El aire mece las agotadas ramas de los eucaliptos que los monjes capuchinos plantaron en los primeros años del siglo XX. Sus raíces, recias y penetrantes, han perforado los pavimentos, resquebrajando los paseos de piedra y agrietando los erosionados muros de los pórticos monásticos. La lluvia que arrecia sobre las techumbres también se ha filtrado a las ancestrales dependencias, así como el agua de los arroyos, que desciende de la agreste Sierra de Tormantos, serpenteando junto al edificio, socavando sus cimientos y la estructura del antiguo cenobio. Es el inexorable paso del tiempo, el mismo que acuciaba al emperador Carlos V en su vejez y que ahora amenaza el lugar que acogió sus últimos años de vida, el Monasterio de Yuste.

Hoy Patrimonio Nacional y el Ministerio de Vivienda emprenderá la tarea de rescatar su esplendor originario, una apariencia que a lo largo de los siglos se vio desafiada por los avatares de la historia, secuelas trágicas como las provocadas por la ocupación napoleónica, cuyo ejército arrasó el edificio, o el desahucio originado por la Desamortización de Mendizábal.

 “Sin duda -nos recuerda Francisco Javier Pizarro, delegado de Patrimonio Nacional del Monasterio de Yuste– si el monarca no hubiera elegido este lugar como último refugio en su agitada vida, el monasterio sería posiblemente una derruida y desolada edificación”, a penas una recóndita huella de antiguos muros que alguna vez acogieron a penitentes eremitas que querían estar más próximos a Dios. Pero sólo dos años, los que un envejecido emperador habitó el lugar, sirvieron para convertirlo en una de las joyas de nuestro patrimonio histórico, cultural y religioso.

Las obras se prolongarán durante año y medio, y permitirán remozar la cubierta del monasterio para impermeabilizar el conjunto arquitectónico; se consolidarán muros para evitar derrumbes, algunos del siglo XVI; se reforzarán los cimientos para evitar las corrientes subterráneas de agua. Y además de las infraestructuras básicas, se acondicionará un espacio para la Academia Europea de Yuste, un compromiso pendiente con la Junta de Extremadura desde el año 2006, y se habilitarán dos celdas para acoger a la Casa Real.

Otra actuación importante es ampliar los espacios para la recepción de los visitantes -más de 120.000 anuales-, la construcción de una cafetería, reorganizar y ordenar la zona de aparcamientos y acondicionar las zonas ajardinadas. Los espacios museográficos serán los mismos, aunque, atendiendo a la demanda y sugerencias de numerosas personas a las que la visita se les hacía corta, se pretende ampliar el recorrido expositivo, permitiendo el acceso al claustro gótico, hasta ahora reservado a la Orden Jerónima. La comunidad religiosa seguirá utilizando el claustro renacentista, se les instalará una consulta geriátrica, se acondicionará la cocina y el refectorio y se les garantizará absoluta independencia para su actividad monacal.

Concluidos los trabajos, la visita se iniciará por la parte más antigua, que sería el claustro gótico, continuando por la iglesia, el coro (hasta ahora no abierto al público) y la cripta, donde permaneció el cuerpo del monarca hasta su traslado al Escorial, concluyendo el recorrido en el palacio del Emperador y sus jardines. Un espacio expositivo que, en palabras de Pizarro, ampliará y dará más sentido a la visita.

También, para evitar alterar el espacio museográfico permanente, se ha habilitado una sala para exposiciones temporales. Una ampliación que también afecta al contenido, incorporando obras procedentes de los Reales Sitios, como La Granja o el Palacio Real.

Un convenio futuro con el obispado de Plasencia permitirá incorporar elementos originarios del monasterio, algunos depositados en las iglesias de algunas poblaciones extremeñas como Majadas, Serrrejón o Cuacos, que se integrarían a la sala que ocupa la sacristía, destinada al arte religioso y a elementos litúrgicos de la Orden Jerónima. Un ejemplo es la casulla del siglo XVI, cedida por la parroquia de Cuacos de Yuste, y agregada a la exposición permanente. También se expondrán obras del siglo XIX que reflejen la figura del emperador, una muestra de la azulejería del monasterio, adicionada en los siglos XVI y XVII, así como dioramas, paneles y elementos audiovisuales que detallarán la historia y arquitectura del edificio desde sus orígenes.

 

Cripta donde permaneció el cuerpo de Carlos V hasta su traslado a El Escorial

Un proyecto futuro, externo al monasterio, pero vinculado a la figura de Carlos V, es la creación de una casa-museo en la vivienda que ocupó Don Juan de Austria durante su niñez, hijo natural del Emperador y de Doña Bárbara Blomberg. Actualmente es una construcción que acoge la sede de la Mancomunidad Intermunicipal de La Vera, en un excelente estado de conservación. Ahora, supondrá una extensión aneja a la visita al Monasterio, con objetos y elementos relativos a la época de este personaje histórico.

