Daniel Muñoz SAN, grafitero internacional de Moraleja (Cáceres)

Hace quince años, SAN pintaba a escondidas en las paredes de su pueblo, Moraleja (Cáceres), por diversión, como tantos otros chavales. En la actualidad, es un artista de la pintura mural reconocido internacionalmente que puede vivir de su arte. Pincel en mano y paleta en ristre, como si de un Miguel Ángel urbano se tratase, decora las fachadas de las capitales de medio mundo.

Grafiti y arte son dos palabras que a juicio de muchos no deberían ir en la misma frase. Al contrario que la mayoría de los grafiteros, SAN no usa un spray para plasmar su obra y sus composiciones se asemejan más a un trabajado lienzo de proporciones colosales que a una vulgar pintada. “Hace seis años que no toco un spray, prefiero los pinceles y la pintura plástica por razones estéticas y también por salud. Es una manera más íntima de trabajar, me gusta tocar la madera y sentir la superficie que voy a pintar a través del pincel. Procuro trabajar con el entorno, sin modificarlo demasiado”.

En su estudio de Moraleja (Cáceres), detalla los pormenores del oficio, de lo lejos que está de un pintor al uso, tanto por los espacios en los que trabaja como por la accesibilidad a su obra, que es total y gratuita. “Lo que más me gusta de trabajar en la calle es que abandonas la seguridad del estudio. No eres dueño de nada y estás expuesto a los elementos y al contacto con la gente. Hice un edificio en Miajadas hace tres años que mide cerca de 22 metros. Es un ejemplo de la parte obrera de todo esto, estás subido en un andamio, con el bocadillo, oyendo los ruidos de la calle… Muchas veces tienes que bajar a ras de suelo para mirar el edificio desde lejos y ver como va quedando. Es muy interesante, me ha pasado de todo”.

Entre risas, Daniel nos cuenta que las reacciones a su obra son como mínimo variopintas y que no dejan indiferente a nadie. “En estos diez años me ha pasado de todo, hay señoras que al verme en el andamio en invierno me han sacado un colacao o un bocadillo por la ventana. Y lo contrario, me han tirado vasos y cubos de agua también”.

Miajadas

Una década de viajes pintando en ciudades como Londres, Rio de Janeiro, Moscú o San Francisco ha hecho que SAN reflexione sobre su obra y lo que representa decorar un espacio público, muchas veces sin el consentimiento de los viandantes. Como contrapunto a esta situación, señala que le gusta mucho hablar con la gente cuando está pintando y discutir sobre el tema. “El hecho de viajar a un sitio y dejar algo tuyo me interesa muchísimo. De alguna manera, estas imponiendo un discurso a todo el que pasa por allí, un intercambio cultural de una forma muy directa. No se trata sólo de llegar y pintar un mural gigantesco en una plaza. Busco un choque cultural a nivel conceptual. Con el tiempo he aprendido a hacerlo con respeto, no en el sentido de bonito o feo sino respetando las formas naturales de los espacios. Si encuentro una pared que está llena de moho, no pinto encima, trabajo con el moho (risas)”.

Comentamos con SAN lo polémico de pintar en público y la “leyenda negra” que arrastra el arte del grafiti. “El problema de los grafiteros es que, mediáticamente, se nos identifica como a un colectivo. No se habla de la identidad individual de cada uno, como si no hubiera una voz propia. Siempre se ha visto como algo marginal y ha habido muchos intentos de mediatizarlo”.

En la actualidad SAN reparte su tiempo entre la pintura mural y una nueva colección que puede dar un giro a su obra. Está muy metido en el estudio, tanto es así que las paredes de su luminoso refugio, situado en la plaza del pueblo, están forradas hasta el techo con bocetos para su próxima exposición. De casi cualquier lugar brotan apuntes con axiomas del mundo del arte y libros con páginas subrayadas. “Ahora mismo estoy en un momento un poco extraño. Llevo trabajando en la calle muchos años, volver al estudio para preparar una exposición es una sensación totalmente diferente. Si trabajo en espacios cerrados me sale una pintura muy formal”. En efecto, los trazos verticales y la precisión milimétrica de su nueva colección recuerdan mucho al dibujo técnico de la arquitectura.

“El cuadro que tengo a mis espaldas es la matriz de mi próxima serie”, dice señalado un lienzo de cuatro metros que dibuja lo que parece ser el horizonte de una megaciudad futurista con hileras de gente bajo la misma. “Trato de representar las experiencias que te ocurren cuando trabajas en la calle e intervienes en un espacio público. Recuperar un poco lo que no se ve en las obras que he hecho hasta ahora; la gente que te mira cuando estás pintando no son críticos de arte, sino personas de todo tipo, los edificios menos populares, el público, los símbolos, la cara B de una ciudad en definitiva”.

Cartagena

Después de analizar la temática de la exposición, caminamos por las calles de Moraleja con la intención de visitar los primeros trabajos de SAN. Llegamos a una pared de bloques de cemento salpicada de caricaturas con los héroes de la infancia de Daniel; el Inspector Gadget, los Masters del Universo, los Pitufos…no falta ni uno. “Esto lo pinté hace ya bastantes años, son los dibujos animados de mi infancia. Esta pared está de camino al colegio del pueblo y los niños suelen parase a menudo. Al ochenta por ciento del pueblo le gusta lo que hago. Casi siempre pinto en sitios muy deteriorados y no suele haber problema”.

Pintura Mural de Daniel Muñoz SAN en Moraleja

Moraleja

Texto: Javier Antón
Fotografías: Rocío Gallardo y SAN

Puedes ver la entrevista completa en www.vivirextremadura.tv