Paco León, Actor

 

Ojos azules, muy redondos o muy abiertos… ojos, en todo caso, capaces de sorprenderse día a día. Y no son los ojos del Luisma, son ahora unos ojos potentes e inquisidores, propios de alguien que lucha y que sabe de su fuerza. Sí, son los ojos de Paco León, pero ya los imaginamos maquillados con las luces y las sombras de la guerra y la paz. El joven actor está ya sintiendo el poder de Lisístrata de Aristófanes, esa mujer que se planta ante un mundo de hombres para luchar por la paz. Levanta la voz, une a las mujeres y decide declarar huelga de sexo. Un modo de presión ideado por Aristófanes y que no ha sido superado aún. Lisístrata, con el cuerpo y la fuerza de Paco León, se adueña del Teatro Romano de Mérida. Una extraordinaria apuesta bajo la dirección y versión de Jérôme Savary y de Joaquín Oristrell. Una obra de mujeres, representada por hombres… “No –nos dirá Paco León- hay un coro de mujeres, porque son mujeres”.

Nosotros esperamos al actor, días antes, cuando prepara la representación. “Llegará corriendo, porque siempre corre, siempre va con prisa, tiene algo de hiperactivo” nos dicen. Y llega corriendo, sí, aunque menos de lo que se esperaba. Descubrimos, entonces, a un hombre que disfruta con la palabra, con la conversación, con el momento…

Vivir Extremadura: Por lo que habíamos escuchado y leído te esperábamos llegar con más velocidad…

Paco León: Normalmente voy acelerado, pero ahora me encuentro más tranquilo. Tengo las mañanas libres… por la tarde ensayo…

V. E: ¡Pero eso ya es un lujazo!

P. L: Sí, no me puedo quejar, pero lo de las mañanas libres lo explico, son mañanas que dedico a cosas como ésta, a las entrevistas. Al principio me costaba mucho hacerlas, ahora ya he aprendido a disfrutar con ellas. Quiero disfrutar de todo.

V. E: Sí porque para tensiones… ¿Te impone el Teatro Romano de Mérida?

P. L: Sí, sí que impone. Es un sitio con mucho peso y con mucha fuerza y además, ir a ese teatro y hacer de protagonista de un texto clásico…

V. E: Casi nada…

P. L: Es que no es hacer El Arquero IV, sino que es hacer Lisístrata y representar a Lisístrata, hacer de cabeza de cartel.

V. E: Y además te enfrentas en cierto modo a las mujeres porque eso de hacer una obra de teatro en la que se excluyen a las mujeres…

P. L: No es así, aunque es cierto que algunas compañeras ya me han dicho que encima de que cada vez hay menos papeles para mujeres en el teatro ahora… Pero hay que tener en cuenta que en este mismo Festival de Mérida Carme Elías interpreta a Prometeo o Blanca Portillo ha dado vida a Hamlet…

V. E: Vamos que lo del cambio de sexo está superado

P. L: Por supuesto, está superado. Y aquí, en esta obra, no participan mujeres convencionales pero hay un grupo de chicas transexuales que hacen de coro, y son mujeres hayan nacido como hayan nacido. Son mujeres manque les pese a muchos.

V. E: ¿Te imaginas la vida sin sexo como se plantea en Lisístrata?

P. L: No, no puedo imaginármela. Pero seguro que a la mayoría de la gente le parece bien la huelga de sexo que hace Lisístrata para conseguir la paz, porque hay una cosa clara y es que el sexo mueve el mundo.

V. E: Una buena presión la que se le ocurrió hacer a Aristófanes…

P. L: Pero muy buena… Aquí no valen ni huelgas ni paros generales, aquí tú haces una parada de sexo y verás como espabila todo el mundo.

V. E: ¿Por qué tú para Lisístrata? ¿Por qué pensó en ti Savary?

P. L: Sinceramente me parece bastante apropiada la oferta que se me ha hecho de este papel. Ya había hecho personajes de chicas, ciertamente nada parecidos ni en personajes ni en género, pero pensar en mí al hacer una comedia no es raro porque es lo mío, y representar a mujeres con un reparto masculino… pues ahí estoy yo… No sé, tiene cierta lógica y de hecho me identifiqué rápidamente con el personaje.

