Bajita, menuda, sonriente… de mirada franca y plácida. Su voz… su voz tiene un ligero toque nasal, quizá porque los aromas son parte de su lenguaje y forma de expresión. A través de ellos se interrelaciona con este mundo y ha llegado a ser la primera mujer presidente de la Asociación Extremeña de Enólogos, creada en 1965. Esta profesora de Enología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Extremadura tiene una primera lección para sus alumnos: ir sin complejos. Así hay que acercarse a un vino, a un cava, a un pitarra… así hay que acercarse a descubrir el mundo y el placer que en él hay. Así es Julia.

La proteasa de la uva Macabeo tuvo la culpa. Fue el tema de tesina de licenciatura. Terminé Biología y pensaba hacer la tesina por Bioquímica Animal, pero por la ausencia del profesor me redirigieron a Bioquímica vegetal, al profesor José Luís Mesías Iglesia (ya ha muerto). A partir de ahí, me enganché. El profesor Mesías y la proteasa me engancharon. Me formé como bióloga y me deformé como enóloga.

Antes nos llamaban bodegueros, no enólogos. El bodeguero era el personaje olvidado de las bodegas, cualquiera podía ser enólogo. Afortunadamente ha cambiado el panorama; ahora ya luchamos por posicionarnos y ocupar el espacio que nos corresponde.

• De pequeña yo ya pedía “fo con sa” que en mi idioma significaba vino con casera. Tenía celos de mi hermano y cuando mi madre le estaba dando de amamantar, mi padre me sacaba y me llevaba a la taberna. Entonces pedía fo con sa…. El vino ha sido un elemento cultural y cotidiano en mi casa.

• La mujer no es que tenga más sensibilidad para las catas, sino que hasta hace poco la mujer era la que estaba más familiarizada con los olores y los aromas; era la que cocinaba, tenía de primera mano el olor del guiso, de las especias, de las materias primas.

• Además de cocinar, la mujer era la que limpiaba y estaba familiarizada con los olores de los productos de limpieza. La mujer se maquilla y conoce los aromas de los productos cosméticos… No. No creo que la mujer tenga un sentido especial, sólo tiene más recuerdos.

• Cuantos más recuerdos tengamos, mejores catadores seremos. Lo primero que me compré fue una caja de aromas. La principio sólo me puede comprar al caja de 24 aromas, pero todos los días intentaba memorizar al menos un aroma.

• Aconsejo un quiosco de golosinas. Es el mejor entrenamiento porque hay una gama amplísima de aromas, aunque sean artificiales. Es bueno meterlas en una bolsa opaca, no verlas e intentar localizar o reconocer los olores: … a plátano… a fresa… a melón…

Nosotros somos los culpables de no solicitar en cualquier mesa o restaurante un vino extremeño. El vino extremeño ya puede ser valorado, reconocido y demandado. Ya se hacen cosas buenas y competitivas.

• Me comprometo a ir a un lineal de un supermercado a adquirir vinos extremeños a precios más que competitivos y razonables. Que algún vino tenga un precio que sobrepase a la calidad no significa que sean todos.

• Cava también, pero hagámoslo bien. Sin duda, el cava es un elemento importante de cara a la potenciación del sector y si elaboramos un cava de calidad y lo sacamos al mercado con toda seguridad tira del vino. Serán compañeros inseparables.

• El pitarra ¿por qué no?. Ojalá pudiéramos seguir haciendo pitarra, pero un buen pitarra, porque también tiene su mercado. Aprovechémoslo.

Texto: Marí Cruz Vázquez
Fotografía: Álvaro Fernández Prieto