“SOY PROTAGONISTA DE MI VIDA A TOPE”

Hoy, no sabemos si Javier Gil Valle se encuentra encerrado entre enormes y discretos muros conventuales, siguiendo el sonido de sus pasos por las galerías, los murmullos devotos en las capillas o los recogidos susurros del refectorio. Nos lo anunció cuando nos encontramos en Madrid: “Me voy a retirar unos días a un convento porque la próxima película se desarrolla en un monasterio… Soy un monje y necesito escuchar, escuchar los pasos, el silencio y acercarme al personaje… Me gusta esta parte del trabajo, el trabajo atmosférico”.

Pero lejos del silencio y del recogimiento que se esperaría de un monje, Javivi se presenta un ser batallador, crítico, de firmes principios, de eterna conversación en la que  no oculta una mirada tímida ni una sonrisa de clown. Sí, si se mira fijamente a Javivi, se ve un rostro enormemente expresivo en el que los ojos despiertan tiernas miradas de Keaton o Chaplin, mientras que una boca generosa e inquieta nos lleva a Goldoni. Sea como sea, uno se da cuenta enseguida de que consigue una empatía absoluta con su interlocutor. Nos habla de su infancia como hijo de extremeños emigrantes; de sus estudios de Sociología; de su fortuna en la vida y a la vez de su indignación con ella. Nos habla del pasado y del presente. Y es ahí, en su presente, donde entramos nosotros en escena.

 

Vivir Extremadura: Javivi… ¿Nombre artístico?

Javivi: No. A lo largo de mi vida me han llamado también Javilu, Javichu, Javivi… Pero Javivi era el apodo nocturno que me pusieron a finales de los Ochenta, antes de ser actor.

V. E.: ¿Apodo nocturno? ¿Apodo del noctámbulo?

J.: Pues… sí, no puedo decir lo contrario. Era noctámbulo, sí, muy noctámbulo.

V. E.: Javivi surge en el mundo de la interpretación y se mantiene en papeles secundarios, grandes papeles secundarios…

J.: Me considero un secundario principal. Soy protagonista de mi vida a tope. Somos un país de modas y ha habido grandes boom que no me interesan. El otro día caminaba por la calle y un tío me gritó “Javivi eres el mejor, eres un monstruo”. Anda dile si soy secundario o principal. Y otra anécdota reciente me ocurrió en una super fiesta de cosmética. Una fiesta repleta de famosos como Derek… de la talla de Derek, ni más ni menos… Pasé por allí y de pronto escucho “Tú sí que vales, tú sí que vales, tú sí que vales…” Y un montón de tías saludándome… como si fuera un sex symbol… Pues ya está, me quedo con esos momentos de ultraprotagonismo.

V. E.: Cada uno tiene el protagonismo que quiere y que busca…

J.: Las metas de cada uno son las más importantes al margen de las que pueda marcar la prensa. Estamos en una época pésima, muy de quinta fila. Ojalá hubiese sido protagonista durante el neorrealismo italiano… pero en esta época… con todos mis respetos… De todos modos, mi protagonismo en la pantalla está por llegar. Estoy seguro.

 

V. E.: Lo que sí es cierto es que son ya unos cuantos años viviendo de la interpretación y todo empezó cuando alguien te dice que tienes cara de actor

J.: Sí. Fue Curro Summers, que trabajaba ya en “Inocente Inocente”. Cuando me dijo que tenía cara de actor; dije, vale, muy bien… pues estoy buscando trabajo. Al día siguiente me llamó. Sí tuve un surgimiento grande en “Inocente Inocente”.

V. E.: Y a partir de ahí, en televisión, “Veredicto”, “Arévalo y Cia.”, “Tío Willy”, “Ana y los Siete”, “Éste es mi barrio”…

J.: Sí fueron muchas sensaciones y yo creo que soy una sensación actoral. Pero cuando de verdad tuve la sensación de actor es cuando hice teatro con Animalario…

V. E.: Un gran salto, de comedia a drama, a crítica dura…

J.: Sí, entré de la mano de Alberto San Juan y encontré entonces la vocación teatral y actoral con todas y cada una de las obras que hicimos… Encontré a los compañeros con los que mejor me entiendo situacionalmente. Animalario, además, es una compañía que me llevó a ser reconocido por los mismos actores que para mí era inimaginable. Yo, que caí en este mundo por azar… y, sin embargo, siguió y siguió y siguió…

 

 

V. E.: Sí, hasta ahora parece que no han faltado ofertas.

J.: Sí, pero porque no hago carrera de mi carrera, sino de mi vida. Así sí me va bien. Cada día me digo a ver dónde me lleva mi vida. Lo que sí es cierto es que en esta profesión lo más importante es tener regularidad. A esto no le puedes pedir más. De todos modos, creo que no envidio a los que tienen continuamente propuestas; me da la sensación de que no viven, de que están en un gran trance de excitación  y que cuando paran corren el riesgo de sentir faltas afectivas y emocionales…

V. E.: Así que la interpretación no es lo principal…

J.: Si tú me dices mañana que tu padre tiene un camping en Suiza y que si quiero irme allí a gestionarlo, te diría: pues mira, me parece un buen guión para mi vida, ¿cuándo me voy? Ahora, por ejemplo, que empiezo a rodar una película con Dominik Moll,  siento que la interpretación no es lo importante, sino que voy a estar con Dominik, con  Vincent Cassel, con Geraldine Chaplin… que voy a ir a París… Como dijo Alex de la Iglesia en la Gala de los Goya, “somos trabajadores”, y así lo veo, como un trabajo, aunque suene poco bohemio, pero es que estamos en un momento poco bohemio. En los Ochenta, sin embargo, había un alo artístico en la propia vida, fueras actor o no.

V. E.: Los Ochenta… en más de una ocasión acudes a aquella época, ¿hay nostalgia de la movida?

J.: Fue una gran época. La movida era algo de las 24 horas, no era la movida nocturna como algunos creen, era algo distinto, algo que se estaba cociendo en este país donde se empezaba a tener libertad. La canción Libertad que parece trasnochada reflejaba la conciencia política ciudadana, la conciencia que tenía el ciudadano de a pie, que era brutal, envidiable. Hoy veo apatía, pasotismo regresivo, cantamañanero… Hemos perdido algo que parecía que iba a ser nuestro santo y seña.

 

V. E.: ¿Era tu época de sociólogo?

J.: Entonces yo estaba estudiando la carrera. En primero de carrera vivimos el 23-F. Vivíamos acontecimientos históricos día a día; buscábamos la participación ciudadana, se requería de todos, y quizá la talla ciudadana y política era superior a la de ahora. Yo estaba en la Juventud Europea Federalista (JEF) y recuerdo una cierta moral o, mejor dicho, una ética brutal, genial, donde se buscaba construir un país, dialogar, rebatirse, se trabajaba por una cuestión estatalista más allá de la ideología…

V. E.: Te siento defraudado

J.: ¿Defraudado? No. Indignado. Estamos en una añada de vinos malísima, con un grupo de empresarios vestidos de políticos. Estamos en manos de la mediocridad. Muchos suben sin acerbo, sin trayectoria….

V. E.: ¿Y en el mundo de la interpretación?

J.: … ¡Uhmmmm!. Lo que estamos viviendo es que la gente joven tiene más posibilidades que antes. Hace años no había tanta gente joven preparada y que podía salir adelante. Eso es bueno, pero creo que debía haber un elenco generacional más amplio, porque me da la sensación de que estamos en un país donde ser abuelo no está de moda. En Estados Unidos ves a actores de mucha edad triunfando, aquí mucho menos y cuando ya no queden los grandes…

V. E.: Y ahí, sobre los escenarios, ¿Qué quisieras hacer?

J.: Quiero hacer un humor mío, neorrealista, un humor francoitalilanoespañol, un humor mediterráneo. Me encantan los textos malos que no consiguen nada pero con los que nunca pierdes la esperanza de encontrar algo. Es como el Correcaminos que siempre ponía trampas que nunca funcionaban… Ése es mi reto.

V. E.: Javivi, vamos a viajar… Vámonos a Hervás

J.: Hervás… toda mi familia viene de allí. Tengo suerte y honor de ser más extremeño que muchos, aunque también te digo una cosa, soy muy trasnacional, no ejerzo de un lugar concreto. Los españolismos o nacionalismos me importan poco. Mis bisabuelos Benita y Gregorio tuvieron que dejar Hervás y se fueron a Béjar, a la industria textil de Béjar, aunque, por tradición, nos llevaban a nacer a todos a Hervás, y allí nací yo. Luego tuvimos que emigrar a París, donde pasé toda mi infancia. Soy emigrante extremeño en París.

V. E.: Bien, vamos a elegir un paisaje…

J.: La montaña. El entorno de Hervás, hacia arriba. Me muevo mucho entre Barco de Ávila, Béjar y Hervás. Cualquier sendero por descubrir, cualquier senda que haya sido borrada…

V. E.: Y un plato…

J.: Sí, un plato: el cocido de mi madre, de Maximina Valle –pon el nombre ¿eh?- Maximina Valle. Es un cocido Cinco Tenedores, a fuego lento durante varias horas y, si es posible, de un día para otro.

Escribo el nombre bajo la atenta mirada de Javivi: Maximina Valle.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto