A Miguel Murillo le gusta la ópera y el fútbol, y tiene un vicio oculto e inconfesable: catador de tocinillo de cielo. Se precia de haber venido al mundo en la misma cama de la habitación donde durmió don Jacinto Benavente a su paso por Badajoz. ¿Puede haber mayor predestinación? De vocación viajera, hay tres frases que han marcado su vida hasta la fecha, a saber: “El sol nace, el sol se pone”, de su amigo, artista y escritor Carlos Lencero. “Todavía está todo todavía”, del poeta Manuel Pacheco. “Tiene que llover a cántaros”, del cantautor Pablo Guerrero. ¿Alguien da más?

 

La mirada de Miguel Murillo mira, y mientras mira, muere y mata. Dice este dramaturgo (Badajoz, 1953) que su facilidad por trascender la realidad es genética. O sea que al igual que sus ojos son azules, su nariz aguileña y sus párpados camaleónicos, al igual él es capaz de crear acciones y componer personajes. Siempre partiendo de la dura y quizá tediosa, ¿o tendenciosa?, realidad. “Sí, la realidad, para mí, es un vehículo” destaca mientras su mirada penetrante, conjuntamente con su labio superior interrogativo y su barbilla juvenil, dibuja un rictus de escepticismo positivo o de convicción negativa.

“Yo me invento el mundo que creo que estoy viendo”. Porque el director del Teatro López de Ayala de Badajoz (ejerce como tal desde hace 14 años, “que ya son unos cuantos, me parece”, dice con su habitual socarronería y sus geniales apostillas) es, ante todo, un ente curioso y acuciante y, en especial, un ente comprometido con su tiempo y con su espacio.

Si algo caracteriza al dramaturgo extremeño de mirada locuaz, prescindiendo de su obra, claro está, es su ingente capacidad de trabajo, que unida a un ingenio trabajado hasta los límites más insospechados del conocimiento da como resultado lo anteriormente prescindido. Eso es su obra. Una obra, un trabajo, tan interesante como espectacular. Porque de espectáculo se trata. Miguel Murillo, que tiene en su haber textos teatrales tan celebrados como ‘Las maestras’ o ‘Armengol’, por sólo citar un par de ejemplos.

¿No es ‘curioso y acuciante’, pues, que, en un aparte de la conversación (porque las charlas con Miguel Murillo están repletas de ‘apartes’) diga que “la vida es provisional”? para después añadir que “el hecho de que las hipotecas sean tan largas nos hace pensar que vamos a vivir siempre… Si hasta las crisis son provisionales”.

Texto: Joan-Ignasi Ortuño
Fotografía: Carlos Criado