El pasado histórico de Garganta la Olla, el patrimonio arquitectónico que aún conserva y el formidable entorno natural en que se enclava obligan al viajero a hacer una parada para saber más de su historia, costumbres e idiosincrasia. Aunque su origen se pierde en el tiempo, la existencia de los castros vettones de Cerro Torrique y Cerro del Salvador atestiguan un pasado eminentemente ganadero; si bien hay otros restos y citas con la antigüedad, como la Villa Romana de Carnaceda, la ermita de San Salvador de la Sierra y la ermita-cenobio de San Martín, cuya construcción comenzó en el año 584. Otra constancia del devenir de la historia en torno a las tierras que hoy ocupa Garganta es que en el año 1331 Alfonso XI le concede un lote de terrenos –en los que se encontraba el actual municipio- a los Infantes de Cerda, perdiendo de este modo la jurisdicción que hasta ese momento tenía Plasencia sobre esta villa, enclavada en el norte de la provincia de Cáceres. A partir de entonces sufre diversas compras, cambios y herencias, estando en manos del Marquesado de Villena hasta el siglo XIX, que ejerció jurisdicción civil y criminal sobre la villa mediante el nombramiento de las personas que regentaban estos cargos.

Visitas imprescindibles

El viajero podrá apreciar la huella de esta historia a poco que acceda al casco urbano de Garganta la Olla gracias a su arquitectura popular, bien conservada en varios enclaves, como el Barrio de la Huerta. De hecho fue declarada Conjunto Histórico-Artístico teniendo en cuenta su “arquitectura popular de una gran belleza singular”, como se asevera desde el Ayuntamiento. Además su iglesia, que cuenta con un retablo mayor barroco, un órgano de la misma época y un pequeño museo de arte religioso, está declarada Monumento de Interés Cultural. Paseando por las calles se pueden apreciar también múltiples vestigios de la presencia de un Tribunal de la Inquisición en el municipio.

Entre las visitas obligadas se encuentran la ermita del Santísimo Cristo del Humilladero, la Casa de Postas, Casa de Félix Mesón Gómez, la Casa Parroquial, Casa Carvajal, la iglesia de San Lorenzo, Casa de la Peña y la Casa de las Muñecas. Tampoco puede faltar un relajante paseo por el entorno natural, serpenteado por arroyos y gargantas que bajan las cristalinas aguas de la sierra de Gredos hasta el valle del Tiétar.

Para mitigar el hambre y el cansancio propios de los viajeros ávidos de conocer los singulares rincones de Garganta la Olla, la población cuenta con una variada oferta hostelera situada en el mismo casco urbano. Éste es el caso del Hotel Carlos I, con habitaciones sencillas pero muy cuidadas y con una cafetería que ofrece cocina tradicional a buenos precios. De corte más rural es Parada Real, un antiguo salón de baile reconvertido en alojamiento, con una decoración en la que prima la madera, como elemento arquitectónico y ornamental, favoreciendo un lugar que abriga al visitante mientras disfruta de sus excelentes vistas a la sierra. También ofrece cocina tradicional.

Por lo que respecta a los restaurantes, se encuentra La Fragua, donde degustar exquisitas berenjenas con queso Torta del Casar; Los Leones, de cuya cocina casera destacan las migas y las patatas revolconas, así como una correcta carta de vinos; y La Pardoncilla, que se arriesga en el campo del mestizaje culinario con su tan atrevida como sabrosa crema de espárragos con criadillas de tierra y colas de langostinos. Otra opción para satisfacer el paladar es la tradición de tapeo que cultivan varios establecimientos de Garganta, como el bar la Cueva, la Taberna de la Plaza o La Serrana, entre otros.

Garganta la Olla aglutina, en definitiva, una más que suficiente oferta turística para configurarse como una cuenta pendiente en la agenda del viajero, máxime por estar bien comunicada por carretera y a poco más de media hora de poblaciones de mayor envergadura como Navalmoral de la Mata o Plasencia.

Texto: E.G.R.

CON DETALLE—

Ermita del Santísimo Cristo del Humilladero. Construcción de una sola nave del siglo XVI, que sufrió grandes reformas en el siglo XVII. Hay que destacar de su interior el altar de azulejos talaveranos y el escudo fechado en 1560, perteneciente a la desaparecida ermita de San Martín.

Casa de Postas. Vivienda utilizada en época de Carlos V como posada de viajeros. Fue construida en el año 1576, tal y como marca la inscripción del capitel de su columna, siendo restaurada justo dos siglos más tarde, fecha que puede apreciarse en el dintel de su puerta.

Casa de Félix Mesón Gómez. Vivienda que otrora pertenecía a una familia adinerada de Garganta. El escudo de su fachada tiene picada la parte central debido, según diversas fuentes, a la estrecha relación que tenía la familia Mesón Gómez con la Inquisición.

Casa de las Muñecas. Fácilmente reconocible por el color azul de su fachada, fue un prostíbulo en la época de Carlos V. Es uno de los edificios más singulares de Garganta la Olla.

Casa parroquial. Edificio construido hacia el año 1760. Actualmente sigue siendo la vivienda del párroco de la población. Fue construida con los ingresos obtenidos por la venta de la Casa de las Muñecas.

Casa Carvajal. Lo más característico de este edificio es su escudo nobiliario, el único edificio que posee este tipo de distintivo en la fachada. Se trata del escudo de la familia Carvajal, pues aquí nació don Pedro de Carvajal, Capitán de la Armada y Virrey de Nápoles.

Iglesia de San Lorenzo. Data del siglo XVI y es Monumento de Interés Cultural, con retablo mayor y órgano barrocos. Posee además de un pequeño museo de arte religioso.

Casa de la Peña. Seguramente el edificio más curioso y singular de la población. La peña de la base soporta todo el peso de la solana, apoyada sobre grandes vigas de madera. El motivo de este singular recurso arquitectónico es obtener un mayor aprovechamiento del terreno.

Texto: E.G.R.

Fotos: Ester García

 

Garganta la Olla

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Garganta la Olla

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