La lluvia golpea con fuerza la luna delantera del coche en el que viaja el periodista camino de Vento, la finca en la que el naturalista Joaquín Araujo pasa buena parte del año y donde hemos concertado el encuentro. No resulta fácil el camino hasta llegar a la antigua majada en la que vive el entrañable planta bosques. La belleza de Los Ibores y de Las Villuercas es abrumadora hasta el desasosiego. El agua en medio del temporal parece haberse apoderado del paisaje. Los ríos Guadarranque y Gualija amenazan con desbordarse y hacer imposible el poder vadearlos. Después, el viejo amigo nos dirá que Vento es un sitio extraordinario por el que transitan aguas que buscan unas, las del Guadarranque, el cauce en calma del Guadiana y aguas, las del Gualija, que descienden entre cortados camino del padre Tajo. Nera la enorme y joven mastina nos da la bienvenida a las puertas de la vieja majada. Muy pronto, los libros, la pasión por la lectura, el fuego en la chimenea alimentada por raíces de brezo y la palabra, la palabra del planta-bosques que fluye a borbotones como fluyen los manantiales de agua que afloran en las laderas del pico Cervales.

Vivir Extremadura: Estamos ante un extremeño que no nació en Extremadura… ¿Cómo fue ese primer encuentro con esta tierra?

Joaquín Araujo: Extremadura fue un flechazo absoluto y total. Hace 37 años. Yo ya era un voraz ornitólogo que daba muchas patadas por España. Con 21 años, un 14 de agosto, conocí Las Villuercas. Todavía no estaba asfaltada ni la carretera de Navalmoral a Guadalupe. Suena muy literario, ya lo sé, pero según iba entrando por la Raña de la Mesilla, la mejor panorámica del Valle del Ibor y del Viejas, fue un flechazo, como quien conoce a la mujer de su vida –con mi mujer me pasó igual, la vi en el bar de Filosofía y Letras y dije: ¡Anda! con ésta me caso- pues con Las Villuercas me pasó igual. He llegado a dar conferencias sobre lo que significa un impulso como aquél, porque entonces dije: ¡Anda! ya sé dónde me van a enterrar.

 

V.E: Y a partir de ahí…

J. A: Fue tal el flechazo que ese mismo día me alquilé una casa en Castañar de Ibor. Era el año 71, todavía no estaba asfaltada ni una sola carretera de Las Villuercas, y claro los precios eran otros. A partir de ahí, empecé a mantener esa casa como un punto de partida, un punto de apoyo para mis investigaciones… Entonces era científico, luego ya decidí ser sólo comunicador, periodista, escritor… En aquella época hacía muchas exploraciones naturalístico-ornitológicas para estudiar determinadas especies, y enseguida afloró la idea de que quería quedarme aquí. Como desde muy jovencito tuve la suerte de poder ganarme modestamente la vida -desde mi colaboración con Rodríguez de la Fuente-, tenía algunos ahorritos. De todos modos estuve años buscando fincas, casi todas inviables, hasta que se me apareció la Virgen, conocí este lugar, y estaba tirado, a 5.000 pesetas la hectárea. Hoy nadie se lo puede creer.

V. E: ¡Por dos millones de pesetas de las de entonces se compró un paraíso!.

J. A: Sí, cuando no tenía dinero ni para comprarme un pisito malo en Madrid. Así que a partir de los 32 años pude contar con una vida bien elegida, y de aquí no me bajo. Es una vida en permanente contacto con la naturaleza y de ella me nutro para todo lo que hago, para mis conferencias, para mis trabajos en televisión, radio, prensa, cine… Todo sale de un contacto muy directo con una naturaleza muy bien conservada, con un paisaje que tiene una profundidad de campo extraordinaria, de la convivencia con animales domésticos, de la práctica permanente de una agricultura ecológica… Y, claro, no se me caen los anillos para cortar la leña, para cavar, para levantar un muro… Y no por ello dejo de leer. Fíjate, en esta Navidad me he leído 20 libros.

 

V. E: Sin duda, un buen lugar desde el que pensar sobre lo que nos mantiene hoy tan ocupados como es la economía sostenible

J. A: Sí, es una de las facetas más importantes de la sociedad actual: el debate sobre cómo hacemos una economía sostenible en el mundo. Pero, ojo, tiene que haber referencias muy concretas de lo que es la naturaleza, de cómo funcionan los sistemas naturales, de cómo funciona el sector primario de la economía… es mi permanente caballo de batalla de cara a Extremadura. El día que Extremadura entienda que es la reserva verdadera de la economía sostenible de toda Europa y que para comenzar un nuevo modelo productivo hay que empezar en sitios donde se puede hacer como es Extremadura, ese día en vez de especulación inmobiliaria o de gasoductos… entenderemos que nosotros tenemos más bazas que nadie.

V. E: Y lo dice alguien que sabe de lo que habla…

J. A: Sí, creo que tengo cierto aval, y no sólo por tener conocimientos teóricos, además hay que tener callos en las manos, leer mucha poesía, sí, pero también saber encender un fuego. Me considero un afortunadísimo privilegiado.

V. E: Estamos hablando de un compromiso… casi casi una militancia

J. A: Militancia… sí, pero doble. Es una doble militancia. Por supuesto, por un lado, organizativa. De hecho yo estoy en 34 organizaciones nacionales y mundiales. Pero esto debe ir acompañado de mi forma de estar en el mundo. No sólo se trata de comunicar sino de que lo que comuniques sea parte de tu vida, que todas tus teorías las hayas interiorizado…

 

V. E: Es decir, cuando se habla del agua antes hay que contemplarla y quererla.

J. A: Cuando hablo del agua lo hago tras docenas y docenas de horas a lo largo de toda mi vida ante manantiales. Es cierto, me tiro horas y horas viendo pasar el agua, a ver qué me dice.

V. E: Y así, supongo, van naciendo sus documentales

J. A: Claro, así luego sale uno de los mejores documentales de la Expo Zaragoza. Pero, sinceramente, todo tiene que ver con alguien que ha limpiado las regaderas, que ha regado durante 32 años con goteo, con riego a manta en la huerta. En definitiva, es necesaria la doble militancia, por un lado la más directa de las vivencias, y por otro la teórica que, por supuesto, no la excluyo. Sólo tienes que mirar sobre esa mesa, ahí encontrará hasta cinco tratados de agricultura ecológica… Pero la gran ventaja de los que estamos aquí es el contacto con la tierra, con esta tierra que es lo que de verdad me ha instruido; en ella es donde más he aprendido y todo gracias al diálogo permanente con la naturaleza.

V. E: ¿En Extremadura, equivocamos el modelo con la refinería?

J. A: Totalmente, desde el punto de vista tecnológico, económico y cultural. Es un triple error. El modelo energético tiene que cambiar digan lo que digan. Oponerse a la agonía del modelo energético con energías fósiles es como decir que quiero estar en la ciudad de Troya cuando ya está el caballo dentro. Usted está destinado a pegársela. Hay que estar antes de la guerra de los troyanos con los griegos, cuando ya está dentro el caballo para qué voy a entrar si me van a joder. Además, Extremadura tiene que ofrecer esa magnífica posibilidad de arbitrar un modelo de desarrollo sostenible porque es el mejor territorio de toda Europa. ¿Qué es eso de apuntarse a la cola del león y no a la cabeza de ratón?. Mejor ser cabeza de algo por muy pequeño que sea.

 

V. E: Es decir, que ahí Extremadura tendría mucho que decir.

J. A: Mucho tendría que decir. Lo de Extremadura y la energía es para escribir un libro de inmoralidad e injusticia. Extremadura produce más energía de la que necesita y tiene que cargar con la Central Nuclear de Almaraz, y desde el punto de vista del aprovechamiento de esa energía no se beneficia prácticamente nada. Pero también ocurre en otros campos, por ejemplo, la mayor parte de beneficios de la caza, que son muchos, son para los propietarios que no viven en Extremadura.

V. E: Sin embargo, Extremadura es una tierra privilegiada si adecuamos el sistema económico a la riqueza que tenemos.

J. A: Sin duda. Pero estamos en un período civilizatorio. Hay que definir la riqueza porque la que está vigente no tiene nada que ver con la riqueza real. De ahí los batacazos que luego nos llevamos. Resulta que la deuda es un activo. Pero en qué cabeza cabe que si debo seis millones esto sea positivo, la deuda siempre resta no suma. Lo que tenemos que tener claro es que lo que importa es que haya suelo, agua, producción de transparencia a través de las arboledas, productividad de la tierra, regeneración y control de sistemas ecológicos, fijadores de carbono… que haya vida, eso es lo importante y nada más.

V. E: Sí que suena contundente

J. A: Sí, soy así de contundente. La pretensión de vivir en contra de la vida tiene que acabar, es inviable, hay que vivir con la vida. Y Extremadura es el sitio con más vida de Europa.

V. E: ¿Y cómo entendemos la agricultura como modelo de desarrollo, como el regadío de las Vegas del Guadiana?

J. A: Bueno, bueno, es cierto que la agricultura de regadío es la que produce más rendimientos, es manifiestamente importante, pero una cosa que la haría más importante, y tenemos recursos suficientes para una transformación generalizada, es que se podría convertir en agricultura ecológica el cien por cien del regadío extremeño. Aquí hay elementos para el abastecimiento de materia orgánica por vía natural y por sistemas de reutilización. Eso lo haría más aceptable desde el punto de vista ambiental y de salud, pero también, como está demostrado con los pequeños mercados de agricultura biológica, en algo con mayor valor añadido. Y no olvidemos un dato como que el 80 por ciento de la agricultura ecológica de España se exporta.

Texto: Lucas Riolobos

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto