El año pasado la ausencia de lluvias motivó que las orquídeas extremeñas apenas florecieran, limitándose a gastar las reservas de sus pseudo-tubérculos, únicamente en la elaboración de las hojas basales. Afortunadamente, este año la naturaleza les ha brindado el agua necesaria para una floración sobradamente engalanada, aunque relativamente atemporal.

Un lugar excepcional para observarlas es la sierra caliza de Alor y sus aledaños, entre Valverde de Leganés, Olivenza (la cola del embalse de Piedra Aguda) y Santo Domingo de Olivenza, puesto que la mayoría de las especies de la zona prefieren los suelos básicos a los ácidos.

Foto: Juan Pablo Prieto

Foto: Juan Pablo Prieto

Como cada año, la primera en florecer ha sido la especie Himantoglossum robertianum, antes catalogada como Barlia robertiana. Esta especie puede superar el metro de altura, por lo que también es conocida como orquídea gigante. Su  floración es la más dilatada, comenzando en enero y pudiendo contar con flores nuevas en abril. Junto a ella encontramos a la Anacamptis collina, otra de las flores más tempranas, apareciendo en las primeras jornadas de febrero. La siguiente suele ser la Anacamptis morio, tiñendo de morado las laderas de la sierra. Casi a la vez aparece la Anacamptis papilionacea, que puede tener floración sincrónica con la anterior, apareciendo en este caso un híbrido conocido como Orchis gennaris. Continuarán las A. italica, A. conica y las conocidas como flores de abeja, pertenecientes al género Ophrys, aquellas cuyo labelo ha sido modificado por la evolución para asemejarse a una abeja con la que “copular”, a cambio de llevarse los polinios en el dorso y polinizar otra flor.

Destaca en estos territorios la Ophrys. lutea, O. vernixia o la más frecuente O. tenthredinifera, un lujo a nuestro alcance solo por unos meses, justo ahora.

Para más información ver la web de Guadiana Internacional. [Birding in Badajoz, Extremadura]

Foto: Juan Pablo Prieto