Una historia ajetreada lleva aparejado un paisaje heterogéneo capaz de narrar en cada uno de sus rincones ese pasado. Es Extremadura un ejemplo de esto. Su historia, su ubicación, sus tesoros, sus necesidades… todo ha podido influir para que hayan pasado multitud de nombres por estas tierras, para que se hayan erigido auténticos símbolos de poder o instrumentos de defensa. Una mirada rápida sobre Extremadura nos hace ver decenas y decenas de fortificaciones, torres del homenaje, alcazabas, murallas defensivas… es un hermoso tablero desde el que la historia nos habla y nos invita a conocerla.

Merece la pena visitar Extremadura a la búsqueda de castillos y fortificaciones, muchos de ellos en pleno uso, ya sea privado o por las administraciones públicas, como pueden ser el Palacio del Comendador, que hoy es Parador de Turismo de Cáceres, o el Alcázar de los Suárez Figueroa, Parador de Zafra. Sin embargo, por ejemplo, nos encontramos con el impresionante Castillo de Piedrabuena de San Vicente de Alcántara, en la provincia de Badajoz, que permanece en uso privado. Este castillo, junto a las fortalezas de Alburquerque, Mayorga y Azagala garantizaba la seguridad del área comprendida entre los ríos Tajo y Guadiana en una zona como ésta tan próxima a Portugal. Otras magníficas construcciones han dejado pasar el peso de los años sobre sus almenas, barbacanas o torreones, pero se presentan, igualmente, orgullosas y altivas sabiendo de su pasado.

Medellín

Hay mucho que recorrer, mucho que conocer, pero elegimos y nos detenemos en Alburquerque. Allí, en lo más alto de un cerro rocoso se presenta el castillo medieval, del siglo XIII. Las inscripciones en portugués que aparecen en alguno de los lienzos de la muralla de Alburquerque apuntan a que bajo las órdenes del hijo del Rey Dionís, Alfonso Sánchez, pudo construirse el castillo. Nos dirigimos hacia el sur, seguimos rozando Portugal y llegamos a la ciudad de Badajoz. Allí podemos contemplar la mayor alcazaba de Europa. Sobre el cerro de la Muela, se levanta majestuosa la construcción del siglo XII, pero cuyos orígenes están en la cerca de argamasa de barro y ladrillo que hizo levantar, en el siglo IX, el fundador de Badajoz, Ibn Marwan. Hoy, podemos encontrar allí el Museo Arqueológico, la sede de la Biblioteca de Extremadura o la Facultad de Biblioteconomía y Documentación. Poco a poco se ha ido recuperando el espacio.

En Medellín, asomado al Guadiana, el castillo se levanta sobre un asentamiento romano. Precisamente, hoy en día es observador privilegiado del yacimiento arqueológico en el que se ha descubierto un teatro romano. Como emplazamiento envidiable entre los ríos Tajo y Guadiana nos detenemos en Trujillo. El recinto amurallado acoge siglos y siglos de historia. El castillo de época califal contempla innumerables construcciones que se elevaban mostrando el poder de cada nombre, como el alcázar de los Altamirano, el de Luís Chaves “el viejo” o el de los Bejarano, los Escobar…

También disfrutamos de una bella vista en el cerro desde el cual el castillo de Belvís de Monroy cuenta su historia. Asedios y asaltos y una enemistad permanente entre Hernando de Monroy, señor de Belvís de Monroy, y el otro Hernando de Monroy, señor de Monroy. Las piedras aún hablan.

Castillo de Belvís

Es esto sólo una muestra de la enorme riqueza histórica y patrimonial de Extremadura, una riqueza que no puede perderse bajo el peso del tiempo (…). De este modo, la voz de la historia seguirá indemne mostrando eternamente su poderío.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto