Es la fiesta de los sentidos. De los colores, fuertes, intensos, que te atrapan. Las verduras lucen en agosto con sus mejores galas para provocar en entusiasmo de compradores y vendedores. También de turistas. Y de los olores. Las hortalizas recién cogidas, las sandías a rebosar tienen un perfume de frescura. ¿Y qué decimos del sabor? Imposible descifrar y explicar la sensación de disfrutar de un hermoso tomate, chorreante.

Los sonidos acaparan el resto de la atención. Los tamborileros emocionan con su música, con su perfil, con su talento y predisposición. Ellos se hacen dueños de las calles, de las sombras, de los objetivos de las cámaras y, por supuesto, de los oídos. El baile también tiene su hueco de oro a través del folklore, que destaca por su vistosidad.

Ir a Plasencia un martes es un placer. Ir un Martes Mayor es la lujuría. Nunca un día de la semana tuvo tanta fuerza, empaque y protagonismo.

¿Les apetece un recorrido visual?

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fotografías: Antonio Moreno
Texto: M.A.Fernández