Olga Vilkomirskaia, Violinista

 

Mantiene un acento fuerte que nos hace tener siempre presente su origen. Moscovita de nacimiento. Es un acento que, a veces, puede parecer frío, pero rápidamente adquiere grados cuando se mezcla con una sonrisa interminable como el sonido de su violín.

Repasamos un currículo que comienza con su licenciatura en el Conservatorio “Tchaikovski” de Moscú, recordando que fue alumna del mítico violinista David Oistrakh. Quizá de él quede esa nobleza con la que Olga mira y rasga las cuerdas. Continuamos: catedrática en la Academia Rusa de Música; premio en el Concurso Internacional “J. Thibaud” de París; clases magistrales en el Festival Internacional de Colmar, en Francia, también en el Conservatorio chino de Shenyan, o en la Escuela de Verano de Lucena…

… Y todo esto después de que una niña jugara con unos palos de bambú. “Yo cogía aquellas cañas de bambú y me imaginaba que tocaba el violín; tenía ganas de tocar, y se lo dije a mi padre, que era médico… al principio me preguntaba que para qué la música…”. Finalmente, Olga consigue acercarse y penetrar en el mundo que deseaba, y lo hace con grandes figuras.

Ahora la encontramos en el Conservatorio Superior de Música de Badajoz, donde imparte clases, y hay un mensaje claro que transmite a sus alumnos: “la música sin pasión no se entiende, pero sin trabajo tampoco. La música es trabajo, disciplina, estudio”. Y al trabajo hay que añadir, también por supuesto, “algo que tienes en el alma y en el corazón, un sentimiento que se tiene que saber transmitir”. Mira a los ojos como, imaginamos, contempla a sus alumnos, para después decir: “Sabes cómo hacerlo técnicamente, sientes y sabes cómo transmitirlo… entonces tú vas a sacar el sonido y el violín va a ayudarte”.

Es entonces cuando vuelve la mirada al instrumento que, por cierto, no ha dejado ni un solo instante. “Lo tengo desde hace 45 años, desde niña, y cuando viajo lo llevo siempre conmigo, nunca lo dejo en el maletero… sino quedaría sin una parte de mí”.

Olga Vilkomirskaia imparte, actualmente, sus clases en el Conservatorio Superior de Música de Badajoz, pero dice que hace casi lo imposible para poder dar conciertos allá donde se lo piden, o para poder impartir clases magistrales o atender también su cátedra de Moscú“Es difícil –dice- compaginar trabajo de profesor con la faceta de intérprete en conciertos…”, pero vuelve a recordar a sus maestros, “he tenido suerte de tener buenos profesores”, y regresa a su mente, seguro, David Oistrakh. Nos envuelve aquel Concierto en La menor de J. S. Bach, 1923… Pero ahora es otro tiempo. Olga sigue con un empeño: que los conocimientos y los sentimientos se fundan como sólo ella sabe fundirse con su violín.

Texto: Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

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