Charlamos con el escritor y sacerdote de Alange (Badajoz) sobre  “Alcazaba” , una novela histórica que desmitifica el tópico de la convivencia pacífica entre las tres culturas durante la ocupación musulmana. Los árabes, cristianos y judíos de la Mérida del siglo IX viven en un clima de constante tensión debido a los asfixiantes tributos exigidos por el Emir Abderramán II de Córdoba. Las inevitables revueltas de los emeritenses y el creciente descontento hacia sus dirigentes, de gran similitud con las recientes tensiones de la Primavera Árabe, hacen que la lectura de Alcazaba esté de plena actualidad.

Jesús Sánchez -Adalid es el párroco de Alange, una pequeña localidad con un legado histórico inversamente proporcional a su número de habitantes, apenas unos dos mil. Parte de la acción narrada en Alcazaba se desarrolla en Alange, en las Termas Romanas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y en el Castillo de Muhamad Ibn Marwán, Señor de Alange en la época musulmana e hijo de Ibn Marwán, fundador de Badajoz . Jesús utiliza la historia de nuestra región como un pretexto para desarrollar la trama de su novela número trece, con Extremadura bajo la ocupación islámica como telón de fondo. Si en su novela anterior, Galeón, la historia giraba en torno a la figura del conquistador extremeño y su viaje casi suicida hacia el “Nuevo Mundo”, en Alcazaba nos traslada a la Mérida convulsa y revuelta del siglo IX debido a los abusos de Abderramán II, Emir de Córdoba.

 

Mientras paseamos por la Cima de la Culebra y visitamos el castillo que ilustra la portada de Alcazaba, Jesús se define a sí mismo como “un exponente típico de su generación” y comenta que siempre escribe sus novelas a mano, como si de un monje amanuense se tratase. Responde con sencillez a nuestras preguntas y, cuando se le nombra su querida Alcazaba de Mérida, con rotundidad. Afirma sin titubeos su enorme relevancia como el monumento militar islámico más importante de España y se lamenta de que no sea tan universalmente conocida como los monumentos de la Mérida romana.

¿Cómo describiría su novela Alcazaba para alguien que nunca haya oído hablar de ella? Alcazaba es una novela coral que ofrece un mosaico en el cual el lector se va a encontrar de una manera colorista con las diversas culturas, religiones, etnias y tradiciones que conviven en la España Musulmana. Podríamos definirla de esa manera.

Es una novela muy ágil que se lee tremendamente rápido, imagino que no la habrá escrito al mismo ritmo… No, desde luego que no (risas). El proceso de documentación en una novela de este tipo es un poco más complejo que a lo mejor en una ambientada el siglo XVI. Tienes que recurrir a fuentes antiguas e ir a los arabistas de siempre. La historia de los mozárabes españoles de Simonet es imprescindible. Hay que recurrir a fuentes muy lejanas en el tiempo y eso conlleva un proceso.

No es lo mismo que escribir ciencia ficción, uno no puede inventarse nada ya que hay hechos históricos detrás… Sí pero siempre teniendo claro y presente que una novela histórica nunca debe ser un libro de historia ni parecérsele porque entonces sería historia novelada. La historia tiene que ser sólo el escenario, el marco donde se desarrolla la trama. El lector tiene que tener siempre la sensación de que está leyendo literatura, de que está leyendo una novela…

Fue juez hasta que lo dejó para ordenarse sacerdote. ¿Cómo afectan estos cambios a su vida? Los cambios que se han producido en mi vida dan la sensación de ser muy radicales. Pero se han producido con el tiempo, no de la noche a la mañana. Han sido a lo largo de bastantes años y como parte de una trayectoria vital. Mi historia particular sí que ha influido en mi forma de entender el mundo. Por la circunstancias que he vivido sí que poseo una visión distinta, tal vez más humana, de los que me rodean.

Sin embargo, sus novelas no parecen escritas por un sacerdote, sabe cómo distanciarse de su profesión… Sí, es que hay una cosa que detesto particularmente: la literatura dirigista o “al servicio de”. Yo cuando me pongo a escribir me aíslo totalmente de mi realidad y escribo con naturalidad. Ahí es donde aparece el escritor Jesús Sánchez-Adalid, simplemente. De todas formas el lector no debe ser prejuicioso, al igual que yo no soy dirigista. Sería muy triste que alguien no leyese una novela mía sólo porque soy sacerdote. Es como si yo no leyera novelas de ateos sólo por su opción religiosa. Obviamente, entre mis favoritos hay muchos escritores ateos.

¿De dónde le viene a Jesús la afición por la historia y la literatura? He sido siempre muy lector y en mi casa también somos de tradición lectora. En un determinado momento empecé a escribir espontáneamente. Creo que empecé a escribir novela histórica porque soy un exponente típico de mi generación. La novela histórica era una asignatura pendiente de la literatura española, siempre se leía todo traducido. De forma natural ha surgido una generación de escritores que ha resucitado este género. La historia de España es lo suficiente rica e interesante para propiciar esto. No es un boom como se ha dicho recientemente, es una tendencia muy consolidada. Llevamos muchos años de novela histórica en España, hay que escribir algo que la gente quiere leer.

La mayoría de sus obras están ambientadas en Extremadura ¿Por qué? ¿Va a continuar escribiendo sobre nuestra región? La historia de Extremadura es interesantísima. Ha sido un territorio importantísimo dentro del imperio romano con Mérida como la capital de Lusitania, que también fue fundamental en el periodo visigodo después de la ciudad imperial que era Toledo. Extremadura en la Edad Media se convierte en territorio de frontera, que es donde se debaten los grandes conflictos.  También la Guerra Civil en Extremadura es fascinante. No sé… la Conquista de América daría para sagas interminables de buena literatura, de crónicas, la Edad Media, de la época romana que te voy a contar…Todavía no tengo nada en firme sobre mi próxima novela, es probable que no sea histórica, no estoy seguro aún.

¿Cuáles son las constantes temáticas en la obra de Jesús Sáchez Adalid? Lo que a mí me interesa destacar no es la historia en sí, como ya he dicho. No es eso, para eso están los libros de historia. Yo hablo de las historias particulares de los seres humanos y procuro ofrecer la realidad de la vida humana, de los distintos pueblos.  El ansia del ser humano, la lucha por la verdad, el miedo, el temor, la intransigencia de los fanatismos… Esos son mis temas favoritos y se repiten de una manera u otra en todas mis obras.

La convivencia entre las tres culturas reflejada en Alcazaba dista mucho de ser tan pacífica y tolerante como se ha dicho tantas veces… Es un tópico y un estereotipo que se repite mucho. Ni hubo convivencia ni tres culturas, hubo muchas más. Los musulmanes no son una cultura homogénea; había  árabes, muladíes, berebéres… y con los cristianos sucede lo mismo, había cristianos del norte, cristianos que ya estaban en la península ibérica, descendientes de los cristianos tardoromanos y visigodos. Siempre se ha pensado que la convivencia tenía que ver con la tolerancia pero está más relacionado con la coexistencia, que ya de por sí es un fenómeno muy rico. Coexistir es que vivían juntos, con los conflictos que ello genera.

Hay ciertas coincidencias con todo lo que está ocurriendo actualmente en los países árabes ¿No es así? Hay elementos que son enormemente parecidos. El clima de tensión que se vive actualmente con la Primavera Árabe tiene muchas similitudes con las revueltas de Mérida del siglo IX. En ambas situaciones había un descontento generalizado con los gobernantes. También la muerte violenta de uno de los líderes, como Gadafi hace relativamente poco, la oposición internacional al conflicto… Caí en ello algún tiempo después de escribirla.

También puede haber una conexión con los “indignados” de nuestro país… Sí, también. Hace poco estuve en Galicia hace poco en una conferencia y me dijeron: “Habla de los indignados del Siglo IX”. A mi al principio me resultó un poco exótico o caprichoso pero después pensándolo… (se ríe). No es porque suene bien en relación con Alcazaba pero es que en todas las épocas la gente llega un límite y al final estalla. No eran nada conformistas en aquella época.

Luego hay gente como el Duc Agildo de su novela que intenta arreglar las cosas de otra manera… Claro, siempre hay posturas conciliadoras, más pacientes y después están los más radicales y el fanatismo, que es el problema de fondo de todas las revoluciones de la primavera árabe. No es la revolución francesa que nos están haciendo creer. Ahí subyacen muchas cosas…

Los momentos de humor en Alcazaba son muchos, sobre todo entre la población árabe. ¿Es una intención de desdramatizar la figura del invasor? Bueno, es que a veces la vida tiene un lado tragicómico. También hay una idea de desdramatizarlo y de restarle seriedad porque es literatura.  Al lector no se le puede tener todo el rato en tensión. Los momentos de humor son para humanizar la historia. Por ejemplo, cuando una piensa en un rey, siempre lo ve en un trono, rodeado de guardias… Yo presento a Abderramán II de otra manera, tan cercano que resulta simpático al lector. Las situaciones de humor mejoran el ritmo de la novela y facilitan su comprensión.

¿Qué significado tiene la Alcazaba de Mérida como símbolo? A veces en esto de la historia y del turismo cultural también hay simplificaciones. El patrimonio romano de Mérida es tan espectacular, tan universalmente conocido,  que ha restado importancia a otras cosas que también lo son. La Mérida musulmana es fundamental y la Alcazaba es el monumento militar islámico más importante de España. Lo siento por el resto de alcazabas pero es la verdad. La novela pretende dar a conocer la Mérida musulmana y cómo vivía la gente en aquellos tiempos.

¿Cree que el turismo literario es un yacimiento a explotar en nuestra región? Absolutamente. Hay un núcleo importantísimo de gente enamorada de Al-Andalus, de la Ruta Andalusí, de la Ruta del Califato y de la España Musulmana. Me da mucha pena que Mérida no sea conocida por eso. Cuando van por la autovía pasan de largo porque piensan que sólo es “una cosa romana”, cuando el principal monumento musulmán del territorio español es , sin lugar a dudas, la Alcazaba de Mérida. ¡Entren a verla, por favor, que tiene un aljibe espectacular dentro! Cuando la gente ve el mapa de la novela se asombra, me dicen que no conocían esa Mérida. También recibo visitas en Alange de gente que ha leído el libro y quiere visitar el Balneario o el Castillo.  ¿Quién sabía de la existencia de la Catedral de Santa María del Mar de Barcelona antes del libro de Zafón? Nadie. Sin embargo, ahora es el monumento más visitado después de la Sagrada Familia. En Extremadura podríamos hacer lo mismo.

¿Alguna vez ha tenido ofertas de llevar sus novelas al cine? Saldrían unas películas de género muy buenas… Hay varios proyectos sobre mis novelas y algunos están ya muy avanzados. Lo que ocurre es que el cine histórico es el más caro que hay, más incluso que el de la ciencia ficción. Tal y como están las cosas en el cine español es difícil que lleguen a realizarse.

Entrevista: Javier Antón; Fotografías: Ester García