No viene de familia con tradición, pero ya de muy niña, Eva se “escapaba” de la piscina, donde jugaban y se divertían el resto de niñas, para ir a ver los caballos. Hoy, contemplarla a lomos de un caballo es rendirse ante la elegancia, la fuerza, la personalidad, el sosiego… que sólo se puede transmitir en una comunión perfecta entre el jinete y el animal.

Comenzó con el salto, pero la doma clásica ha elevado a esta amazona extremeña a altas cumbres: varias veces Campeona de España en SICAB, una de las citas más prestigiosas en el mundo del caballo; Campona en Ecumad; seleccionda para los Juegos Olímpicos; medallas en el Campeonato de España; Alemania, Italia… resultados nacionales e interna- cionales que, sin duda, la encumbran y la enorgullecen, pero no por ella sólo… Y llegados a este punto no puede evitar sonreír al nombrar a Atiza, “es un crack, aprendimos los dos juntos la doma clásica”, o a Cristiano, “otro olímpico… algo más deportivo que Atiza”. Vemos que Eva habla de los caballos como de compañeros de trabajo, compañeros suyos y de Ignacio Bravo, su pareja, y el que dirige una ganadería que hoy es una institución en caballos funcionales, la ganadería Solera Bravo. Ahí, entre sus ejemplares y los que llegan para ser preparados en la doma clásica, transcurren los días de Eva. “Suelo entrenar a ocho caballos al día; les dedico en torno a una hora de entrenamiento diario”. Le gusta personalizar sus caballos, entrenarlos y trabajarlos desde el principio, “desde potros”.

 

 

Y es fácil imaginarla con dotes psicológicas porque “cada uno, como las personas, tiene un carácter, un temperamento, cada uno necesita un trato especial, son como niños”. Los acaricia, los mira… “¿hablarlos?… no, hablarlos con palabras no, digamos que es un diálogo sino mudo, sí gestual, y así nos entendemos”.

La conversación con Eva es lenta, tranquila, arrastra a una especie de sosiego en el que parece que ella se mueve permanentemente, pero esto se consigue con un trabajo diario, porque la competición… es la competición, “y pone nerviosa sobre todo porque no depen- de de uno solo, sino de otro, depende de ti y del caballo. Así que antes de la competición, el día antes, me obligo a olvidarme de que voy a competir”.

La dejamos junto a Indio JT II. uno de sus actuales “compañeros” de trabajo diario. Envueltos en la luz de la mañana, Eva e Indio se alejan y, estamos convencidos de que, en silencio, se hablan.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografía: Álvaro Fernández Prieto