El cine puede ser mudo pero nunca ciego. Paisajes y monumentos sustituyen creaciones de cartón piedra para dar verosimilitud a historias narradas y filmadas. El escenario hace volar la imaginación. Extremadura, extensa y diversa, es un catálogo de parajes para que el séptimo arte brote natural. Inspiración, postal, guión, claqueta y… (silencio)… ¡acción! Extremadura rueda.

“Importante, que nadie mire a la cámara”. Antes de apretar el botón de ‘rec’, José Ignacio Cobos y Néstor del Barco, improvisados pero afanados directores, y guionistas, montadores, responsables de fotografía, edición, productores…, recuerdan a la decena de paisanos que participan en la escena que todo debe quedar lo más real posible, que tienen que ser naturales. “Fuera relojes, anillos, pulseras… cualquier cosa que desentone con la época”, recuerdan para los despistados. Es un sábado cualquiera de un mes cualquiera en una esquina muy particular del municipio cacereño de Serradilla.

“Cáceres es un plató maravilloso”. La frase, pronunciada por el director de arte de la serie Isabel, fue repetida el pasado mes de marzo cuando durante dos jornadas la parte antigua de la ciudad se convirtió en un decorado inigualable de finales de la Edad Media. El buen estado del corazón cacereño atrae rodajes desde la década de los años 30 del siglo pasado, aunque estén ambientados en lugares lejanos. “La gente se queda sorprendido de cómo está. Tapas una farola y todo listo”, apunta Ruben Gundín, director de la Extremadura Film Commission, organismo público que trabaja por la promoción de la región como plató natural cinematográfico.

Foto: Ester García

Foto: Ester García

En la ficción televisiva, Burgos y Segovia se reflejarán en las calles cacereñas llenas de piedras y de memoria, recurso turístico pero también lujoso y decorado. En ‘La lozana andaluza’, de Vicente Escrivá (1976), la ciudad Patrimonio de la Humanidad se disfrazaba de Roma; mientras que Zafra fue por unos días la localidad mexicana de Candelaria en ‘Los desesperados’ (Julio Buchs, 1969), y Trujillo se convirtió en el París de la Revolución Francesa en ‘Tulipán Negro’ (Christian-Jaque, 1964).

Serradilla en cambio sí que es Serradilla. En esta esquina occidental de Monfragüe un grupo de unos 250 vecinos de todas las edades, y todos aficionados, lleva casi dos años dedicando gran parte de sus ratos libres a grabar un largometraje basado en la figura de un bandolero hijo del pueblo, Cabrerín. El filme ‘Territorio de Bandoleros’ recrea las andanzas de este personaje real de allá de mediados del siglo XIX. Y claro, no pueden salir relojes, ni los ruidos de coches que inoportunamente se cuelan en la grabación y hacen repetir la escena, ni siquiera la gente rubia como recuerda una vecina con ese tono de cabello. “Estamos disfrutando mucho con el rodaje, la gente se ha socializado, comparte una ilusión común”, explica uno de los promotores que, además de grabar se encarga del montaje. “Lo estamos haciendo de una manera muy libre, sin ningún tipo de ayuda y con coste cero, aunque sí con gastos”, añade Néstor del Barco. Esta historia comenzó como una actividad para poner en valor su lengua, porque en el pueblo se habla serradillano, un reducto del astur-leonés y del extremeño cerrado…

Rodaje de 'Territorio de Bandoleros'. Foto: M.A.F.

Rodaje de ‘Territorio de Bandoleros’. Foto: M.A.F.

La otra historia, la del cine extremeño, arrancó en 1932, con la película ‘El agua en el suelo’, de Eusebio Fernández Ardavín, primer largometraje rodado en Cáceres a la par que la primera película sonora española. Extremadura, desde siempre, ha estado presente en la historia del cine español. Todo empezó con el cortometraje ‘Las Hurdes, país de leyenda’, que capturó el viaje del rey Alfonso XIII a esta comarca en 1922. La regia figura también apareció en ‘Coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe patrona de Extremadura’, de 1928. Aunque quizás el primer hito es del año 1933: la película de Luís BuñuelLas Hurdes (Tierra sin pan)’.

