Pablo Guerrero, Cantautor

 

Nació en Esparragosa de Lares en 1946. Tras Escrito en una piedra (2007), prepara un nuevo libro de poemas, Los cielos tan solos. Y acaba de publicar un nuevo disco, Luz de tierra, en el que ha musicado a quince poetas extremeños. Entretanto, el pasado doce de marzo recibió en Badajoz el premio A toda una vida de la Academia de la música. En el acto, tras recibir el aplauso del público, se marchaba sin el trofeo. Tuvo que perseguirlo Alaska para que volviese a recoger su premio. Hemos tenido la suerte de hablar con él de poesía, de canciones, de amistad:

Vivir Extremadura: Leí que temías quedarte mudo al subirte al escenario. Pero, finalmente, no sucedió. Pablo Guerrero: La verdad es que no, además estaba Lourdes, la mujer de Luis Pastor, que me arregló la corbata y todo. Y me atusó el pelo. Había muy buen ambiente. Me sentí rodeado de amigos. No solamente la gente, sino de los demás compañeros. Estábamos los músicos y los cantantes, no había actores como otras veces. Yo creo que fue un acierto. Si se hubiera hecho en otro sitio, no hubiera sido tan emocionante.

Llevabas un discurso preparado, pero antes del discurso improvisaste. Sí, lo llevaba preparado. Pero, cuando llegué, vi el paredón que han dejado ahí y me acordé de lo que sucedió en la plaza de toros, y quise que hubiera un recuerdo de la memoria histórica en la entrega de premios.

Pues fíjate, eso me dejó pensando. En definitiva, que no te vi nada tímido. Nada, no lo estuve. Ni temía tampoco recogerlo. Estuve mucho más tímido en la recogida del Goya. Me encontraba mucho más ajeno a todo aquello.

Pero has estado en los escenarios desde los veintidós años. Sí, al principio muy poco, porque trabajaba y también estudiaba. Pero he estado en los escenarios desde muy joven . Ten en cuenta que la primera vez que canté en público fue ante dos o tres mil personas en la plaza de toros de Benidorm, en el Festival. No había cantando antes nada más que en reuniones de amigos.

Muy pronto te viniste a Madrid. Me vine muy joven, sí, me vine a los veinte años. Nos vinimos todos los hermanos. Mi padre vio que el mundo suyo, el mundo que él había vivido se acababa con la emigración tan grande que hubo en aquella época, y nos dijo que allí no teníamos demasiado que hacer, así que alquilamos un piso en Malasaña y nos vinimos todos a vivir juntos en Madrid. Imagínate cómo era aquel piso, estaba siempre lleno de amigos, fui muy feliz en aquella época, la recuerdo con mucho cariño. Luego nos fuimos a vivir a Moratalaz, que es donde conocí a Luis Pastor. Ya conocía sus discos. Me enamoró su voz. Recuerdo uno que compré que tenía un pájaro muerto dentro de una jaula, que debía de ser de lo primero que publicaba. Recuerdo que fue a cantar en una pequeña iglesia del barrio, y fui a verle y lo invité a casa. Estuvimos escuchando a Bob Dylan, y decíamos qué voz tan rara tiene este hombre. Para amar a Dylan hay que acostumbrase a su timbre de voz. A mí me gustaba su forma folk de tocar la guitarra, me gustaban sus canciones, aunque no las entendía. Me interesó mucho, pero cuando oí Suzanne de Leonard Cohen es cuando supe que se podía dar poesía en la canción, y es cuando decidí dar un cierto valor literario a mis canciones. Esto se lo debo a Cohen más que a Dylan.

¿Entonces, llegaste a la poesía a través de la canción? Poesía he leído desde muy joven. Recuerdo que en la enciclopedia que teníamos en la escuela había poemas, y había una pequeña introducción a la métrica, y yo me la sabía de memoria. Era lo que me gustaba más de todo el libro. Tuve una época que leí mucha, mucha poesía, me pasaba el tiempo leyendo, mis padres estaban preocupados.

¿Has dicho, discúlpame, introducción a la mística? No, no, a la métrica.

Disculpa, te entendí mal, me ha venido a la cabeza… Me gusta. Me gusta mucho San Juan de la Cruz, y algunas obras de santa Teresa me parecen una delicia. Ese castellano que emplea. Pero sobre todo me gusta mucho san Juan de la Cruz, y gente que le ha seguido de una forma u otra. Me gusta la poesía que tiene una mirada sagrada y de gran respeto a los demás. Este tipo de poesía un poco metafísica, un poco sagrada, no solamente de poesía, sino de arte. Yo creo que tenemos todos una parte espiritual que satisfacer, y que las religiones ya no la satisfacen, sino el arte, el arte verdadero. Ahora mismo hay una exposición de Bacon y es imposible entrar de las colas que hay. A la gente le gusta el arte. Lo considero una forma de religión sin culto, sin credo, sin excesivas creencias.

Es curioso, yo creo que mencionas la amistad, el amigo…, más que el amor. Aparece más, sí. Donde más ha aparecido el amor ha sido en Plata. En los setenta canté más a la amistad que al amor. Yo soy una persona que me gusta la soledad, pero lo que yo llamo soledad compartida, o sea una soledad elegida en un momento dado. Para mí es muy importante la amistad y tengo muy buenos amigos. Me gusta encontrarme bien con la gente.

Vamos a ponernos un poco nostálgicos. Aquella canción que se titula Extremadura… Está basada en una canción tradicional, en unos cantares de trilla, de allí, de Badajoz, de mi pueblo. Son cantos de trabajos, es una canción de tipo social, un poco como las que se hacían en aquella época, ni más ni menos. Una canción que yo ahora quizá no cantaría.

“Extremadura,
campo de toros heridos,
¿ocultarán el gemido de su garganta”

“Si el Rhin fuera el Guadiana, no estaríamos aquí borrachos…” Sí, a partir de esa experiencia, nació la canción Emigrante. Me impresionó mucho la emigración. De repente, gente que se iba a Alemania, me parecía muy duro romper con las raíces e ir a sitios donde no sabías qué te ibas a encontrar. Estuve un verano trabajando en una fabrica en Alemania, en aquella época. Me fui con unos amigos, y viví un poco de cerca la emigración. Sobre todo me pareció que la gente se encontraba sola, muy desarraigada de sus costumbres, de la luz, de su tierra y de su gente, aunque no había españoles, había muchos yugoeslavos. Fue una experiencia muy bonita y lo recuerdo con mucho cariño.

“Un día cambió todo:
nuevos paisajes y los mismos dolores.
Las manos tienen callos, pero no de espigas”

También aparece en tus canciones gente con nombre y apellidos. Sí…, Teo, mi amigo polaco. Ahora estoy haciendo un libro de poemas donde vuelvo a eso, donde he querido acercarme al mundo de la canción desde la poesía, o sea el viaje de vuelta que había hecho antes. Ahora escribo un libro donde aparecerá el nombre de gente que quiero y admiro.

“No tengas miedo a hablar
de tu soledad,
amigo polaco.
No sé ni una palabra de su idioma
pero un día me habló durante horas
de sus padres, de su pueblo perdido
entre cielos azules como éstos”.

¿Y aquella chica triste “que en sus zapatos traía polvo de todos los caminos y en sus labios las cerezas del Jerte”? Creo que no está escrita a ninguna mujer en concreto, conocí mucha gente que viajaba. Yo viajé a Ibiza también en verano y a Formentera, y veía por allí la gente con sus mochilas y sus libros de poemas, pidiendo lo imposible, y con los eslóganes de mayo del sesenta ocho, buscando la utopía. Pero es una canción que hemos recuperado. Hacemos ahora una versión en directo muy distinta.

“La recuerdo muy bien. Tan solo su mirada
era el lugar del mundo donde no había un Vietnam.
Viajaba en su mochila una andadura larga
y un libro de poemas, mira tú”

Pablo, aún ¿tiene que llover? Yo creo que sí. Yo creo que nunca llueve a gusto de todos. Pero el deseo de mejorar yo creo que es muy del ser humano. Y eso se hace a base de cambiar, y de caminar. A veces con equivocaciones, con tropezones en la misma piedra. Pero yo quiero pensar que siempre se cambia a mejor, que la sociedad cambiará a mejor. Yo creo que lo que debería haber es un cambio de psicología, una forma distinta de relacionarnos unos con otros. Sin juzgarnos tanto, sino estando simplemente al lado de alguien, aunque sea sin hablar. Yo creo que algún día nacerá ese tipo de gente. Es una intuición de poeta que tengo yo. No es una profecía porque no soy profeta, pero sí un poco una intuición.

“Que es tiempo de vivir y de soñar y de creer
que tiene que llover a cántaros”

Texto: Alfonso Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

Dejar un comentario

 

Debarro, "Lo contrario"

Debarro son un dúo de Almendralejo (Badajoz) formado por Cristina Lázaro y Jose Antonio Perera que lleva desde 2006 apostando por un estilo muy personal; la canción de autor, e[...]

La trashumancia revive

Dos mil maravedíes mediantes, centenas y centenas de ovejas extremeñas, concretamente del pueblo pacense de Esparragosa de Lares, cruzaron hace unos días el centro de Madrid siguie[...]

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR