Puede que el viajero, o incluso el cacereño de toda la vida, se lleve una sorpresa al visitar el número 8 de la calle Pizarro en Cáceres. Aunque el aspecto de la renovada fachada resulte familiar, ya poco o nada queda de la antigua Casa Grande de la Universidad Politécnica de Cáceres. Desde hace ya un año, la alemana e hispanófila Helga de Alvear expone allí parte de su enorme colección de arte contemporáneo, que cuenta con más de 2.500 obras y está considerada internacionalmente como una de las más importantes del
mundo. Helga se siente honrada con la cesión del edificio por parte de la Junta y el éxito de visitantes.

Recientemente, la galerista ha sido galardonada con la primera Medalla de Cáceres por su aportación desinteresada a la ciudad y con el premio a la Mejor Iniciativa en Tiempos de Crisis. Ella misma comienza la entrevista hablando de este tema: – Me siento tremendamente honrada con estos premios aunque no son sólo para mí, todos los que han contribuido en esto lo merecen; los arquitectos que han llevado a cabo la reforma, mi equipo de la galería de Madrid, que están organizando todos las piezas en los almacenes, las azafatas que tenemos aquí, el patronato, mis amigos, la coordinación del Centro de Interpretación, el equipo es muy grande ya…me gusta el matiz de “en tiempos de crisis” ya que el museo es gratuito. Este tipo de premios ayudan a perpetuar la vida del Centro. Les estoy muy agradecida, de verdad.

 

De pequeña, Helga quería ser pianista pero su afición por los idiomas la llevó a realizar un pequeño periplo por varios países para aprender su lengua. Nacida en Alemania, estuvo dos años en Suiza, uno en Inglaterra y al final acabó en España, donde encontró a su marido y empezó a coleccionar arte en compañía de otra extranjera y leyenda del arte afincada en España, Juana Mordó. – Siempre que iba a algún país acababa en sus museos o sea que la cosa estaba clara ya desde pequeña. Empecé a comprar a Juana algunos cuadros y poco a poco nos fuimos haciendo amigas. Cuando mis hijas ya fueron un poco mayores, me senté a aprender de ella porque ser galerista no es nada fácil…tuvimos un montón de problemas al principio…te hablo de hace más 40 años, pasamos bastantes apuros económicos y cerramos una de las dos galerías, yo la ayudé y entre las dos salimos adelante. Lo más difícil para mí fue aprender el oficio, ella me enseñó, yo no tenía ninguna carrera en Bellas Artes ni nada de formación en ese sentido pero, como soy una adicta al arte, poco a poco fui aprendiendo y creando mi propia colección, que por suerte ahora se va a quedar en Cáceres.

 

Hoy por hoy, “sólo” podemos deleitarnos de unas 200 obras de la colección pero Helga insiste en que vamos a disfrutarla entera. – Tengo tres almacenes en Madrid repletos y para cuando finalice el proceso de ampliación con 7.000 metros cuadrados más, expondremos la colección al completo, no sólo son muchas obras sino que también son muy grandes. Ahora mismo no tenemos sitio para más. Tenemos un presupuesto asignado para este año, espero que no haya ningún problema con el cambio de gobierno, me han dicho que no, que esto es prioritario.– dice mientras sonríe. –Tengo muchas obras prestadas a otros museos también y es probable que hagamos algún intercambio con las obras que tenemos aquí-.

Cuando traslado mis dudas sobre un museo de arte contemporáneo en nuestra ciudad a Helga, ella me corta rápidamente: – ya sé que no es fácil, no sólo en España sino en todo el mundo. Es posible que en España la gente esté más acostumbrada al arte clásico, al realismo, pero van surgiendo disciplinas nuevas en el arte, como la fotografía o el video, y se van a ir acostumbrando a todo esto. También como galerista es difícil. La galería es un negocio, no tiene nada que ver esto, que es un museo sin ánimo de lucro. Lo que te decía de la fotografía es que la gente te pregunta: ¿Esto cuánto dura? Vete a saber dentro de veinte años como está…y cosas de esas… hace diez años esa fotografía que tienes detrás no valía tanto como ahora y, dentro de otros diez años sería imposible para mí adquirirla. Ocurre lo mismo con las películas, los videos, etc, tengo muchísimos y vamos a tener que hacer algo para conservarlos dentro del centro. No es tan fácil como tener unas cuantas habitaciones y exponer unos cuantos cuadros…Por eso es tan grande lo que hemos conseguido aquí. Tenemos que estar todos muy orgullosos de tener tantas obras a nuestra disposición, especialmente los extremeños.

 

Sabiendo que Cáceres no era la primera opción para ubicar su colección, le pregunto por qué eligió la capital cacereña para tal fin: – Sí, tienes razón, no era mi primera opción y estuve presentando por Granada, San Sebastián, Vigo, etc…Todo el mundo me decía que sí, que estaban encantados con la idea, pero que tenía que asumir el coste del edificio y toda su reforma…entonces yo, lógicamente, respondía que no…yo os regalo mi colección pero vosotros tenéis que poner el edificio. No estamos hablando de obras baratas precisamente. Nadie aceptó esas condiciones excepto Ibarra, a través de la gente del restaurante Atrio, que son grandes amantes del arte contemporáneo. Él me recibió inmediatamente y dijo: “Esto se queda aquí”. En definitiva, esto ya es para Extremadura, bueno y para el resto de España también…(risas).

Al preguntar sobre cuales son los criterios en los que se basa a la hora de comprar una obra, Helga insiste en su heterodoxia en el mundo del arte, no le gusta mucho el academicismo. – Tengo mucha intuición, los ojos se van acostumbrando y con el tiempo vas aprendiendo cosas. Hay mucha gente que compra con los oídos, han oído que un artista en bueno y van en seguida a comprarlo. A mí no me gusta eso, yo tengo que ver la obra, tengo que saber lo que compro aunque muchas veces he comprado obras equivocadas…(risas). No por su valor de mercado sino porque me gustaban y luego han resultado ser un fracaso. Piensas que van a ser buenísimas y después, cuando las miras con la distancia de los años, piensas…..bueno… tampoco era para tanto. Esas son las que regalo a mis amigos… (risas). Poco después, señala que los criterios para valorar una obra de estas características están fijados por el mercado y, a veces, las subastas…

 

-Las subastas nos están haciendo mucho daño a los coleccionistas, viene gente con montañas de dinero, de Rusia de China y no podemos competir con ellos. Tienen expertos en arte que compran por ellos con infinidad de recursos. Muchas veces están pagando más por una obra que en realidad no vale tanto, compran más por el nombre del autor que por la obra en sí -. En mi caso yo soy la coleccionista y soy yo la que compro los cuadros, no tengo a nadie que compre por mí porque sabe más de arte que yo-.

Helga nos cuenta emocionada como ha llegado a un acuerdo con Apple para que por medio de unas tabletas (IPADS) se pueda acceder online de manera gratuita a todas las obras de su colección. – ¿No te has enterado de esto? ¡Ha salido en casi todos los periódicos!- dice casi gritando. – No sé exactamente qué es lo que hay que poner en internet (http://itunes.apple.com/es/app/helga-de-alvear) pero es fantástico, puedes tener toda la colección en una tableta, y no sólo eso, las fotos son muy grandes y vienen con la historia de cada obra, el autor y demás. Eso lo tienes que escribir porque me parece algo genial. Todo el mundo puede acceder libremente a mi colección por internet y luego pasarse por aquí a verla en directo, ya sabiendo lo que va a contemplar. Por ejemplo, antes de ver la obra de Adriana de Villa, puedes consultar e informarte de por qué hace las cosas de una manera o de otra. Además, el programa o lo que sea ha sido creado por gente de Cáceres, por jóvenes de aquí, lo cual es otra buena noticia.

Mientras nos despedimos de esta entrañable mujer, ella sube rápidamente las escaleras y, a gritos, desde el piso de arriba, nos recuerda que en noviembre hay una exposición de arte español que no nos podemos perder. Es obvio que tiene una vitalidad inmensa y verdadero amor por el arte. Ahora, además, también por Cáceres y Extremadura.

Texto: Javier Antón

Fotos: Rocío Gallardo