Directores reconocidos

Los grandes directores también han fijado su mirada en el plató innato que es Extremadura. Pedro Almodóvar, Gerardo Vera, José María Forqué, Antonio Mercero, Rafael Azcona, Mario Camus, José Luís Cuerda, Fernando Fernán Gómez o Basilio Martín Patino son algunos de los directores patrios que han trabajado en la región, que también acogió producciones internacionales y nombres como Ridley Scott. Hasta 69 rodajes recoge el libro ‘Extremadura, una región de película’, editado por el Gobierno regional y coordinado por la Fundación ReBross, que ofrece un viaje por el cine ‘made in’ Extremadura a través de sus parajes. ¿Ejemplos? ‘Átame’ en Granadilla; ‘La Celestina’ en Cáceres y Trujillo; ‘La forja de un rebelde’ en Talaván y Aliseda entre otros encuadres; ‘El hombre de arena’ en Salvaleón, Mérida y Almedralejo; ‘Jarrapellejos’ en Zafra y otros puntos; ‘Jeromín’ en Cuacos de Yuste; ‘El alcalde de Zalamea’ en Garrovillas de Alconétar; o ‘El pequeño ruiseñor’ en Guadalupe.

A ellos habría que sumar ‘El mal del arriero’, largometraje extremeño de Libre Producciones que se está gestando estos días gracias a una subvención de 160.000 euros de la Consejería de Cultura. Dirigida por José Camello Manzano, se trata de un thriller rural ambientado en Herreruela, Salorino, Alcántara, La Codosera y Brozas, entre otros puntos. Alrededor de 25 actores conforman el cartel, aunque el protagonista es el extremeño José Vicente Moirón. Muchas actores han pasado por estos parajes mostrando sus dotes interpretativas: Juan Diego Botto, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Paco Rabal, Leonor Watling, Alain Delon, Maribel Verdú, Candela Peña, Joselito, Victoria Abril, Gerard Depardieu, Alfredo Landa o Hugo Silva sirven de pequeño book.

Alejandro Palacios y Jonhy Real son los protagonistas de ‘Tierra de Bandoleros’, encarnan a Cabrerín en dos etapas de su vida. “Jonhy lo está haciendo espectacular, se ha notado que ha crecido delante de la cámara desde el inicio del rodaje. De hecho se sabe el guión, que tiene 80 páginas, entero. Si no recordamos algo él también hace de apuntador”, explican los dos directores. Un único pero: se ha roto los dientes por un accidente doméstico y tiene que intentar disimularlo al final del rodaje. Mientras Johny graba la última escena de la película, el enfrentamiento entre bandoleros y el pueblo, Alejandro hace de técnico de sonido sujetando el micrófono. Aquí todo el mundo echado las dos manos.

Foto: Ester García

Foto: Ester García

Michelle Jenner y Rodolfo Sancho son las últimas estrellas del celuloide que se han dejado ver por nuestras esquinas. Y también se han dejado grabar. Y fotografiar. Porque el rodaje de la serie televisiva ‘Isabel’, el último ejemplo de que Extremadura es una región de cine, levantó una gran expectación: alrededor de unos 130 figurantes locales participaron en el viaje al siglo XV; pero casi 2000 peticiones hubo para participar como extras. “Últimamente ha habido un giro hacia series históricas, que están pegando muy fuerte”, explica Gundín. Hispania, de Antena 3, ambientada en el siglo II a.C. y en las luchas de un grupo de rebeldes hispanos liderados por Viriato contra Roma, estuvo tres años rodándose en la comarca de La Vera, también con la participación de muchos rostros autóctonos.

Foto: Ester García

Foto: Ester García

Acercarse a Serradilla, atractivo paisaje entre media montaña y extensa dehesa, es descubrir como el cine puede formar parte de un pueblo, de su historia, de sus piedras y de sus parajes. “Aquí estamos, que nos han dicho que traigamos herramientas del campo para matar a los bandoleros… Y estamos esperando. Yo ya salí otro día segando”, explica un serradillano que se pone delante de la cámara a las cuatro de la tarde a pesar de estar esperando, caracterizado, desde las 11 de la mañana. “Yo no tengo frase yo soy de bulto”, añade. No importa. Todos desean participar. “Si necesitan extras que me elijan”, se escucha en el paraje de la Fuente Nueva, el único rincón del casco urbano que puede simular un escenario del siglo XIX y al que exprimen desde distintos ángulos.

La apuesta extremeña por el cine no se encuadra sólo en la localización, también es jugada de promoción. “En primavera y verano solemos atender a las producciones y sus necesidades porque es cuando se rueda; mientras que en invierno nos dedicamos a la divulgación”, explica Gundín, recién llegado de Berlín donde habló de las bondades de estos entornos para los proyectos cinematográficos y documentales. “Tenemos que promocionarnos. Extremadura es una región de cine, es un plató natural también con un gran patrimonio. La gente cuando viene se sorprende para bien”, añade a la par que recuerda que están en marcha dos proyectos británicos sobre grullas y corcho con un enfoque documental.

Producciones propias

La apuesta también pasa por la producción propia. Las ayudas a los largometrajes nacieron en 2005 y después de estar en 2011 congeladas volvieron el año pasado para ayudar a ‘De-collage. Un documental sobre Wolf Vostell’, de la Agencia Audiovisual Freak SL, que recibe una ayuda de 73.474 euros; y a ‘Ezequiel Fernández Santana, el paradigma de la innovación’, de Alberto Calvo Báez, que obtiene 25.426 euros y que comenzó a rodarse el pasado 23 de marzo. Hogaño se espera repartir 300.000 euros para largos, y 90.000 para cortos. “El desarrollo del sector cinematográfico es un fenómeno cultural, social y económico que no es indiferente a ningún estamento, ya sea público o privado”, recoge el Diario Oficial de Extremadura.

La creación de cortometrajes siempre ha sido más prolífica; las ayudas públicas en este caso existen desde 2000 pero son numerosos los proyectos independientes. Baste recordar que el cineasta cacereño Rubén García fue nombrado ‘Cineasta del Año’ en cortometrajes por el portal estadounidense Talenthouse, por un video grabado para un concurso del grupo Sigur Rós. El catálogo Jara, de la Filmoteca de Extremadura, es una muestra de la versatilidad de este género y así como del talento extremeño. “Tratamos de dar difusión al creador extremeño. Hay necesidad de exportar creadores”, subraya Antonio Gil, director de la Filmoteca de Extremadura, quien reconoce que existe una industria del cortometraje en la región, mientras que los largos con acento propio se encuentran en un punto más incipiente.

Un novio para Yasmina’ y ‘Zumo de limón’ son, quizás, los hitos en ambos géneros, al menos desde el punto de vista del reconocimiento de la industria. La primera película grabada íntegramente en Extremadura consiguió que su directora, Irene Cardona, estuviera nominada al Goya a Mejor Dirección Novel, además de lograr varios reconocimientos en el Festival de Málaga. El segundo estuvo nominado a Mejor Corto de Ficción. Ambos acabaron sin el ‘cabezón’, pero sí se lo llevó la película de animación ‘¡Qué vecinos tan animales!’ en 1998, bajo la dirección de Maite Ruiz de Austri, afincada en Extremadura donde creó una productora para dar vida animada a una cigüeña.

