Ermita de la Luz, Arroyo de la luz (Cáceres)

Rodeada de charcas y por uno de los encinares más antiguos de Extremadura, la ermita de la Luz, en Arroyo de la Luz, Cáceres, se nos muestra majestuosa y barroca en medio de la voluptuosidad de una primavera que en la dehesa de Arroyo parece llamarnos más al disfrute de los sentidos que al recogimiento.  El primer lunes de Pascua, en la corredera de Arroyo, en un rito iniciático y a lomos de un caballo, los jóvenes arroyanos escenifican la victoria frente al infiel. Después, el segundo domingo de Pascua, la Virgen sale en procesión bajo las centenarias encinas. Junto a ellas van fluyendo los aromas de suculentos arroces con conejo que los romeros van regando con algún vino de pitarra de las viñas de La Mata.

 

Ermita Virgen del Carrión, Alburquerque (Badajoz)

En Alburquerque, Badajoz, a orillas del río Gévora, se alza en todo su esplendor barroco la ermita de la Virgen de Carrión, mandada edificar por Francisco de Carríon tras su victoria frente a los infieles allá por el siglo XIV. Es, sin duda más hermosas de nuestro recorrido. En el interior destaca la talla de la Virgen ocupando el centro de un policromado retablo barroco. En su exterior, impresionan las filigranas de la enorme balaustrada que rodea la parte alta de la construcción.

 

Ermita de Nuestra Señora de Chandavilla, La Codosera (Badajoz)

Estamos ya cerca de La Raya con Portugal. En La Codosera se alza el más reciente de los Santuarios extremeños, el de Nuestra Señora de Chandavila, que con una arquitectura elegante y austera parece estar dando la bienvenida a los que por estos parajes fronterizos se aprestan a pasar. Fue en 1945, el 27 de mayo, cuando –cuentan- la Virgen de los Dolores se apareció sobre un castaño centenario a dos niñas de La Raya, a Marcelina y Afra. Desde entonces, el último domingo de mayo, peregrinos portugueses y extremeños sacan en procesión, en medio de un lugar sobrecogedor de espesura boscosa, a la que llaman la Señora de Negro por ser éste el color del manto que la arropaba en sus apariciones.

 

Ermita de Alta Gracia, Garrovillas de Alconétar (Cáceres)

También es en septiembre, terminadas ya las cosechas, cuando los garrovillanos acuden en romería hasta la ermita de Alta Gracia. Una sólida edificación porticada en toda su extensión, en la que destaca la labor de canteros y la de los maestros de la forja. En el interior, la estilizada belleza gótica de su crucería abovedada da cobijo a un hermoso retablo barroco donde se encuentre el camarín de la Virgen que data, como la ermita, del siglo XV.

 

Ermita de Nuestra Señora del Campo, Aliseda (Cáceres)

Más al sur nos encontramos con la Sierra de San Pedro. Aquí, en medio de una naturaleza bravía donde crecen enormes alcornoques, y sobre un privilegiado otero, se encuentra la ermita de Nuestra Señora del Campo. Se trata de una construcción sencilla, hecha de pizarra, enfoscada de argamasa y encalada de un blanco luminoso al sol del mediodía. En su interior abovedado, una talla de madera policromada de la Virgen sentada con el niño en brazos de estilo románico-gótico. Cuenta la leyenda que la imagen se apareció, en medio de la desazón, a un joven carbonero procedente de la cercana población de Aliseda, Cáceres. Las lluvias tempestuosas le impedían encender su carbonera. Cuentan que ese día, y tras la visita de la Virgen, escampó, y que el humo que comenzó a fluir de la carbonera tomó forma de manto blanco y acompañó a la Virgen en su regreso al cielo. Desde entonces, cada martes de Pascua, los aliseños llevan a su patrona en andas adornadas de flores silvestres desde la dehesa de los Hitos hasta la iglesia parroquial de Aliseda. Allí permanece quince días. Pasadas dos semanas, y en medio de una multitudinaria romería, entre vítores y cantos, la Virgen del Campo inicia su regreso a la bellísima dehesa de los Hitos.

Texto: Lucas Riolobos

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto