La bota de peleón / de mano en mano corría / toda la gente bebía / menos el pobre Simón…”. Sí, esta es la forma de comunicarnos, por qué no. La música, la tradición, el folclore… A golpe de tamboril.

Dicen que siempre estamos alegres, que la alegría del tamborilero es causa de envidias. ¡Cómo no! Sin alegría no se hacen las cosas bien y la música bien lo merece.

Pudieron ser los juglares, sí, los antepasados que portaran flauta y tamboril, a la vez que ritmo, música y sentir. Contemplen sino las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio. De allá, por el siglo XIII, llegan los ecos.

Cuentan que el Renacimiento traslada la flauta y el tamboril a las capillas cortesanas. Luego, nuestro Emperador, el primer europeísta, Carlos V pide que alguien muestre danzas y bailes en la Corte.

 

Álvaro Fernández Prieto

Después, se democratizaría. El tamborilero se acerca a los pueblos, a las fiestas, a las romerías, a las procesiones…  Aún recuerdo, yo de niño, el sonido del tamboril y la flauta, en la procesión, en el pasacalles… y luego, en la era, a la luz del carburo o a la luz del candil… el baile.

“Mira novio por la novia / mira si miras por ella / para darle mala vida / déjala moza y soltera…”.

Antes, el tamborilero era el cabrero. Tenía tiempo y la flauta se la hacía él… Aún recuerdo el hermoso sonido que salía de la dulzaina que se hizo el Tío Chifla, el cabrero.

La flauta extremeña se parece a la gaita charra. Tiene tres agujeros y está hecha de madera, de hueso o de cuerno… A partir de ahí, el sonido: la ronda, la alborada, la jota, el perantón, el pindongo…

El tamboril está hecho de madera con una piel de cabra o de oveja. En la zona de Badajoz y del Alentejo portugués, el tamaño del tamboril varía, puede ser de grandes dimensiones.

¡Escuchen, escuchen…! Con la baqueta se golpea, de abajo hacia arriba, con movimientos de muñeca y un ritmo rápido. A veces, miren, golpeo en el arco y consigo otros sonidos, escuchen.

Anda diciendo la gente / que tienes un olivar / y el olivar que tú tienes ¡Ay! / es que te quieres casar. / No te apures mi serena / que ese novio llegará / y aunque no tenga dinero / contigo se casará…”

Que no muera este sonido, que retumbe de norte a sur. Hoy aún lo podemos escuchar en el Oeste de la península siguiendo al Ruta de la Plata, de León a Huelva; en Portugal, de Tras Os Montes al Algarve; en la zona Pirenaica Aragonesa; en Ibiza… Que no muera este sonido.

No son muchos. Les gustaría ser más, pero la pasión y el amor por la música y el folclore colman cada golpe de tamboril y cada soplo en la flauta. Es mucha la historia de esta figura que aún hoy acompaña las procesiones, las romerías, las fiestas y los torneos. “¡No, no! No podemos estar en peligro de extinción -dice Anselmo Toribio- pero sí queremos que se sumen más niños, más jóvenes”. Es la forma de dar vida a un folclore que ya pusieron en valor nombres como García Matos o Bonifacio Gil. Según datos de Bonifacio Gil, en 1956 se podrían llegar a censar hasta 12.000 canciones del folclore extremeño. Pero escuchen, llega el verano, llegan las fiestas del Emigrante, llega el baile, llega la procesión y el fervor. Escuchen. Ya hablan la flauta y el tamboril…

Texto: Mari Cruz Vázquez

M.A.F.

 

Antonio Moreno

 

Antonio Moreno

 

M.A.F.