“En tiempos fenicios Jerez era Ceret, que significa ciudad, y en época de los árabes pasó a denominarse Xerixa. Ya en la era de los templarios la villa se llamó Xerex. Pero para descubrir el origen del título que da nombre a la ciudad quizás haya que pensar en un origen relacionado con la vegetación de las jaras, de donde podría derivarse xaraex, jaraez… jerez”. Feliciano Correa, Cronista Oficial de Jerez de los Caballeros

Su inmenso término municipal abarca una superficie de 750 kilómetros. Arropado por campos de encinares y bañado por el río Ardila y los pantanos Brovales y Valuengo, Jerez de los Caballeros se muestra rodeado de un idílico entorno natural. No se sabe con exactitud la época de la que data este municipio pacense situado en el extremo suroeste de la región, aunque los restos arqueológicos hallados en sus inmediaciones revelan que fue habitado durante la prehistoria. Uno de esos hallazgos es el dolmen del Toriñuelo, conocido internacionalmente.

 

 

Nos adentramos en la ciudad, una ciudad que ya en el siglo XVI tenía tantos habitantes como Badajoz, alrededor de 10.000. El casco antiguo se presenta lleno de estrechas callejuelas y blancas fachadas de cuyos balcones asoma la alegría de sus gentes. Disfrutamos de un placentero paseo que nos conduce hasta la primera de las cuatro parroquias que alberga el municipio. Se trata de la iglesia de San Bartolomé, situada en la zona más alta del centro histórico. Su edificación data del siglo XV y es de estilo gótico. A escasos metros de ella se levanta la parroquia de San Miguel, de mediados del siglo XV hasta final del barroco.

Sin embargo, uno de los santuarios más significativos de la localidad es la iglesia de Santa María de la Encarnación, muy próxima a la fortaleza de origen templario. Es el templo más antiguo de la ciudad. Algunos historiadores apuntan que fue construido durante la etapa de los visigodos, de hecho una de las columnas que se halla en el interior del mismo muestra una inscripción que cita, “en el día noveno, ante las candelas de enero de la era 597 fue dedicada esta iglesia a Santa María”, fecha que se corresponde con el año 556 de nuestra época. En el siglo XVI sufrió la remodelación más importante, adquiriendo la estructura que conserva en la actualidad.

 

 

De las cuatro iglesias, la más actual es la de Santa Catalina, que fue edificada durante la segunda mitad del siglo XVIII en la zona conocida como el “Barrio Bajo”. La abundancia de edificios religiosos distribuidos por los distintos rincones de Jerez de los Caballeros nos llama la atención. Feliciano Correa nos cuenta que tras la era de los templarios, Jerez de los Caballeros vivió una época de esplendor religioso. El asentamiento de una gran nobleza apadrinó conventos de frailes y monjas, de ahí que, además de las cuatro iglesias, la ciudad acoja seis ermitas, las de San Lázaro, Cristo de la Vera Cruz, Santiago, Los Santos Mártires, San Roque y San Lorenzo; y cinco conventos, el de San Agustín, Nuestra Señora de la Consolación, Madre de Dios, Aguasantas y convento de La Gracia.

Seguimos camino y recorremos plazas y parques, como el de la Morería, junto a la fortaleza templaria, o la popular Fuente del Corcho. Disfrutamos de estos rincones, que son sólo algunos de todos los que nos brinda la ciudad para visitar. Descubrimos también un lugar de ensueño para la vista. Respiramos hondo ante la fascinante vista panorámica que ofrece el mirador de la carretera que rodea a Jerez de los Caballeros. Desde este lugar apreciamos de un solo golpe de vista las torres de las cuatro iglesias.

 

 

La herencia de la Orden Templaria

Fueron los templarios los que engrandecieron considerablemente la población, que en aquella época se llamaba Xerez Equitum. Según recoge Feliciano Correa en su libro Territorio Templario, la ciudad llegó a ser la capital de los templarios en todo el Reino de León, sosteniendo además que el último enclave templario de toda la Corona de Castilla estuvo en Jerez de los Caballeros. Durante aquel periodo de tiempo, levantaron una muralla de 1.700 metros de largo por 10 de alto y una superficie de 15 hectáreas, que bordeaba toda la villa. Hoy día se puede contemplar parte de aquella fortaleza que, en su origen, contaba con seis puertas; de ellas actualmente sólo se conservan dos, la Puerta de la Villa y la de Burgos.

 

 

No debemos dejar de visitar el entorno del castillo que, al igual que la iglesia de San Bartolomé, forma parte de la herencia que dejó la Orden del Temple. La visita por esta localidad sureña de Extremadura nos ha trasladado al pasado a través de su patrimonio monumental, a la par que nos ha permitido disfrutar del bello entorno de dehesas que la rodea. Aquí culmina nuestro agradable paseo por el pasado y presente de Jerez de los Caballeros.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto