Millanes de la Mata (Cáceres)

 

Seguimos nuestro viaje por el noreste de la provincia de Cáceres, en la comarca de Campo Arañuelo. Nos encontramos a caballo entre Navalmoral de la Mata y el impresionante castillo de Belvís de Monroy.

Camino de Millanes de la Mata, decidimos ir despacio, muy despacio. Una tierra ondulante nos va introduciendo en un verdadero mar de encinas. Son enormes extensiones las que lucen ante nosotros bajo un cielo que hoy se muestra tierno y poderoso. El azul y el gris se refleja sobre las charcas que encontramos a nuestro paso en un juego de azogues entre el agua, el rocío, las nubes, la tierra… Es inquietante la naturaleza cuando se muestra de una forma tan directa.

Vamos en busca de la llamada Villa del Olivar del Centeno. Un viejo amigo millanejo nos habla de sus juegos de niño entre los restos de esta casa romana. Las piedras, los espacios marcados y su distribución se refieren a una gran propiedad romana. Una propiedad que imaginamos vestida de lujos y detalles propios de una gran ciudad. Hermosos mosaicos geométricos mantienen viva la historia.

Ya divisamos Millanes de la Mata. Pequeño municipio de algo más de 200 habitantes, donde, en contra de la tendencia en zonas rurales, nos cuentan que “es una población que se mantiene medianamente joven… y sino de edad sí de cabeza, corazón e iniciativa”. Sin duda, un orgulloso millanejo el que nos habla.

Entramos en Millanes. No sabemos si es su silencio, su luz o su serena arquitectura la que nos enamora. Casas de piedra y mampostería, algunas encaladas, nos van abriendo camino. Construcciones típicas que se adaptan a calles ondulantes, como el mar de encinas del que hemos salido. Algunas de las casas muestran orgullosas sus antiguos y típicos corrales.

Es una población que va sorprendiéndote en cada rincón. Es la hora de la comida, por lo que nuestro paseo es prácticamente en solitario, lo que nos ayuda a embebernos de la belleza de las fuentes, de su abrevadero de granito, del callejón de Santa Antonia o del Arco Santos del Carmen, muy próximo al Ayuntamiento, que detiene nuestro camino abriendo una nueva ruta bajo su vano de madera.

Ahora, frente a nosotros, la Iglesia de San Francisco de Asís, el patrón de Millanes. Es una sencilla construcción. Modesta pero de una robustez que llama la atención. Una iglesia renacentista con tejado de dos aguas. Tiene una torre que se nos antoja orgullosa y solitaria, sosteniendo, sobre su remate piramidal, una cruz de hierro. Pasamos bajo su portada de medio punto. Ya en el interior, el olor y la luz de la devoción. Una sola nave nos permite abrazar cada rincón dedicado a San Francisco. La devoción al santo la viviremos al máximo el 4 de octubre. La llamada Velá inundará la noche de fuego. Las hogueras invaden las calles de Millanes elevándose hacia la luna en honor al poeta que alabó recibir los estigmas de Cristo en su propio cuerpo. Luego, el día nos despertará con el aroma del fuego, del campo, del agua, de Millanes… porque Millanes tiene un aroma especial.

Texto: Mari Cruz Vázquez Vázquez
Fotografía: Álvaro Fernández Prieto
Con la colaboración de la Central Nuclear de Almaraz

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