Antonio Pavo en su Fiat 600 de 1960

A unos pocos kilómetros de Villanueva de la Serena se encuentra la mayor colección de coches de todos los tiempos de nuestra región, si no de todo el país. Se trata de unos 120 coches que funcionan a la perfección y pertenecen a Antonio Pavo Tamayo, un apasionado del motor y las cuatro ruedas, natural de Valle de la Serena., en Badajoz.

Desde siempre le han gustado los coches. La afición le viene desde que era bien pequeño cuando viajaba con su padre que era viajante y podía comprobar todos los modelos que había en los diferentes lugares que recorría. Con 12 años, recuerda que solía ir a una fábrica antigua donde tenían cuatro coches viejos y se pasaba el día subido sobre ellos. Cuenta ahora con 65 años, y acaba de jubilarse. Sin embargo la adquisición de coches comenzó hace ya unos 35 años y pretende continuar con ella hasta conseguir una colección a su gusto. El primer coche que adquirió fue un Ford A de 1932.

 

Ford A de 1932

Cuando se le pregunta por la suma de dinero invertido en ellos, resopla y asegura que prefiere no echar cuentas, porque “lo cierto es que es una afición bastante  cara”. El coche más costoso que posee es un Cadillac del año 1954 valorado en 10 millones de pesetas. Él reconoce que en una ocasión llegó a pagar 20 millones por un lote de tres coches en Argentina: un Cadillac, un Fiat y un Plymout de la década de los años 20. En las grandes naves donde duermen estos automóviles, encontramos desde un Buick de 1955, un Ford T de 1915, varios coches y camiones militares americanos de la II Guerra Mundial, algún 600 y un De Soto Custom Semiautomático de 1947. Precisamente a este último le tiene un especial cariño por lo anecdótico y difícil de conseguirlo. “Pertenecía a una señora de Zalamea de la Serena a la que costó convencer para que lo vendiera. Sin embargo cuando se decidió el vehículo estaba en la parte trasera de una casa propiedad de esta señora que la acababa de vender. Por desavenencias posteriores con el nuevo propietario, éste se negó a dejar que abriéramos la puerta de su propiedad para sacarlo. Lo intentamos con una grúa por encima de la pared pero era imposible. Así es que tuvimos que derribar un muro de la cochera, sacar el coche y volver a levantar esa misma pared. Además tuvimos que pagarle al dueño una gran suma de dinero para que nos dejara sacarlo de allí. Cuando lo tuve en mi poder no me lo podía creer.” 

 

De Soto Custom de 1947

Como él mismo asegura, a los aficionados a estos coches les gustan todos los modelos, miran con el mismo cariño e ilusión a un 600 que a un Rolls. “No sé si llamarlo afición, vicio o qué, pero me gusta muchísimo coleccionar coches antiguos, y cuantos más viejos mejor. Son como el buen vino”. 

Muchos de los coches que llegan a las manos de Antonio Pavo, se encuentran en muy mal estado, por lo que todos pasan por las manos de un mecánico en su taller propio. En una nave anexa a donde se encuentran los coches cuenta con un auténtico taller, donde los autos quedan en perfecto estado de motor, chapa, pintura o tapicería. Eso sí, siempre que se pueda prefiere que todo sea original, o al menos intentar que quede como tal, “sólo que muchas veces en algunos me he tenido que gastar más dinero en arreglarlos que en comprarlos, pero no me importa porque son mi ilusión y además estos coches cada vez se cotizan más”.

 

Cadillac 1954

Antonio reconoce que su lugar actual de reposo no es el más adecuado para auténticas joyas de la historia de la automoción, por eso su intención es crear un museo para que todo el que lo desee pueda disfrutarlos. Seguramente sea en terrenos de su propiedad en la ciudad de Don Benito, aunque de momento lo costoso del proyecto hace que los coches sigan cubiertos por grandes telas y en la oscuridad de enormes naves. De momento podemos conformarnos con algún ejemplo de estos tesoros en el Museo Etnográfico de Don Benito cedidos, un Ford T y un Ford A, aunque los van cambiando periódicamente. “Lo ideal sería sacar los coches cada ciertos meses para que sigan funcionando correctamente. Con la mayoría he hecho viajes ya que están completamente en regla para circular, y en más de una ocasión los hemos paseado por la región a modo de desfile”.

Esta colección privada de coches antiguos le permite a uno remontarse en el tiempo e imaginar a otras gentes, con otras vestimentas y estilos de vida. Muchos se entretienen imaginando quién podría haber conducido u ocupado estos vehículos, puestos que la mayoría tan sólo habremos tenido la oportunidad de haberlos visto a través de la tele o el cine, ocupados por personajes históricos, célebres o protagonistas de la gran pantalla. Sin embargo, en este sentido hay mucho mito, según Antonio Pavo, ya que algunos los intentan vender con alguna historia sobre la pertenencia al Caudillo,  a algún rey, a Hitler o incluso a algún actor famoso, “pero que yo tenga constancia, ninguno de los míos ha pertenecido a nadie conocido”.

 

Cadillac 1959

Todos estos coches han sido adquiridos a través de revistas especializadas que muestran los coches en venta y ponen en contacto a vendedores, mediante ferias internacionales o Internet, pero sobre todo mediante el boca a boca. “Lo más rentable es adquirir varios coches a la vez, comprarlos en lote para que salgan más económicos, sobre todo por el transporte. Algunas veces se compran de una vez hasta 12 ó 14 coches juntos. Suelen pertenecer a otros coleccionistas que fallecen y los familiares no desean continuar con la colección”. 

Por el momento este loco por los coches de antaño sólo compra. Nunca se ha planteado la posibilidad de vender alguno de sus modelos, ya que todavía quiere seguir ampliando la colección. “En todo caso estaría dispuesto a intercambiar alguno de los modelos más recientes por conseguir otro más antiguo”. Aunque como se trata de una afición que requiere mucho espacio, quizá pronto tenga que empezar a seleccionar sus compras, “a veces es mejor tener menos cantidad pero de más categoría”. Además de la antigüedad de los vehículos otra de las curiosidades de la colección son algunos ejemplos de coches fúnebre antiguos, un taxi inglés de la marca Austin o tractores agrícolas de la primera generación.

 

Buick Roadmaster 1954

Pero el coleccionismo de Antonio Pavo va más allá de los coches, cuenta con una decena de motos igualmente valiosas por su antigüedad, como una Torrot de 1930 o una Montesa Brio del 1956. Al margen de los medios de transporte, colecciona aparatos de radio  que siguen funcionando. Tiene unas 40, siendo las más antiguas de los años 30. Igualmente es aficionado a las armas de fuego, tales como fusiles y rifles, que conserva en una vitrina junto a las llaves de sus coches. Todo un apasionado de la colección y lo antiguo.

 

Montesa 1927

Texto: Soledad Gómez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

Agradecimientos: Antonio Pavo Tamayo por su amabilidad y diligencia