También tenía el deje de la tierra ‘Planes para mañana’, filme de 2010 en el que participaba una productora extremeña y que, rodada en Cáceres, acumuló una decena de reconocimientos en varios festivales nacionales además de dos nominaciones a los Goya. Y si hablamos de Goya hay que hablar de Reyes Abades, pacense especialista en efectos especiales con nueve premios de innumerables nominaciones. “Esta película va salir perfecta. Dicen que ha salido bien y lo repiten otra vez. De aquí a los Oscar….”, se escucha entre el gentío que acude puntual a las largas jornadas de rodaje en Serradilla. Son las cinco de la tarde, el sol está buscando cobijo tras los riscos y la escena hay que repetirla para que el cura disimule más su acento vasco.

20 años del Festival del Cine Solidario

Hablar de actores extremeños daría para otro reportaje. Una pequeña muestra: Alberto Amarilla y Bebe han estado nominados como actor y actriz revelación; la última además ganó el Goya a Mejor Canción Original por ‘La educación de las hadas’; el ya fallecido Luis Cuenca también consiguió un ‘cabezón’ y una nominación. Y hablar de festivales autóctonos sería también género de otro titular. Con la excepción, claro, del Festival de Cine Solidario de Cáceres, organizado por la Fundación ReBross, que acaba de celebrar su vigésimo aniversario siendo el más importante de Extremadura. 20 años de cine que se traducen en 65.000 espectadores, 250 películas y 100 premiados; las grandes caras del cine patrio han pasado por aquí. ¿Las últimas? José Coronado, Hugo Silva, Eduardo Noriega o Aída Folch. “Es un festival que ya tiene prestigio y repercusión. Además tiene galardones por su promoción del cine español y es el único que destina el dinero recaudado a proyectos solidarios y humanitarios”, explica Francisco Rebollo, director de la Fundación que trabaja por la promoción del cine. Y no sólo con el festival o con la creación del libro ‘Extremadura, una región de película’, fuente de inspiración por otro lado, sino con la revista ‘Versión Original’, también con dos décadas a sus espaldas.

Rodaje de 'Territorio de Bandoleros', en Serradilla. Foto: M.A.F.

Rodaje de ‘Territorio de Bandoleros’, en Serradilla. Foto: M.A.F.

¿Por qué es Extremadura una región de película? La pregunta se repite desde la concepción de este reportaje, primero en la mente, luego en las preguntas formuladas a los entrevistados y, finalmente, en el papel. Y volvemos a hablar de los hábitats, del patrimonio. Del norte y del sur. Del acá y del acullá. “Tiene un paisaje enorme”, remarca Rebollo. También porque tiene una Filmoteca, con diez años de vida y con un interesante trabajo de investigación y recuperación de archivos fílmicos, así como de difusión y proyección de películas en sus cuatro sedes. Su fondo cuenta con unas 1.700 entradas, a lo que hay que sumar una videoteca de unos 10.000 volúmenes y una biblioteca. Su nuevo proyecto, más allá de los ciclos de distinta temática, es un plan de recuperación de cine familiar y aficionado en ‘súper 8’. “Casi todo el mundo tiene cintas perdidas en su casa”, cuenta Antonio Gil, director de la Filmoteca de Extremadura. “Son documentos importantes de imagen en movimiento que hay que tener, se puede conocer mucho de Extremadura a través de estas piezas”, añade.

Como conocemos mucho de Extremadura a través de la película ‘Las Hurdes, país de leyenda’, recuperada por la Filmoteca y proyectada recientemente en Berlín donde levantó mucha expectación. En 1922 empezó el cine en Extremadura y su presente también pasa por ahí y por una cita el 17 de agosto para ver la presentación  de ‘Territorio de Bandoleros’. Y por los escenarios brillo de fotogramas. Porque el cine necesita imagen. Por favor, que nadie mire la cámara, ¡silencio!, Extremadura rueda.

Texto: Mª Ángeles Fernández

En Vivir Extremadura encontrarás información y noticias diferentes de Extremadura. (Reportaje publicado en el número 41 de la revista Vivir Extremadura).