Iglesia de San Blás

“El pueblo es pequeñino –nos dicen- pero también tiene su historia”. Perteneció a los duques de Frías, pero cuentan que las primeras referencias a Valdecañas de Tajo se encuentran en un cuaderno de montería de Alfonso XI, en el siglo XIV, refiriéndose al Castro de Valdecañas como el Castillo de Boxe por la múltiple presencia de plantas de boj. “Además –apunta nuestro acompañante queriendo mostrarnos claramente la importancia del lugar-, entonces a esta zona la cruzaban al menos tres vías pecuarias utilizadas por la Mesta”.

 

 

Sin duda, esto haría surgir pequeños puntos urbanos o alquerías al paso de los ganados y pastores. El caso es que Valdecañas pudo surgir al cesar los enfrentamientos entre los señores de Almaraz y Monroy, tras el matrimonio de Isabel de Almaraz y Hernán Rodríguez de Monroy. Sea como sea, es hoy un rincón natural al que acuden, sobre todo, los amantes de la pesca y de la observación de aves. A partir de ahí, el disfrute está garantizado.

Cegados por la hermosura natural de la comarca de Campo Arañuelo, la tarde transcurre con la lectura de voces antiguas, en busca de rincones donde la anarquía reine los sentidos. El Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos, del 21 de marzo de 1791 nos cuenta: “Hai una varca en esta villa en el paso del Rio Tajo para ella con el nombre de este pueblo, propia del Excelentisimo Señor Duque de Alba, la que se arrienda al mayor postor y a este le pagan cada uno que transita por ella con caballeria o sin ella doze maravedíes (…) Hai en ella un molino de pan en la garganta nominada de Escuerna Cabras, propio su nombre a la aspereza de su terreno…”.

 

 

“¡Escuerna Cabras!”. No era necesaria la explicación para imaginar el porqué del nombre. Un nombre que, dada la tendencia del viajero a soñar e imaginar, le arrastra hacia él. No sólo descubre que no hay tal aspereza, sino que la Garganta de Descuernacabras, como se conoce hoy, es un lugar para abandonarse a la contemplación de la naturaleza. De hecho, el viajero se encuentra con un Observatorio de la Sociedad Británica de Ornitología. Allí descubrirá la belleza y majestuosidad de águilas, garzas, buitres, azores…

Es el término municipal de Valdecañas de Tajo, un pequeñísimo pueblo situado a la cola del pantano que lleva su mismo nombre y del que se beneficia para el riego. No son más de 125 habitantes, lo que hace del lugar un rincón para el sosiego, un punto para disfrutar del entorno natural más próximo como la garganta o el embalse y de otros destinos como el Parque Nacional de Monfragüe o la comarca de La Vera.

 

 

Paseamos por unas calles luminosas y casi casi dormidas. Son las tres de la tarde y todo invita a cumplir con la siesta. Sin embargo, siempre hay alguien con deseos de guiar al viajero, mostrar los rincones del lugar y con deseos, sobre todo, de conversación. Siempre es buen momento para la conversación pausada. Así nos enteramos de que el 65 por ciento de la población activa se dedica al sector agrario, cultivos herbáceos, olivares, pastizales… Y el ganado, también el ganado, vacuno y ovino, sobre todo.

Llegamos a la Iglesia parroquial de San Blas. Estamos en la Plaza de Extremadura. Nos encontramos con una construcción del siglo XVII, levantada aprovechando los restos de otra iglesia anterior. “Una sola nave, levantada con mampostería y algunos lienzos de ladrillo, con cubierta a dos aguas y teja árabe”. Un solemne edificio para un imponente entorno. Salimos en dirección al embalse de Valdecañas, no sin antes conocer, muy de cerca, la gastronomía de la zona. Sopa de tomate, ensalada de achicoria y caldereta de cordero. Dejamos para otra visita los espárragos, los níscalos, el arroz con cardillos y el arroz con liebre. No perdonamos, sin embargo el arroz con leche y sapillo.

 

Presa de Valdecañas

Y para la digestión el mecer del embalse de Valdecañas nos aguarda. La calma de la pesca, el silencio de los barbos, las carpas, las bogas y los black-bass. Recordamos de nuevo la lectura del Interrogatorio de la Real Audiencia, de 1791 “(…) A medio cuarto de legua de esta villa y mui fragoso para riberos pasa el rio del Tajo, en el hai mucha pesca de enguilas, carpas, albures y peces, la que no tiene dueño particular (…)”. Y en esa contemplación nos sentimos parte del dueño común de la naturaleza.

 

Piscina natural

Cómo llegar: Viniendo de Madrid por la N-V, tomar la salida 197 hacia Almaraz/Valdecañas

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografía: Álvaro Fernández Prieto

Con la colaboración de la Central Nuclear de Almaraz