La tradición nos ha rescatado de la Orden del Temple grandes tesoros, conocimientos ocultos y otros misterios. Signos y símbolos tallados en la piedra de las numerosas construcciones diseminadas por nuestra geografía que nos habla de los grandes enigmas del cristianismo. El Arca de la Alianza, el Grial, riquezas traídas de Jerusalén y numerosas reliquias supuestamente pertenecientes a Jesucristo y a cuantos le rodearon. Pero la realidad posiblemente sea otra. Tal vez fueran los mismos caballeros los que alimentaran su propia leyenda para conseguir el poder que llegaron a ostentar. Dos siglos de primacía y un cruento final, en algunos casos.

Cruz templaria

Comenzamos el sintetizado recorrido buscando algunos de estos enigmas en el norte de Cáceres, en las laderas de Gredos y allí, engullida por las edificaciones de la población nuestro primer templo, los oscuros muros de la iglesia fortaleza de Santa María de la Torre, en Jarandilla. Una breve visita en la que escrutamos sus tesoros artísticos para después trasladarnos a Plasencia, recorrer sus amurallados enclaves, sus palacios e iglesias, y continuar el viaje hasta hundirnos en sombreados paisajes de castaños y robles, junto a fuentes y cursos de agua con nombres simbólicos. Estamos en Hervás, y allí una ermita, junto al río, consagrada a los mártires templarios San Gervasio y San Protasio. Deslizamos las manos sobre los fustes de unas columnas templarias ubicadas en una de las calles del pueblo, palpando los relieves, las incisiones, las líneas, buscando alguna clave oculta que nos revele el secreto mejor guardado, la raíz de la sabiduría, de los conocimientos ancestrales.

En 1310 fray Rodrigo Yánez, maestre de los reinos de Castilla y León, fue apresado junto a sus vasallos y acusado por el papa Clemente V de apostasía. El tribunal de la inquisición los juzgó, pero fueron absueltos; aunque meses después la Orden fue disuelta y sus tierras confiscadas.

Entre Coria y Cañaveral, descubrimos el Puente de Alconétar, trasladado en los años sesenta, desde su ubicación originaria, para salvarlo de las aguas del embalse de Alcántara. Aquí los Templarios edificaron una fortaleza aprovechando los muros de un templo romano y de una aldea que sería destruida durante las guerras de reconquista. Sus habitantes poblaron la vecina Garrovillas. En aquella fortaleza, nos cuenta la leyenda, los caballeros protegían, entre otras reliquias, un mantel al que fue invocado por sus custodios se cubría toda clase de presentes. Este mito hubiera pasado desapercibido si tras la extinción de la Orden, no hubiera aparecido otro misteriosos mantel, junto a otros asombrosos objetos , enterrados en el subsuelo de la Catedral Vieja de Coria, mientras se realizaban los trabajos de construcción de la que sería la nueva catedral. Aquellos objetos ocultos en unos cofres pronto fueron declarados sagrados por el Papa y el mantel, autentificado como el Mantel de la Sagrada Cena. Visitamos Coria y su famosa tela sacramentada y si parar en la monumental Cáceres alcanzamos Alburquerque, con uno de los castillos medievales más importantes construidos en España. Seguimos camino a Badajoz, centro neurálgico conventual y militar durante la Edad Media por su situación estratégica.

Y después Olivenza, con sus calles blancas y sus balcones y ventanas enrejadas. Atravesamos la Puerta del Calvario y accedemos a la fortificación, construida sobre la alcazaba conquistada a los árabes. Junto a la fortaleza, una iglesia, Santa María del Castillo, y también cerca la iglesia de la Magdalena, con la imagen de la misteriosa dama, el presunto amor oculto de Jesús. Contemplamos el Árbol de Jessé en Santa María y esperamos descrubrir el misterio que historiadores, divulgadores han expuesto sobre la descendencia de Jesucristo, pero no encontramos nada que nos demuestre tal evidencia.

Fortaleza templaria en Olivenza.

Fortaleza templaria en Olivenza.

Nos acercamos a Alconchel y pronto irrumpe el Castillo de Miraflores, sobre campos de olivos y encinas construido sobre los cimientos árabes, insinuando su antiguo poder. Bordeando las laderas rocosas vamos descubriendo los muros de la fortaleza, reviviendo el misterio de aquel tiempo. Una bandera ondea sobre uno de los torreones, pero no es la cruz octogonal de los templarios, sino la enseña extremeña, junto a una antena de televisión y el reflejo de un acristalado ventanal. Y la muralla reconstruida hace que el misterio se desvanezca, como alguna vez se desvaneció la Orden del Temple y con ellos sus presuntos tesoros. Somos invitados a comer en una casa de Alconchel. Jamón, lomo, espárragos trigueros, criadillas: alimentos que otrora los servidores templarios aliñaban para sus señores.

Castillo de Miraflores en Alconchel

Castillo de Miraflores en Alconchel

La Orden del Temple fue construida bajo el compromiso de rígidas reglas cistercienses. En su condición de monjes, los templarios debían asistir a los maitines y oír la Santa Misa. La norma sólo les concedía derecho a alimentarse con pan y agua, a usar vestiduras humildes, a dormir sobre un sencillo jergón, a vivir en la abstinencia y a trabajar por la Orden. Con el paso del tiempo la Orden comenzará a corromper sus costumbres debido a las riquezas y posesiones que llegaron a acumular, lo que les permitió vivir ostentosamente sin respetar ninguna regla, luchando contra todo lo que se opusiera. Trajes impolutos para la vida cotidiana y vestimentas también impecables para la guerra, que complementaban con un casco de hierro, yelmo, espada de doble filo, una lanza de madera y un escudo; y tres cuchillos, para comer, para los trabajos domésticos y para la lucha.

Después de la refacción buscamos otros enclaves: el Castillo de Burguillos, la fortaleza de Fregenal, Villanueva del Fresno…., y llegamos a otro pequeño pueblo con referencias templarias. No hay nadie en las calles. Nos acercamos a la iglesia y descubro a un fatigoso anciano subiendo por una empedrada calle. Le pregunto por las ruinas templarias. “¿Ruinas…? Aquí lo único que hay son cuestas”, responde.

Entrada al castillo de Olivenza

Entrada al castillo de Olivenza

Terminamos nuestro viaje en Jerez de los Caballeros, una de las posesiones más importantes del Temple en Extremadura. Atravesamos la Puerta de Burgos, por donde los antiguos caballeros accedían al castillo tras proteger las posesiones cristinas. Muros medievales, escalonadas calles, empinados senderos que nos llevan a las fortalezas. Pasillos oscuros, torreones infernales donde la tradición sitúa el ajusticiamiento de los últimos caballeros del Temple.

Tras la pérdida de Jerusalén y los lugares santos, los objetivos de la Orden quedan suprimidos y sus caballeros disueltos por el Papa Clemente V. Algunos corpúsculos templarios se integraron en otras órdenes religiosas como la de los Hospitalarios que se harán cargo de sus posesiones. Los templarios de Jerez, según cuenta la tradición, rechazan la disposición papal y el ejército del Rey de Castilla sitia la ciudad. Los caballeros acorralados se refugian en la fortaleza, donde serán apresados, llevados a la Torre del Homenaje, degollados y arrojados al vacío. Desde entonces aquella construcción sería denominada la Torre Sangrienta. Allí ondea la bandera templaria recuerdo de aquel desenlace terrible.

La Orden quedó extinguida el 13 de marzo de 1312. Observamos la bandera flameando en la torre, la cruz roja, orgullo de la cristiandad.

Texto: Roberto Machuca

Fotos: Álvaro Fernández Prieto