V. E: Y con el director… ¿Cómo se trabaja con Savary?

P. L: Pues qué te voy a decir: es un loco maravilloso que hace que todo resulte fácil. Me respeta… Él me dijo que sabía que era famoso de la tele y estaba un poco… así… a la espera de ver cómo funcionaba… Luego me vio trabajar y dijo “¡Ah, vale! Tenemos un protagonista que no es tonto y esto hay que aprovecharlo”.

V. E: Y sigues en comedia… ¿Y el drama?

P. L: A mí me gusta todo, y hay que tener en cuenta que en una buena obra siempre hay momentos y colores. De todos modos, creo que cuando sea más mayor empezaré a oscurecerme…

V. E: ¡No!

P. L: Sí, sí, empezaré a oscurecerme como personajes, empezaré a hacer cosas más serias. Sin embargo, no reniego para nada de la comedia. Soy un cómico y lo reivindico. La comedia es lo más satisfactorio y de lo más difícil. La comedia es amplísima. Comedia es Aristófanes y comedia es Homo Zapping. Me queda mucho por hacer en comedia.

V. E: Supongo que la gracia venía de atrás…

P. L: Nunca he sido gracioso. Ni de pequeño siquiera. Era tímido, introvertido… Con 17 años empecé a estudiar Arte Dramático y… puedo recordar y describir perfectamente el momento en que empezó la cosa. Estaba participando en un taller, hacíamos una representación en la que yo era el camarero. No hablaba. Sólo salía y servía la sopa. Cada vez que salía la gente se reía, y no sé por qué. Les hacía gracia mi gesto. Entonces sin yo quererlo se despertó el gusanillo, y me dije “Qué pasa aquí, hostia”. Sentí la satisfacción que era hacer reír. Empecé a pensar que quizá tenía gracia. Así lo descubrí. En el escenario, no en la calle.

V. E: Por cierto, Paco, ahora que más de uno vive la rebaja del 5 por ciento del salario… ¿qué piensa el Luisma, él un funcionario del servicio de limpieza municipal?

P. L: Pues… aún no lo ha vivido el Luisma pero le va a picar mucho… él que cuenta tanto el dinero… Sí es cierto, aún no han incluido ese hecho en el guión, quizá lo metan, aunque en series de este tipo intentar seguir la actualidad es un riesgo. Los chistes se te quedan rápidamente antiguos.

V. E: ¡Seis años que llevamos con el Luisma!

P. L: Sí, y me sigue sorprendiendo. Cada semana me entregan los guiones y me sorprendo. Lo primero que digo al leerlos es: “Esto no se puede hacer, esto sí que no”. Y luego sale, pero son tramas tan liosas, con personajes tan flexibles, que les hacen hacer de todo, desde montar en patines, hasta estrellarse contra una cristalera mientras se baila break dance… Parece imposible que salga. Sin embargo, todo esto es lo que mantiene vivo al personaje.

V. E: ¿Hay lugar para la improvisación?

P. L: No, en ese caso no. La base de la serie son los guiones y son una treintena de guionistas, y es complicado enmendarles la plana porque para eso se la enmiendan entre ellos, que se corrigen continuamente. Hay una lectura, se escucha, si no funciona se cambia…

V. E: Vale, aquí no se improvisa, pero en Homo Zapping…

P. L: Eso ya es otra cosa, pero ahí todo empezó porque me ponían un autocue para que fuera leyendo y yo que era miope, miope, miope no veía nada, así que me lo tenía que inventar. Ahí empezó la Raquel a soltarse. Raquel Revuelta era un personaje vivo ya, todo lo que contaba era interesante. Me lo pasaba muy bien con ella.

V. E: ¿Tú te pedías los personajes?

P. L: El de Raquel sí, me lo pedí. La madre de ese personaje nace en un monólogo de la escuela donde hacía de modelo un poco tonta, así que lo reciclé, me lo pedí y Corbacho, José Corbacho, me decía “¡Anda ya, cómo vas a hacer de chica!”. Y yo le decía, tú déjame a mí. Así luego fueron naciendo otras mujeres.

V. E: Y así he escuchado decir por ahí que estás más bueno de chica que de chico.

P. L: Afortunadamente hay gusto para todos y hay público que piensa que no es así… afortunadamente.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

Fotografía de portada: Manuel de los Galanes

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