En la casa-taller en las inmediaciones del Parque Natural de Cornalvo, en la provincia de Badajoz, te reciben trofeos de caza que parecen engullirte, cuadros que te acogen y música que te arrulla. Y aparece un caballero de porte aristocrático y pañuelo estilo hippie al cuello.

Hace años fue torero. “Cuando estás cerca del toro es tal embrujo que lo que quieres es tenerlo al lado”. Sigue amando los toros, y los montes, y los ríos y las cosas sencillas. Un buen cuadro, pongamos un Velázquez; una buena escultura, pongamos de Miguel Ángel; una excelente copa de vino, de las bodegas de Jerez, de su familia; un bocadillo de tortilla en la cumbre de una montaña; una jornada de caza entre buena gente y concluir la sesión con una parrillada; una tarde de lectura de un buen libro de aventuras…

 

 

Lo cuenta este pintor y escultor extremeño, “nací en Coria”, de padres castellanos, apasionado de Extremadura, “no sabemos lo que tenemos”, de ojos vivaces impregnados del brillo de la curiosidad, piel curtida (diríase recién llegado de Baqueira) y curtido él en mil batallas. Lo cuenta con su gato Mozart merodeando a nuestros pies.

A los seis años cogió el pincel por primera vez Miguel Ángel Bedate García de Leaniz. Lo recuerda. Fue camino de Cáceres, durante un viaje en autobús, junto a su madre. Pide papel y lápiz y dibuja, imagina, sueña… y da forma y color a ese sueño… y se fue forjando el pintor. Una pincelada más en un hombre enamorado también de la caza y de la fotografía y de los viajes y de la lectura…  Pintor de lo cotidiano, de escenas sencillas que esconden la grandeza del campo, de la siega, de labradores laborando… Y es también un hombre de mundo, un tipo viajado; Asia, África, América, por todos los continentes ha dejado su huella, y en todos su curiosidad y sus inquietudes han encontrado algún regalo… safaris, museos, palacios, cataratas, bosques… y siempre la sensación de reconocimiento de “lo que nos da la vida”, lo grandioso que nos rodea y que “hemos de tratar con respeto”, y al respeto le añade él devoción. “Hay que conservar lo que tenemos, admirarlo, cuidarlo”.

 

 

Bedate, como tantos amantes de la caza y de la naturaleza, es también un gran conservacionista. Con un cuadro suyo de un elefante de la sabana africana como escenario, recordamos a Delibes, “un  buen cazador” y un gran naturalista. Paisajes, desnudos, animales…

Son ya más de cincuenta años en el mundo del dibujo, del óleo, de la pintura; mundo lleno de otros mundos, de paisajes, de ganado, de aves, de cazadores, de mujeres y hombres, de niños, de desnudos, de retratos, de bodegones, de cultivos, de fuego, de ancianos tendidos al sol o al amor de la lumbre o a la partida de cartas… y la estela de los viajes, Italia, Zimbabue, Estados Unidos, Tailandia o Grecia.…

Sus cuadros también han viajado por medio mundo: exposiciones en Extremadura, Castilla La Mancha, Castilla-León,Ibiza, Andalucía, Madrid, Portugal,Estados Unidos… Y con sus lienzos viaja él, sus sentimientos y su interior volcado en ellos. Si no fuera así, no sería pintor. Si no hay nada que expresar, si no hay sentimientos y si no hay técnica para modelarlo no hay nada.

 

 

Contempla extasiado Las Meninas o La Gioconda. Velázquez y Da Vinci, dos de sus mitos. El Prado y el Louvre, sus dos museos de bolsillo. “El Prado contiene mejor pintura. El Louvre está mejor organizado, es más museo. Más oculto, más misterioso. Se goza más de la soledad que se necesita para captar a los artistas. Lo que sientes es una sensación muy especial”.

A Miguel Ángel la relación con su tierra le agrada y le duele. “Si no nos queremos nosotros no nos va a querer nadie”. Ama Extremadura. Y en sus cuadros trata de plasmar lo bueno de Extremadura, “que es mucho”. Pero lo mismo la adula que la fustiga. No gasta piedad. “Tenemos que trabajar porque si no llegan otros y nos adelantan”.

Termina la sesión fotográfica con nuestro compañero Álvaro. Nos enseña fotos de su niñez y juventud. De pequeño tenía ya esa apariencia distinguida mezclada, eso sí, con ciertos aires de desapego. Y de muy pequeño, también, le nació la vena de artista; el genio que quizás le inculcaron su padre y su tío. El primero fue barítono del Palacio de la Zarzuela y el segundo copista en el Museo del Prado. “Un artista se hace, pero hay que nacer con una vena artística. Tiene que haber una predisposición especial, una sensibilidad para las artes”. Las artes, el arte hoy “se está desvirtuando”, reitera con rotundidad alzando los brazos. “Los tiempos vienen negativos para el arte. Se está desvirtuando como ciencia. Se está cambiando lo que es arte, se está aceptando todo sólo por la originalidad. Y el arte es una cosa muy seria”.

 

¿Por qué pinta? “Necesito hacerlo para estar vivo. No por vivir de ello ni para hacerme rico”. Pinta por necesidad, por placer y, actualmente, la mayoría de sus obras van a parar a manos de coleccionistas. “Yo vivo del arte porque creo muchísimo en lo que hago. Es importante creer en lo que se hace. Y yo tengo la tranquilidad de saber que lo estoy haciendo está bien. Eso es fundamental”.

Algunas obras le provocan especial emoción, como “Carmín”. O son particularmente entrañables, como “Zagal con gorriones”. Reflejan instante emotivos. “Siento gran pena por haberlas vendido”. O incluso alguna otra con una significación extraordinaria y excepcionalmente bella, al modo de “Triángulo de la vendimia”. Obras todas en la línea en la que se ha desenvuelto siempre, el realismo puro aderezado con el romanticismo Bedate; algo personal repleto de sentimiento y afectividad. Y esa carga de habilidad y de sentimiento para las artes lo han vivido sus hijos. El mayor pinta ya desde pequeño; el segundo desarrolla sus capacidades artísticas en televisión.

Aceptamos la coca-cola que amablemente ofrece. Nuestro pintor aplaca su sed con un té frío. Y llega el momento de la marcha. Ya fuera, el sol nos obliga a pensar que estábamos mejor en el rincón del patio rodeados de cuadros y plantas. Y con Mozart merodeando a nuestros pies.

Texto: Beatriz Tostado

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto