Disfrutando de cebas de cortejo y vuelos juveniles de paseriformes. En estos días, las dehesas que bordean el Alcarrache a la altura de Higuera de Vargas rebosan de esplendor, no solo visual, también sonoro. Los pinzones se entregan a su explosivo canto como si hoy comenzase la primavera en la dehesa. Las corrientes de las orillas compiten con carriceros tordales y ruiseñores en musicales decibelios. La nota multicolor alada la ponen los abejarucos. En el cortado arenoso situado a varios metros de la orilla, los machos de abejaruco pelean por los posaderos más altos. En éstos esperan a las hembras con libélulas, tábanos y abejas, deseando que sean aceptadas por la futura “esposa”.  A través del telescopio estas aves parecen haber robado el arco iris al cielo con sus plumas. Por un momento dejo de escuchar a las aves que hace un instante invadían el río. Ahora solamente un sentido parece estar activo: la vista. Mientras un macho de abejaruco gorjea su “briu-briu” en la rama, otro se afana en excavar un túnel en el terraplén. Hay que ir haciendo las tareas para poder comenzar la cría cuanto antes.

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Al mismo tiempo, en un espino albar cercano, observo como una hembra de verdecillo ceba a un pollo volandero que la persigue suplicando comida incansable. Es curioso, mientras los abejarucos están iniciando el cortejo, los verdecillos ya han sacado adelante una pollada.

Volviendo al Alcarrache observo una culebra viperina zigzagueando en la superficie, mientras sortea las flores emergentes de los ranúnculos; estas temperaturas ya han activado a los reptiles. Resulta curioso como un año de lluvias primaverales renueva el bosque extremeño, parece que en este paseo lo estrenamos por primera vez.

 

Guadiana Internacional [Birding in Badajoz, Extremadura]

http://web.dip-badajoz.es/proyectos/guadiana_internacional/

Colaboraciones Texto y fotografía: Juan Pablo Prieto