Son 79 años, aunque si nos guiamos por su DNI le queda mucho por vivir y contar porque caduca en el año 9999. Miguel de la Quadra nos lo enseña divertido pero sabiendo que aún le queda mucho por hacer. Quizá su viaje iniciático no tenga fin. Nació en Madrid, estudió para Perito Agrícola, destacó en lanzamiento de jabalina y de disco, fue periodista y reportero de TVE y testigo de la Guerra del Congo, de la del Vietnam, del Golpe de Estado de Pinochet… pero sobre todo ha sido y es un amante del viaje, de las preguntas, de las respuestas, del conocimiento, de la tierra, del hombre… algo que se traduce desde 1985 en la Ruta Quetzal, que el año pasado celebró 25 años de expediciones entre América y Europa. Así llegaron a Trujillo, tierra de conquistadores… “No, de conquistadores no, tierra de descubridores”, nos corrige firme.

Me sigo sorprendiendo. Son 25 años de Ruta Quetzal y me sigo sorprendiendo con los chicos, porque son chicos nuevos, limpios, huérfanos… porque en este país son huérfanos los que no pueden votar, no sirven ni para el PSOE ni para el PP.

Es un viaje iniciático en una universidad itinerante. Como los discípulos de Sócrates, van descubriendo y haciéndose hombres al viajar, al ver, al pensar, al respetar a otras civilizaciones, y digo respetar, no tolerar. No toleran otras culturas, respetan otras culturas.

Soy un emigrante iberoamericano en España, como el que presumía de indio aquí y de español en América, más o menos.

 

 

Somos de ida y de vuelta. España fue la única de Europa que se mezcló, hizo el mestizaje y esas son las Américas.

Investigar. Esa es la palabra que utilizan muchos de nuestros chicos cuando vuelven a casa, quieren – me dicen- investigar, estudiar e investigar. Y no hay que olvidar que los descubrimientos fueron gracias a estudiantes, porque muchos de ellos, como Hernán Cortés, estudiaban en Salamanca.

El agua, esa agua que sale del grifo es la frontera entre la vida y la muerte. Orellana fue el que más agua descubrió, y al año que viene haremos la ruta del Amazonas.

 

 

Ni móviles, ni MP3… aquí no necesitan nada. Lo importante es que se conozcan, que sepan quiénes son, pero que lo aprendan no a los 30 años, sino ahora.

Puedo dormir dos horas. Escribo dentro de mi cabeza y leo en el soporte que me permita hacer ruido al pasar la página.

Las botas de siete leguas las llevo mirando hacia atrás. Nunca sé si voy o si vengo.

De pequeño era huérfano, como Telémaco, que creía que era huérfano, y que tiraba el disco en las Olimpiadas. Y yo aprendí francés con Cenelón, que escribiría Las Aventuras de Telémaco, y Telémaco tenía un profesor que se llamaba mentor, por eso a mis monitores les llamamos Mentores, son Mentores, no profesores.

 

 

El deporte y el atletismo antes formaban, ahora deforman. Que alguien me explique cómo los chicos tienen de faro a un deportista que va a ganar 100 millones de pesetas por haber ganado… Dinero, ese becerro de oro… ¡Qué mentalidad, qué mundo capitalista éste donde se destroza a los chicos!

El deporte hoy es corrupto. Hay que volver a esa espiritualidad, a esa olimpiada pura del Barón de Coubertín.

Queremos llegar al sexto aniversario del descubrimiento de América… Nuestra Fundación se llama 2092… Eso sí, no sé a quién le tocará ir a ese viaje… Aunque teniendo en cuenta la fecha de caducidad de mi DNI: 9999, podría celebrar hasta el 85 Centenario del Descubrimiento de América.

Entrevista: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Ester García