Cáceres

Elegimos las huellas de judíos. De sabbaths. De arcas sagradas abrazando la Torá y presidiendo el templo. De umbrales con luz recordando el Pésaj, la Pascua judía, de panes sin levadura, cordero asado y manojo de hisopo. El éxodo que ha caracterizado al pueblo judío y que lo trajo a Extremadura huyendo de Andalucía y Portugal…

“Partieron los hijos de Israel (…) y grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado”, salieron de “la opresión con que los oprimían” hacia “una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel”. Éxodo

Hervás

Otra huída los hizo después salir de tierras extremeñas huyendo a Centroeuropa y al Magreb. Sino quizás del judío errante como lo bautizaron algunos cristianos; huyendo siempre (¿castigado a huir?). De los que se quedaron, unos se escondieron, otros se convirtieron… Huellas de judíos. Transformadas, enlazadas con huellas árabes y cristianas. Fueron sinagogas y ahora son iglesias. Fueron hogares de hebreos y ahora los ocupan tiendas y casas particulares. Pero se nota el rastro. En esa esquina, en aquella ventana, en un templo… Y aún gozamos de su estela también ante un plato de albóndigas, ante un cocido… El rastro de los semitas, los judíos y sus hermanos árabes, y de quienes hicieron de este territorio que aún no era España un lugar multirreligioso, hebreos y musulmanes. Hasta que tuvieron que emigrar u ocultarse.

De Ambroz a Alcántara

Paseamos siguiendo sus pasos y empapándonos de sus aromas y deleitándonos de caminar y gozar por donde ellos anduvieron y gozaron. Paseamos en Cáceres embelesados, al fondo las murallas nos saludan a modo de acogida. Seguimos la calle de San Antonio y subimos la Cuesta del Marqués hasta encontrarnos con el lugar donde hubo un antiguo Miqwé (baños). Y después bajamos y salimos de Cáceres tomando la ruta de Trujillo. Y en Plasencia nos recrea- mos por las calles Coria, Zapatería y Trujillo. Calles donde también niños, mujeres y hombres hebreos pisaron y comieron y celebraron…

Hervás

Y Hervás, ¡ay, Hervás, el gozo mayor! Todo el pueblo es como transportarse al pasado, vagando por sus calles pintadas de casas de madera de castaño vestidas de adobe. Y la compañía de las aguas del Ambroz. Hervás, colmada de enclaves hebreos y con un halo hermoso, atrayente y pintoresco danzando por sus calles como una brisa favorable que te llevara de la mano.

La marcha nos lleva a Valencia de Alcántara. Nos arrastra la belleza del Barrio Judío, que conserva algún vestigio del núcleo urbano primitivo, bellas fachadas de cantería adovelada y arcos deprimidos y columnas como soles, y allí recalamos y nos acomodamos en una esquina que nos recuerda lo que fue y lo que es la Extremadura judía. Lo que queda de los pasos que dieron los hebreos y la vida que vivieron en estas tierras.

Sinagoga de Valencia de Alcántara

Y esas calles, ésas que esconden tesoros. Y ese balcón que parece heredero de los de antaño, de los de la Edad Media y el Renacimiento, o piedras de avenidas, callejones o iglesias que rememoran vetustas vías y antiguos templos.

Lengua, Tierra y Kippá

No olvidamos Alburquerque, Badajoz, Mérida, Medellín, Zafra, Azuaga, Fregenal, Burguillos del Cerro, Jerez, Llerena, Segura de León…, que también fueron refugio y hogar de judíos. Y que también nos obsequian con algún regalo llegado de antaño, de los tiempos en que por estas tierras se paseaban hombres con kippá y mujeres con tocados en la cabeza. Tenemos memoria de esos días.

La obra tal vez de los sefardíes que marcharon de la Península; que en Europa Central se encontraron con otros judíos, los askenazis; que en el norte de África compartieron vida con bereberes y árabes musulmanes, y después también con cristianos llegados de lo que sería España. Y que al cabo de los siglos, en su ser un tanto nómada y errabundo, y escapando de quemas y persecuciones, arribarían a Turquía, a las Américas… Y a Israel, su tierra prometida.

Texto: Beatriz Tostado
Fotografías: Álvaro Fernández Prieto