¿será músico Ramiro?”. Es casi un juego el que te permite Vila Fernando.

Así llegamos a la carretera que atraviesa la aldea. Nos paramos en seco. “Centro Educativo de Vila Fernando”. El cartel corona una hermosa puerta de hierro, abrazada por palmeras. A ambos lados se extienden muros hasta perderse de la vista del viajero desde el lugar en el que se encuentra. Muros y alambradas que intimidan. Del interior, alcanzamos a ver hermosas construcciones en estado de semi abandono. Buscamos quien nos hable de ello.

Fue en 1882 cuando se creó la que entonces se llamaba Colónia Agrícola Correccional de Vila Fernado, conocida posteriormente también por Instituto de Reinserção Social, que ha sido el objetivo final del centro: la reinserción social de jóvenes. En su interior, edificios de carácter neo-gótico, proyecto de Mendes Guerreiro, “se dice –nos cuenta un vecino- que se inspiró en un modelo francés”. A lo largo y ancho de 30 hectáreas se levantan edificios que albergan las habitaciones de los 1.000 jóvenes internos, las de los funcionarios y familia, los talleres, el teatro, la bodega, la iglesia, las oficinas, la enfermería, el refectorio… Treinta hectáreas que se unen a las más de 900 con que cuenta de terrenos agrícolas y ganaderos.

“Ha funcionado hasta 1992 –nos dice de mala gana una vecina- y durante este tiempo Vila Fernando tenía más vida, más movimiento. Ahora, lo han cerrado y se ha notado. Tenían que recuperarlo”. No quiere decir su nombre, no quiere hablar más. “Esto depende del Ministerio”. Candados en la puerta. Un timbre que no suena. Un hueco en el muro. Entramos. Silencio. Lagartijas que huyen. Cardos floridos, rosas, plátanos, espigas, limoneros… El aire parece traernos voces e imágenes de finales del siglo XIX, de aquellos chicos y aquellos maestros, aquellos vigilantes, aquel sacerdote, aquellos cocineros y enfermeros.

Los edificios mantienen la estructura para aún reconocer a qué estaban destinados. Los suelos de madera han cedido en algunos casos al tiempo, al igual que los tejados que hoy permiten la entrada de aves. El Teatro es espacioso, aún con el escenario y telares que cuelgan de las paredes. La llamada Sala Polivalente asombra por el juego entre la madera, el hierro y la pizarra. Seguimos caminando en silencio. Nos detenemos ante la torre que marca, quizá, el centro del recinto. Nos muestra un vacío. No conserva la campana. Una campana de cobre de 114 años que fue objeto de un reciente asalto, como también un crucifico de marfil, algunos aperos agrícolas o material de los talleres. Precisamente, accedemos a un corredor exterior en el que a ambos lados se encuentran los talleres: Serralharia, Sala de Electricidad… en ellos aún podemos tocar alguna mesa, algún utensilio y hasta las pizarras con la última clase escrita.

Queda aún mucho por ver, pero tendrá que ser en otra ocasión. Desde la Junta de Freguesía, llegan dos hombres que nos conminan a abandonar el lugar. No tenemos permiso. ¿Y quién lo da? Nadie, no hay permiso para visitar este espectacular espacio. Nos vamos. Abandonamos Vila Fernando con la sensación de un deber cumplido a medias. Leemos sobre Tude Martins de Sousa, el ecónomo del Correccional en 1895. Casado con una descendiente de la Casa Real Francesa. Él fue el fundador del Día del Árbol, un día que aún hoy Portugal celebra cada 21 de marzo. Mucho es lo queda por conocer y por ver. Este viaje no ha concluido.