El turismo fue la primera actividad agradable que nos abrió a Europa. La otra, por desgracia para medio millón de extremeños, la emigración forzosa. Los españoles sabían de otras realidades por comedias de Rock Hudson o los primeros campeonatos del Real Madrid. Hoy las nuevas tecnologías de la información nos permiten sustituir las estáticas postales por la televisión en alta definición o una cámara web que te regala hasta vista de pájaro. Pero, pese al avance y globalización del conocimiento, el turismo sigue liderando, no ya un escaparate, sino una amalgama de sentidos que invita al humano a no limitarse como receptor pasivo de emociones audiovisuales. El siglo XXI te incita a protagonizar tus propias aventuras, recorrer los senderos de la historia, apreciar sus aromas y sus sabores, e incluso narrarlos tras cada jornada en un blog o cuaderno de bitácora que enriquecen los demás.

La secuela de esas retransmisiones deportivas, que uniforman aún más al mundo cada cuatro años, o cada semana al futbolero, extiende el auge del turismo deportivo. El deporte mueve en Europa 407.000 millones de euros, un 3,7% del PIB. Quince millones de personas trabajan en cualquiera de las ramas de este sector, desde las actividades recreativas, la medicina o el mercado del ocio. Se crean complejos hosteleros, incluso donde no hay agua, vinculados al golf; promociones portuarias se concentran en organizar Copas de Vela; y los próximos Juegos Olímpicos y el Campeonato Mundial de Fútbol serán en Brasil porque ha tomado del deporte, de sus futbolistas y del culto al cuerpo en sus playas un signo de identidad para desnivelar esas decisiones, o para que innovadoras empresas hortofrutícolas de las Vegas Altas exporten allí nuestra nectarina del Plan Badajoz por las cualidades para recuperar la actividad física que atesora su carne.

El Barón de Coubertain combatió el nacionalismo dividiendo el mundo en cinco anillos, entrelazados, coloreados por las cinco razas primigenias de este mundo mestizo. Y es “El Anillo” en una extensa Extremadura que rompe sus estereotipos con promociones como “Somos Agua Dulce”, una moderna seña de identidad que simboliza una nueva época. El Anillo se divisa desde el cielo como un círculo, cuyo interior alberga cinco mil metros cuadrados, camuflado entre árboles. Conjuga arquitectura de vanguardia, tecnología y desarrollo sostenible entre la naturaleza: De su diseño original llama la atención que su cubierta sirva como pista de atletismo, construida con materiales de vanguardia, que servirán para estudiar pisadas, calzado, pies y pavimentos. En su ubicación, una isla dentro del embalse Gabriel y Galán de Cáceres, se extienden 240.000 metros cuadrados de arbolado y senderos, que se desvirgaron para acoger un campeonato mundial de Triathlon Cross.

 

Foto: Vivir Extremadura

Extremadura cuenta con 3.500 kilómetros de costa interior. Sólo el pantano bautizado con el poeta castúo ocupa 4.683 hectáreas. Este marzo la Diputación de Cáceres ha botado el “Balcón del Tajo” para observar aves y flora a través de la frontera que dibuja ese río con Portugal. Cinco pueblos bañados por Alqueva definen su oferta conjunta entre toros, dehesas, pesca, deportes naúticos o castillos junto a otros siete portugueses. Y el Guadiana, cuyos embalses están hoy al 90% de su capacidad, regala un abanico de colores con la floración de sus frutales en las Vegas o el vuelo de las grullas en sus humedales.

Pero el Centro Internacional de Innovación Deportiva en el Medio Natural representa el espíritu activo que encierra el deportista frente al espectador. En sus oficinas y sus exteriores se atesoran los cinco elementos que conforman la propia vida (agua, tierra, aire, fuego, y la pasión de quienes lo humanizan) necesarios para crear iniciativas deportivas, herramientas y materiales, servicios de ocio y tiempo libre inclusivos, formación, empleo, dentro de una estrategia de desarrollo territorial en una periferia rural. Sólo en ellas se puede hoy crear porque las ciudades están colapsadas y porque el individualismo impide la cooperación, otra de sus señas para avanzar en la investigación y el desarrollo del sector, de la idiosincrasia de una Extremadura que aún es comunidad o barrio, no sólo urbanización.

Esos cuatro elementos -junto al amor- conforman la vida y no tienen patria. Los ríos, como los incendios, tampoco se paran cuando llegan a la frontera. En Extremadura, para lo bueno y para lo malo, se conoce bien. Sólo la cooperación entre España y Portugal mantiene el patrimonio natural porque el viento jalea la muerte, o la vida, de una tierra común. La sapiencia colectiva iluminó a quienes recurrieron al Tribunal Constitucional para impedir que los ríos se troceen; ahora sólo falta que la licencia de un deportista (desde la pesca a la de un caballista, de un cazador o un triatleta…) sea tan universal como el espíritu que inspira al anillo; a los anillos que simbolizan los JJ.OO.; tan global y tolerante como el deporte que marca reglamentos únicos para ser universal, para que todos participen o compitan; como el turismo que viene y que va, que recorre caminos para entrecuzar culturas, y que no conoce fronteras por propia definición.

El anillo representa el matrimonio con un estilo de vida donde nadie sobra, todos somos necesarios. Hemos sido tan pocos para tanto territorio que nunca reparamos en balizar sus puertas sino en abrir ventanas. Esos elementos que sólo combinándose entre sí, cooperando, logran el equilibrio de la perfección. La sostenibilidad es la esencia para la vida, el centro de la energía hasta llegar a esa utópica meta. El Anillo no sólo ofrece un símbolo sino un circuito tan cíclico como la propia historia de la humanidad. Pero cada vuelta a su circunferencia será distinta, más rápida, más excelente o perfeccionada. El medio millón de emigrantes enseñaron a esta tierra que correr más lento al principio de cada carrera no siempre condena a perderla. Esa energía perdida durante años retorna hoy con sus hijos o nietos. Se han convertido en pioneros y embajadores de una tierra empecinada en borrar fronteras de tanto sufrir por defenderlas. Son miles de pisadas que marcan un paso colectivo, a quien cae se le espera y se le levanta para continuar, para seguir disfrutando de dar una vuelta para Vivir Extremadura.

Texto: José Luis Lucas Rodríguez. Periodista y politólogo