El delegado de Patrimonio nos recuerda que Carlos V buscaba un lugar apartado de la Corte. Poseía Casa Real en Guadalupe, pero la proximidad de esta población a Toledo, menos apacible para sus anhelos penitentes, y las recomendaciones de su consejero, el placentino Luís de Ávila y Zúñiga, le inclinó por Yuste. Además, no le quedaba lejos de Portugal, donde tenía importantes intereses dinásticos con su hija Juana de Austria. Lo que nunca previó el monarca y su consejero es que el tortuoso viaje y el lugar escogido precipitarían su muerte. Estudios médicos actuales dibujan un cuadro clínico nefasto, intensificado por el largo viaje. Y aunque siempre se ha destacado la gota como enfermedad más evidente, serían las fiebres palúdicas las que desencadenarían el fallecimiento del monarca. Un endemismo de la zona, con arroyos y un estanque muy próximo al palacio como principales focos infecciosos. Tal vez, para erradicar la propagación de esta enfermedad, los antiguos monjes a plantaran los eucaliptos que se yerguen dolientes en los paseos del monasterio. Y tal vez sean los últimos: desde los años 1980 no se han vuelto a plantar en los campos de Extremadura.

No sólo los monjes han abandonado temporalmente el monasterio, durante años una importante colonia de murciélagos encontró entre los viejos muros el entorno adecuado para su pervivencia; algunos, incluso, hibernaban en las antiguas cocinas. Son miles de murciélagos de herradura, una de las mayores colonias de Europa, para los que se ha creado, con fondos europeos, un espacio con las mismas condiciones naturales, reubicándolos en las galerías de una antigua mina de agua. Un proyecto pionero utilizando el guano de los propios animales para atraerles a su nuevo hábitat.

El aspecto general del monasterio, tal vez no así su entorno natural, ha mudado a lo largo de la historia y siempre influido por el interés moral o político de diferentes monarcas y gobiernos. Obras, reformas, modificaciones, desalojos, destrucción y abandono ha sufrido el conjunto arquitectónico durante siglos. Una memoria que se inicia cuando sólo era un pequeño convento, con una capilla y dos celdas. Felipe III, nieto del emperador, sería uno de los primeros monarcas en realizar obras de restauración durante el año 1602. Posteriormente, Felipe IV, en el año 1657, renovará la cubierta, consolidará la estructura con la incorporación de nuevos elementos arquitectónicos configurando así la imagen actual.

 

En el verano de 1809, durante la ocupación francesa, sería saqueado y arrasado por las tropas napoleónicas. Subastado y vendido en 1838, sería reutilizado como almacén de madera. El coro de la iglesia se empleó como secadero de capullos de seda. También se instalaron telares y hornos para fabricar ladrillos y tejas. En 1857 se acometen nuevas reparaciones y 60 años después sería abandonado. En 1931 es declarado “Monumento Histórico Artístico” y en 1941, donado al antiguo Ministerio de Educación Nacional.

Es en 1958 cuando se realiza una nueva restauración, y en los años 1999 y 2001 vive otra reconstrucción rescatándose antiguas dependencias. La gestión del monasterio, regido por los monjes Jerónimos, fue transferida a Patrimonio Nacional en el año 2004, aunque los sucesivos convenios con la comunidad religiosa la prorrogarían hasta el año 2006, en que la titularidad se traspasa definitivamente al Estado, asignando una subvención económica a la orden para su sostenimiento. Junto al Monasterio de Segovia son los únicos que acogen a esta congregación religiosa.

El sonido de la montaña es ahora el único que ocupa los espacios del monasterio: el aire que devanea entre las columnas de los claustros y galerías, la lluvia que se filtra por los resquicios de los muros o el fragor de los arroyos. El mismo eco que percibía el Emperador mientras atendía sus oraciones o al paso de las horas de los numerosos relojes que se repartían por las dependencias de su palacio y que, a instancias suyas, el ingeniero Juanelo Iturriano se afanaba en que dieran las horas al unísono.

Los eucaliptos custodios están a punto de morir. Sin embargo, el Monasterio de Yuste recuperará su magnificencia, aunque esta vez como un importante recurso turístico para impulsar la comarca de la Vera, sin olvidar que seguirá siendo una importante referencia social y cultural para fomentar la cohesión europea desde tierras extremeñas.

Abandonamos el monasterio con la incertidumbre del regreso de los frailes Jerónimos. Algunas voces nos indican que el futuro del monasterio pasa por una nueva congregación, algo sobre lo que ya trabajan las autoridades civiles y religiosas.

Texto: Roberto Machuca

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

Agradecimientos: Francisco Javier Pizarro Gómez: Delegado de Patrimonio Nacional del Monasterio de Yuste