Miguel de Tena vive en Ruecas, un pueblo de apenas 830 habitantes, a unos siete kilómetros de Don Benito, donde ha vivido durante cinco años. Lleva pisando los escenarios y los tablaos desde los 7 años. Fue entonces cuando consiguió su primer premio, en un concurso de cante organizado en Ruecas, para los vecinos. Y a partir de ahí su poderosa garganta no ha parado de cosechar premios. Tiene el honor de poner llevar impreso en su currículum el ser el primer extremeño que ostenta el título del más grande cantaor de flamenco de todo el país en 2006. Así lo demuestra la estatuilla de más de 4 Kilos que luce ahora en su sala de ensayos, la Lámpara Minera.

Su palmarés se completa con premios como el Melón de Oro en el primer premio nacional de Lo Ferro (Murcia), el Premio Mancomunidad de la Serena, el Sol de Oro en Lorca, el “Ciudad de la Música” en Villafranca de los Barros, el Premio Jóvenes Flamencos en Calasparra (Murcia) y el Premio Cantes Mineros “Antonio Piñana”. Ha compartido cartel con alguno de los grandes, con primeras figuras del flamenco como José Menese, Carmen Linares, Chocolate, José Mercé o Chano Lobato. También le hemos podido escuchar en la gran pantalla participando en la película “Poniente” de Chus Gutiérrez, cantando martinete y rumba, “cuando me pidieron la rumba me quedé sorprendido porque yo nunca lo había hecho, pero me animaron, lo estudié y lo hice”.

• ¿De dónde te viene esa vena artística y flamenca?

Todo me viene de familia. Mi padre era cantaor aficionado y otros dos tíos de él, hermanos de mi abuela, también cantaban flamenco. Y luego está mi hermana que también es cantante. Y la saga sigue, porque a mi hijo también le gusta ya cantar y se le ve con ganas e iniciativa.

• ¿Cuál ha sido tu escuela y cuáles tus maestros?

Yo he aprendido todo lo que sé de escuchar a otros cantaores, por ejemplo a Vallejo, a Fosforito o aAntonio Mairena. Yo cogía las cintas que había por mi casa y me las ponía hasta que me aprendía las canciones. Pero escuela yo no he ido a ninguna, ya que por otro lado en Extremadura hay muy pocas; en ese sentido estamos muy limitados y las oportunidades formativas con que se encuentran los que empiezan son insuficientes y se tienen que ir fuera.

• ¿Qué se siente en el momento de alzarte ganador de la Lámpara Minera y siendo el único extremeño que la consigue?

De todo. Como ya he vivido muchos momentos previos y el año anterior estuve rozándolo, se siente de todo. Lo que pasa es que cuando ya llega el momento parece que no te lo crees. Cuando miro el premio siento mucha satisfacción porque detrás hay mucho trabajo y mucho esfuerzo.

• De no haberlo logrado en 2006 ¿hubieses seguido intentándolo?

Cuando empecé las primeras veces pensaba seguir cuantas veces hicieran falta hasta conseguirlo, pero como he estado cuatro años en la final y las dos últimas, sobre todo, lo había merecido, y no me lo dieron, este era el último que me iba a presentar. Así es que menos mal.

• ¿De qué manera cambió tu vida este galardón?

Ha cambiado en que la afición te respeta más, tengo más actuaciones y estoy más solicitado. Pero yo sigo siendo el mismo. Me sigue gustando el pueblo, la tranquilidad de un pueblo como Ruecas, aunque estoy un poco a caballo entre Sevilla y Ruecas, porque mi mujer es de allí. También he notado que la gente me señala, se hace fotos conmigo y me piden autógrafos.

• Tienes un repertorio muy amplio y tocas prácticamente todos los palos del flamenco, destacando en cantes libres como la granaína, el fandango, la petenera, los tangos y los jaleos. ¿Cuál es el palo que más te gusta y el que mejor se te da? Su mujer que está presente durante la entrevista asegura rotundamente que “todos”. Pero Miguel matiza y afirma que “el fandango aunque no está valorado por muchos puristas, de los críticos puros de flamenco”. Hago distintos estilos de fandango sobre todo antiguo como los que cantaba Vallejo.

• Habiendo seguido desde niño a tantos cantaores por alguno tendrás predilección. ¿Cuál es tu favorito?.

Manuel Vallejo es el que más me gusta si me tengo que decantar por uno sólo, pero hay otros muchos a los que también admiro.

• Para cantar flamenco hay que ponerle mucho sentimiento o al menos eso parece porque hay mucha expresión en el rostro y en las manos. ¿Hay que estar de algún ánimo especial para cantar así?

Aunque parezca que muchas veces hay sentimiento de dolor o de pena lo cierto es que mientras más contento y feliz estés es mejor, aunque depende del palo, unos son más alegres que otros. Por ejemplo, las soleas y las seguidillas son más tristes que otros cantes. Pero lo que tienes que hacer es buscar la personalidad en la voz.

• Ahora que eres un auténtico profesional del cante flamenco ¿Qué te queda por aprender?

¡Que va!, de profesional nada, yo siempre he sido y seré un aficionado, porque siempre estaré aprendiendo por muchos años que esté en el flamenco. Seguiré escuchando a los grandes y aprendiendo de ellos, que son los que saben.

• ¿Qué opinas de la polémica surgida sobre el reclamo que está haciendo Andalucía para que el flamenco sea considerado genuinamente andaluz?

Ese es un debate muy complicado, pero una cosa es verdad, y es que la mayoría de los cantaores los ha dado Andalucía. Extremadura ha dado algunos pero no muchos, que hayan sido
primeras figuras. Por eso yo reclamo que debería haber más escuelas de flamenco en la región. Los andaluces como tienen más escuelas lo han tenido más fácil y más oportunidades.

• ¿Qué es para ti el flamenco?

Es oro de 24 quilates. Es poesía cantada, que igual se expresan penas que alegrías, dependiendo del cante y de la poesía.

Texto: Patricia Hernández

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

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