Es Saucedilla un rincón en el que la naturaleza se sabe bella y se contempla constantemente en los titilantes espejos que tienden las aguas del Tajo y del Tiétar. Abrazada por sus cauces, en el triángulo que forman el río y su afluente, se levanta silenciosa, apacible y serena esta villa, Señorío de Saucedilla en 1395, posteriormente Condado “unido al Ducado de Ureña con Grandeza de España”…

 

 

Ningún viajero dejará de sorprenderse con el paisaje que nos ofrece la zona rodeada de la exuberante naturaleza de La Vera, La Jara y los Ibores, mientras allá, nos contempla Sierra de Gredos vestida de blanco. La historia y los restos arqueológicos hallados cuentan que ya en la época neolítica este lugar estaba habitado por celtíberos. Luego, mucho después, en el siglo XIV, se habla de un censo de percheros en la villa, y de una comunidad judía que, en el siglo XV, vivía en Saucedilla debiendo pagar unos impuestos específicos en concepto de servicios a la Corona.

 

 

Hoy nos encontramos con un municipio en el que se aúnan la tranquilidad de la zona rural con el movimiento de una localidad con inquietud y vida, no en vano, su entorno es meta para los amantes de la naturaleza, de la ornitología, de la pesca… Pero antes, nos detenemos ante la hermosa Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVI. Se construyó bajo el mecenazgo del Obispo Gutierre Vargas de Carvajal. Del que fuera consejero del Emperador Carlos V dicen que fue de los más emprendedores que ocuparon la Diócesis placentina, “y sólo tenía 20 años cuando fue nombrado”.

 

 

Ante nosotros, un templo en el que el gótico ha ido dejando paso al Renacimiento. El maestro cantero Sancho de Cabrera logró el equilibrio perfecto en los elementos decorativos. Una planta rectangular de una sola nave sostiene firmes bóvedas de crucería. Nos fijamos en los nervios de estas bóvedas que se asientan en pilares, en lugar de hacerlo en cornisa corrida, “pudo ser la necesidad de reforzar el descanso de los nervios, un error de cálculo, quizá”. Pero no ha sido lo único que ha tenido que ser reforzado, la hermosa portada principal de cuño renacentista tuvo que ser cegada por los daños sufridos durante el terremoto de Lisboa en 1755.

 

Sea como sea, nada impide al Altar Mayor mostrarse con el orgullo de una obra única. Pinturas de la Pasión de Cristo, la imagen de San Juan Bautista o la imagen de la Virgen Dolorosa detienen nuestros pasos durante unos minutos. Un paseo por el caserío, un brevísimo descanso a los pies del Rollo Jurisdiccional del siglo XVII y decidimos sentarnos a la mesa antes de un recorrido ornitológico por el embalse de Arrocampo que ya nos espera. “Vamos a comer el plato del Miércoles de Ceniza: unas migas con torreznos y pimientos fritos. Luego a la noche ese día se asan unas sardinas”.

Nosotros en este caso optamos por una caldereta de cordero y unas floretas que endulzan nuestros pasos hacia el embalse. El espejo del agua conversa, estamos seguros, con las montañas nevadas de Gredos.

 

 

Extremadura se ha convertido en los últimos años en lugar de destino para el llamado Turismo ornitológico o Birdwatching, y el embalse de Arrocampo es uno de los puntos a elegir. Se encuentra al oeste de Campo Arañuelo y muy próximo al Parque Nacional de Monfragüe. Nos encontramos ante 687 hectáreas de embalse y paseamos por unas orillas que se encuentran protegidas por la Red Natura 2000, Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA). El Parque Ornitológico de Saucedilla, su infraestructura, nos permitirá observar a lo largo del año garzas, aguiluchos, elanios, nutrias… Son cinco observatorios que nos acercan a la belleza de muy distintas especies que ya sea en verano o en invierno vuelan mostrando la vida de esta comarca.

 

 

Texto: Mari Cruz Vázquez Vázquez

Fotografía: Álvaro Fernández Prieto

Con la colaboración de C.N.A