En los pueblos, en las villas ribereñas del Tajo que nos une, en Perais, en Cedillo, en Malpica, en Herrera de Alcántara… es fácil escuchar viejas historias, casi fantasiosas, referidas a antiguos caminos de sirga. Eran los tiempos de Juan Bautista Antonelli, de Juan Villanueva o el más reciente Agustín Marco-Artu, todos ellos con la visionaria idea de abrir una vía fluvial entre la capital del reino y el Atlántico a través de las aguas del río Tajo. Juan Bautista Antonelli navegó por sus aguas en la segunda mitad del siglo XVI. Juan Villanueva fracasó en su intento en el meandro de Toledo y Agustín Marco- Artu completó la travesía entre Aranjuez y Lisboa haciendo también el camino de vuelta ayudado por remos y sirvas.

Ya no son visibles los viejos caminos de sirga que ayudaron en su travesía pero sí se pueden aún escuchar las fantásticas historias del descenso aguas abajo de los comisionados del Rey. En el embarcadero fluvial, en la desembocadura del Sever, nos espera Joao de Almeida, un pescador de Malpica do Tejo que echa sus redes buscando carpas, bogas o barbos que después venderá en el mercado de Castelo Branco. “Yo siempre pesco del lado portugués, pero hoy no es día de pesca, hoy es un día para acompañar a los amigos españoles”. Al viajero le acompañan Simón “el erudito” y Roberto “el navegante”. En Cedillo los nombres siempre se acompañan de algún apodo.

 

 

Iniciamos la travesía aguas arriba ayudados por el pequeño motor de la embarcación del señor Joao. Frente a nosotros un paisaje de una belleza enorme y desconocida, un paisaje que en muchos tramos se nos presenta vertical, en riscos y cantiles, mientras que en otros momentos se perciben los enormes arenales fruto de viejas avenidas, mientras que sobre el agua se reflejan los madroños en su madurez de invierno.

“El navegante” nos apunta los cantiles donde al llegar la primavera nidificará de nuevo la cigüeña negra. “En ése de ahí -nos señala- anidan dos parejas y más arriba, sobre el mismo cantil, son visibles las buitreras donde tienen sus nidos los buitres leonados que vemos sobrevolar las aguas”. El señor Joao nos dice que aún se pueden encontrar cangrejos autóctonos, galápagos y nutrias pero que ya no quedan anguilas, que con las presas dejaron de hacer su camino para el desove.

 

 

A nuestro paso, y descendiendo por los quebrados riberos, la espesura de una vegetación mediterránea en su plenitud, alcornoques, durillos, quejigos y madro- ños forman parte de este paisaje vegetal que se asoma al río. Simón “el erudito” nos señala cómo en el fondo de los arro- yos que descienden al cauce del Tajo son visibles los acebuches, el espino negro, el jazmín y el lentisco, pero que también entre la flora se aprecian ejemplares como el enebro, el iris lusitánica o el narcisus fernandesii. “ÉEsta es -nos dice- una tierra virgen, desconocida, a donde nadie llega y esto ha hecho que podamos disfrutarla en su plenitud”.

 

 

El Tajo Internacional

Se extiende desde la Presa de Cedillo hasta el Puente de Alcántara afectando a once municipios extremeños (Alcántara, Brozas, Carbajo, Cedillo, Herrera de Alcántara, Membrío, Salorino, Herreruela, Santiago de Alcántara, Valencia de Alcántara y Zarza la Mayor) y a nueve municipios portugueses pertenecientes al Alentejo y la Beira Baixa.

Puente romano de Alcántara

Se trata de un proyecto transfronterizo considerado estratégico por parte de ambos países, y acude para su desarrollo al programa de cooperación transfronteriza España-Portugal 2007-2013. Con la aprobación del proyecto lo que ahora son dos parques naturales, por lo tanto, con dos gestiones diferenciadas, pasaría a una única gestión, la cual redundaría en una mejor defensa del patrimonio natural en el que destacan las más de 300 parejas de grandes rapaces que anidan en el parque. A esto se suma el valor patrimonial y cultural de la zona, como es el Puente Romano de Alcántara, los castros de la Edad del Hierro o los dólmenes.

 

Texto: César Serrano
Fotografía: Álvaro Fernández Prieto