Pepe Corona, Miniaturista

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Pepe vive en Malpartida de Cáceres, es medio pensionista y trabajar en su taller es la única forma que tiene de viajar en el tiempo y sumergirse en el universo de su infancia. Los recuerdos de su niñez se convierten en realidad a través de miniaturas de las típicas viviendas pastoriles de los años 40. Además de chozos fabricados a partir de juncos, hay toda una suerte de enseres y cachivaches propios de la ganadería de la época; taburetes de corcho, chocitos para los mastines del pastor, cercas hechas con redes, gallineros, zurrones…

Su taller es minúsculo, una cochera con un vehículo en el medio en la que Pepe reparte su tiempo. Le pregunto si lleva mucho tiempo trabajando en este tipo de artesanía y me cuenta que bastantes, – unos 12 años, sabe usted? aunque la afición me viene desde que era chico. He sido pastor toda la vida mis padres han sido pastores toda la vida, al igual que mis abuelos y bisabuelos. La familia de mi madre también. Cuando mi padre se jubiló tuve que hacerme cargo de las ovejas. Me han salido dientes junto a ellas, como suele decirse. Cuando yo era chico, todo lo que ve usted aquí lo hacíamos a tamaño real.-

Observo que Pepe posee varias clases de este tipo de construcciones, hay una que me llama la atención particularmente, es un chozo que tiene forma de media luna ligeramente alargada. –Éste tiene 4 piezas y es de tamaño mediano, a tamaño natural serían unos 6 metros de ancho por 8 de largo, más o menos. Está hecho para ser movido de un sitio a otro de la finca. Se desmontaba y lo cargábamos en un carro o en una carreta. Es una vivienda de la época, yo he vivido junto a mi familia en uno de estos cuando era pequeño. En cambio, este otro más pequeñito, al que yo llamo chozuelo, se destruía para aprovechar los materiales cada vez que había que cambiarlo de sitio. Es bastante más pequeño e iba junto con las chancillas y las redes. Las redes servían para encerrar al ganado por las noches y en el chozuelo dormía el pastor para estar atento a los lobos o a lo que fuera-, comenta mientras juguetea con la red. Observo que cerca del pequeño chozuelo donde pernoctaba el pastor, hay otros dos chocitos aún más pequeños y fabricados del mismo material. Uno de ellos tiene dos pisos, de la planta superior asoman huevos de gallina. Pepe nos mira y sonríe: Eso es un gallinero con dos pisos, como puede usted ver, el de arriba era el ponedero y el de abajo para todo lo demás. Lo que está a su lado es una perrera, ahí dormía el mastín que vigilaba las ovejas por si acaso venían los lobos, era una forma de proteger el ganado por la noche-.

Encima de la mesa tiene un chozo enorme sin terminar y, mientras va confeccionando la techumbre, describe el proceso el proceso de creación de estas viviendas tan singulares. -Primero le hago una estructura de metal llamada lata y luego los visto de juntos que recojo del campo. Los juncos tienen que estar verdes y, si no lo están, los mojo con agua para darles forma. Una vez que han cogido la forma que ve usted aquí, dejo que se sequen hasta que se quedan con la apariencia que tienen actualmente. Si no se hace así, se caen enseguida. Tardo unas cinco horas más o menos en lo que es montarlo-. No puedo evitar preguntarle por la calidad de vida de aquellos tiempos, ya lejanos, en los que él vivía en ellos y los construía a tamaño natural, – buuff, precisamente lo estaba hablando con este señor hace un ratito. Si tuviéramos que volver para atrás ahora no lo íbamos a pasar muy bien pero antes tan felices que éramos-.

Fotografías: Rocío Gallardo

 

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1 comentario

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