Luisa Díaz Liviano dedica su vida a un trabajo artesanal que conoce desde niña: el arte del mosaico. Su padre, Juan Antonio Díaz Pintiado fue restaurador y en sus ratos libres elaboraba estas piezas. “La realización de mosaicos no era su profesión, fue maestro del taller de mosaico en la escuela de arte” –señala Luisa–. Sin embargo, a pesar de tener el maestro en casa, se formó en la escuela de arte. Profesionalmente, se lanza a los veinte años cuando surge en Mérida la necesidad de formar un equipo de personas para colocar y restaurar los mosaicos del Museo Nacional de Arte Romano. Luisa forma parte de este equipo durante los cinco años que dura el proyecto. En 1990 finaliza ese trabajo y es entonces cuando comienza a rondarle la idea de montar su propio taller. No partía de cero, tenía el taller familiar en la calle Alameda de Mérida, en la casa que la vio nacer. Así surge, hace ya 16 años, Ex Officina Antea.

El primer reto no fue modesto: había que decorar la Plaza de Extremadura en Leganés. Estaba proyectado realizar varias réplicas de piezas de museo y un gran mosaico –apunta Luisa–. Ella es la responsable del montaje y la restauración de un mosaico para el Museo Provincial de Cáceres, o de reproducciones como el Obelisco de Santa Eulalia de Mérida o el “Árbol de la Vida” que la Asamblea de Extremadura regaló al Príncipe de Asturias en su visita a Mérida en 1996.

El taller Ex Officina Antea se dedica a la realización de mosaicos, a su restauración y a hacer reproducciones de pequeño formato: “somos los abastecedores de la tienda del museo y la tienda del consorcio de la ciudad de Mérida y hacemos reproducciones de gran formato casi siempre todo de época clásica” –precisa–. Trabaja prioritariamente por encargo directo del cliente, y al respecto añade: “no hay un público concreto. Aunque pueda parecer que es un trabajo para una clase social alta, no lo es”.

Luisa ha sido durante años la única mosaista profesional registrada en Extremadura (actualmente hay otra persona) y es secretaria de la asociación de artesa- nos de Mérida. Dentro del mosaico hay varias técnicas, Luisa utiliza la del negativo. Explica: “yo he sido alumna de mi padre y sigo la que él me ha enseñado, la técnica indirecta o en negativo”, la misma que enseña a sus alumnos. Primero se hace un dibujo sobre la pieza que se va a trabajar, un dibujo que se hace al revés de como se desea el resultado final, como el negativo de una foto. Ese dibujo se prepara sobre una superficie lo más plana posible, normalmente un tablero, y sobre él se van pegando con cola de carpintero, una a una, cada una de las teselas que van conformando la composición, teselas cortadas a mano partiendo de un núcleo. Luisa aclara: “No hay nada pintado, es el color de la piedra natural, por lo que hay que conseguir una gran variedad de colores, bien comprando mármoles de diferentes tonos o calizas, areniscas, o saliendo al campo a buscar colores que te puedan servir a la hora de realizar el dibujo en piedra”.

Se utiliza cerámica y en algunos casos pasta vitria (similar al cristal), que ya se utilizaban en el mundo romano. Una vez que se completa ese trabajo en negativo, se pasa a la verdadera consolidación del trabajo que consiste en verter encima una argamasa de cemento y arena. Cuando pasan tres o cuatro días y el trabajo está seco, se le da la vuelta y vemos el positivo del mosaico. Con agua y un cepillo se eliminan los restos de papel y de cola. La técnica es sencilla, al igual que el instrumental que se utiliza, únicamente un yunque y un martillo. Sin embargo es un trabajo laborioso que exige mucha dedicación.

Para minorías

El gusto por el mosaico no atiende a estereotipos ni clases sociales. “Hasta hace unos años –comenta Luisa– nadie sabía de qué se trataba. Actualmente, yo creo que han hecho una gran labor de divulgación tanto el museo como los medios de comunicación”. A lo largo de la historia el mosaico ha sufrido altibajos, y completa: “hay veces que se pone de moda, como ocurre en la actualidad, y otras, cae y casi desaparece”. El mosaico hoy está de moda porque se está recuperando para la decoración, aunque Luisa recalca “no es una artesanía que llega a todo el mundo. Eso sí, al que le gusta el mosaico le gusta con locura, pero reconozco que es un arte de minorías”.

Texto: Patricia Hernández
Fotografias: Álvaro F. Prieto
Agradecimientos: Luisa Díaz Liviano, su hermana Lali y José Antonio Díaz Pintiado

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