A Rosa Moreno no se le pregunta la fecha de nacimiento porque al conocerla uno se la imagina siempre joven. Quizá sea esa mirada inquisitiva, directa, inocente y audaz, esa firmeza en sus sueños y ese reconocimiento de sus limitaciones. Quizá todo eso haga de Rosa Moreno no ya una promesa del diseño sino una realidad intrépida que busca ya sus mercados allá donde siempre ha deseado. Nace en Navalmoral de la Mata en una familia de tradición textil. Con su padre descubrirá el oficio. En Madrid, Milán, Florencia y Londres, su sueño irá tomando forma. Tras trabajar durante un tiempo en la empresa de su padre, decide crear su propia marca. “Ahora hago lo que me gusta”. Y vemos a una mujer “que le gusta diferenciarse, acorde a las tendencias, con diseños exclusivos; una mujer contemporánea, vanguardista, amante del arte, del diseño y de la calidad”.

Mis primeros muestrarios me llevaban a una lucha continua con los comerciales. Siempre metía dos o tres prendas algo más diferentes, pero no se me podía ir la cabeza. A los cinco o seis años era cuando las pedían, así que iba dos o tres temporadas adelantada.

Quería crear mi firma y hacer algo distinto, huir de la escala, lo estereotipado y lo clásico. Quería investiga. Ahora, estoy entre la alta costura y el prêt-à-porter.

Los tejidos son mi primera fuente de inspiración. Ahí empiezan a surgir las ideas, luego paseando por la calle, la gente te inspira mucho, en el metro, en los escaparates… Pero también un libro, un museo, el cine, la música… ¡tantas cosas!

Ahora hay que rizar el rizo. Es muy difícil sacar algo nuevo como en los Sesenta. En esos años se revolucionó con la minifalda, con la pata de elefante… Las décadas de mil novecientos han marcado todos los cambios que puede haber. Ahora, lo que nos queda es reconvertir eso, dar la vuelta, sacar cosas nuevas de lo ya creado.

A veces te preguntan ¿qué se lleva?... y es que se lleva todo, desde un pantalón pesquero, a un pitillo, a la pata de elefante, falda larga, falda corta… hoy se puede llevar todo.

Estoy conociendo socioculturalmente Rusia para poder entrar allí, porque un tejido muy bueno para nosotros, como es el tafetán de seda, allí dicen que les recuerda a la época en la que todo se fabricaba en Turquía; unos colores que nos parecen ideales, allí les recuerda a la época soviética; la lana que aquí nos abriga, allí les deja al descubierto, y tengo que añadir un forro acolchado, un cuello que se suba y proteja cuello y orejas…

Soy más europea que de la España cañí. Me dicen que mi moda no se define como española, que es más europea. Quizá por la formación que he tenido en viarios sitios de Europa. Y es que algunas colecciones españolas son tan de volantes…

Claro que he comprado en mercadillo, sobre todo cuando vivía en Italia. Debajo de mi casa de Milán instalaban un mercadillo que ocupaba tres o cuatro bloques. Me asomaba a la ventana y donde había más gente sabía que es que había ofertas. Me llegué a comprar un abrigo por 2.000 liras, 200 pesetas de las de entonces. Cuando lo vio mi padre me dijo ¿De verdad que te has puesto esto?.

Nunca desistiremos de crear una marca de Moda Extremadura. Queremos llevarlo a cabo pero es muy difícil y costoso. Ahora, lo que hacemos en Moda Extremadura es estar en contacto todos los que nos dedicamos a esto y apoyar, sobre todo, en estos momentos, a las cooperativas y talleres que son las que atraviesan los momentos más difíciles.

Me gusta el estilo de la periodista Raquel Sánchez Silva, creo que iría muy bien con el tipo de colección que yo hago. Entre los hombres, veo muy elegante a Pedro Jesús Vargas, director de Fuentecapala. Va siempre muy elegante aunque vaya en vaqueros.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto