Es difícil hablar sobre Coria y su cultura, sus tradiciones y formas de vida sin destacar su simbología en torno a la figura del toro. Ritos ancestrales y arraigados, heredados durante generaciones, que asumieron  las diferentes culturas que señorearon  la ciudad de Coria y los distintos poderes religiosos o civiles que la rigieron. De este modo, en las fiestas de San Juan, las efemérides más remotas se funden con los eventos más recientes, rescatando ritos y costumbres de los primeros pobladores caurienses. Simbolismos paganos que la tradición recupera cada año en un hito festivo que atrae a miles de personas, pero a su vez fiestas religiosas consagradas al Patrono, San Juan.

 

 

Es el toro, sin duda, el máximo exponente de las fiestas. Una semana de encierros y lidias, que se inicia el 23 de junio, y que tienen como marco excepcional el conjunto monumental de la villa, circunscrito a su recinto amurallado.  Toros en cascos históricos se celebran en otros territorios de España, pero acotados a unos espacios muy determinados. “Aquí —nos comenta José Manuel Bueno Calle, técnico de Patrimonio y Turismo Cultural—, el toro discurre a su libre albedrío, sin sogas, ni ataduras, desplazándose por el conjunto de calles y plazas del recinto amurallado”.

 

 

Bueno Calle manifiesta que en los últimos años, desde distintos medios de comunicación o de asociaciones para la defensa de los animales, se han realizado comentarios “inexactos” sobre los festejos taurinos, con un absoluto desconocimiento, dice, del ámbito físico donde se desarrollan los encierros y la naturaleza del toro. Exageraciones referentes, según Bueno, al maltrato al  que se somete al  animal, llegando a afirmar que al toro se le hace sufrir arrojándole arpones y flechas. “Siempre se ha respetado al toro y se amonesta a aquél que le aflija un daño o maltrato evidente”.

 

Recorremos las sinuosas calles y plazas del casco antiguo, los mismos espacios que durante los encierros recorrerán los corredores eludiendo el forzado embiste del toro, las mismas fachadas con sus  miradores y ventanales desde las que los vecinos y visitantes seguirán atentos los peligrosos lances. Barrios cristianos que alguna vez fueron morerías o juderías,  y en los que descubrimos, por la toponimia de sus calles, lo que alguna vez fueron estas viejas casonas y quiénes las ocuparon: la Calle de las Monjas, que hace referencia al convento de la Madre de Dios; la Calle del Seminario, que nos marca la presencia del viejo Seminario Episcopal, un edificio actualmente muy deteriorado a expensas de una próxima rehabilitación; la Plazuela de San Benito que nos descubre un convento reconvertido en vivienda, del que destacan sus antiguos contrafuertes resguardando el portón de un garaje.

 

Llegará el toro desde los corrales acompañado de los bueyes. Luego se abrirán las cuatro puertas que cierran la plaza para que el  animal vague libremente por las calles y plazuelas de la villa. Uno de los encierros más apreciados es el que se desarrolla a las tres y media de la madrugada. Las otras lidias se celebran al mediodía  y al atardecer. Son toros aportados por el Ayuntamiento y por cuatro peñas tradicionales: “La Junta de Defensa”,  “La Juventud Cauriense”, “El 27” y la “Geta”, pero son decenas de peñas las que brindarán la animación y color durante los días de la fiesta. En los Sanjuanes además hay un amplio programa cultural y deportivo: verbenas, fiestas infantiles, festivales folklóricos, conciertos, competiciones de fútbol, tenis, ajedrez, incluso un campeonato de rana, entre otros.

 

Cuando llega la fiesta, los caurienses se visten con su camisa blanca, acicalados con el pañuelo y el fajín rojos, unos usos pretéritos como lo demuestran las fotografías más antiguas existentes de los encierros, por lo que la posible analogía o imitación con el vestuario de los corredores navarros de los encierros de San Fermín, es casual. Sí es cierto que los antiguos corredores de Coria usaban pantalones oscuros de pana, propios de los campesinos.

 

Texto: Roberto Machuca
Fotografias: Karpint / Foto Estudio Karpint
Agradecimientos: Jose Manuel Bueno Calle.