Los tesoros del Archivo del Monasterio de Guadalupe

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

Los viajes más lejanos a veces se hacen en pocos kilómetros. La distancia se mide por la ensoñación y la pérdida de referencias habituales. Adentrarse en los muros mudéjares del Monasterio de Guadalupe es una travesía infinita. Disfrutar de su antiquísimo Archivo, un arrebato de tiempos de plumas y pergaminos, es una aventura que balancea entre lo mágico y misterioso. Y es que, ¿qué sensación transmite tener en las manos un trozo del testamento de Isabel la Católica? Profano o no de la Historia, algo se debe de sentir.

“Que sea puesto en el monasterio de nuestra Señora de Guadalupe, para que, cada e quando fuerte menester verlo originalmente, lo pueda allí fallar”, quedó dicho la reina medieval en una de las últimas cláusulas de su testamento. Y en tierras extremeñas descansó tan regio documento, por poco tiempo. La envoltura del mismo es la que sigue permaneciendo todavía en Guadalupe. En el Archivo del Real Monasterio, en una sala fría, con las paredes forradas de viejos muebles de madera totalmente cerrados. Abrirlos supone un peregrinaje en el tiempo, que no en la distancia. Es un pequeño espacio, encima de la capilla de Santa Paula, al que se llega tras recorrer pasillos y subir escaleras, donde se custodia el valor del pasado.

Envoltorio del testamento de la reina Isabel la Católica

Envoltorio del testamento de la reina Isabel la Católica

“Escribir sobre el Archivo de Guadalupe es lo mismo que escribir la historia de su santuario y puebla, la evolución de sus gentes, instituciones y servicios benefico-asistenciales”, apunta fray Antonio Arévalo, párroco de Santa María de Guadalupe y bibliotecario del santuario. Códices, legajos, bulas, breves, traslados, microfilmes y xerocopias, de los siglos XIV al XX, conforman el corpus de documentos que custodian parte de la historia de Extremadura y de España. Y ello gracias a que el Archivo no fue tan expoliado como la Biblioteca en la exclaustración de 1835, recuerdan sus conservadores. El archivo monástico más antiguo es una compra-venta de 1325; mientras que los libros parroquiales nacen en 1496.

Los tesoros son en general libros antiguos, escritos en papel o pergamino por los escribanos del Monasterio, en los que se recogen la vida y el funcionamiento del templo desde el primer tercio del siglo XIV hasta 1835, la mayoría de ellos encuadernados en piel con algunas estampaciones o grabados. 252 códices contienen milagros de Nuestra Señora de Guadalupe, historias, bautismos desde 1496 hasta nuestros días, matrimonios, defunciones, bulas, privilegios, actas capitulares, ordenanzas municipales y de los reales hospitales, inventario de joyas, de bienes, libros de cuentas, de ganadería, de hacienda, de caños de aguas, escrituras, pleitos, relación de bienhechores, libro de oficios, etc.

Una enorme caja fuerte, que rasga la armonía de la sala principal del Archivo a la vez que aporta importancia a la conservación y custodia de los documentos, esconde otros tesoros que los archiveros muestran con cautela y con pasión. Como una singular partida de bautismo, la de Cristóbal y Pedro, dos nativos americanos traídos por Colón y que fueron bautizados el 29 de julio de 1496 en la pila que hoy es la fuente de la plaza de Santa María. O un libro de las joyas de la Virgen, muchas de las que le regaló Hernán Cortés, perfectamente ilustradas en el siglo XVIII por Cosme de Barcelona, “que era un gran bordador”, explican.

Archivo Monasterio Guadalupe Vivir Extremadura Ester garcía

173 legajos enriquecen este singular Archivo. Según explican desde el Monasterio, muchos de ellos tienen hecha la ficha técnica, descriptiva de cada uno de los documentos que contienen, por lo que el número aproximado de fichas o documentos es de 17.300, en su mayoría originales, desde Alfonso XI hasta Isabel II, donde brilla con luz propia el legado documental de los Reyes Católicos, con 144 documentos originales, con la estampación de su rúbrica y sello. Otros 95 legajos son de fondos franciscanos, época de la que también hay 310 manuscritos.

La colección de bulas, breves y rescripto es otra de las alhajas. Datan desde 1326 hasta nuestros días,  concediendo gracias y privilegios a favor de los que visiten el Monasterio, ayuden a su edificación, puedan pernoctar en su iglesia durante las fiestas de septiembre o autorizando a los sacerdotes no ordenados in sacris practicar y ejercer la medicina en los hospitales de Guadalupe. La puebla también fue un gran centro de médico; aquí se practicó la cirugía por primera vez en España, bajo indulto apostólico. Muchos documentos del Archivo regulaban las prácticas y costumbres de los hospitales de Guadalupe. Además, de la Medicina, la Economía también tiene hueco en el monástico repertorio. Aquí también se utilizó por primera vez la hoja de cálculo, según los conservadores del Archivo, que subrayan que muchos investigadores acuden para estudiar y documentarse sobre economía monacal.

Entre tanto erudito documento, destaca una colección de las medallas de la Virgen de Guadalupe así como un fragmento de una Biblia escrita en griego del siglo VII, concretamente el Evangelio de San Lucas. “Aquí están algunos de los libros más antiguos que hay en España”, afirma Arévalo.

Biblia del siglo VII escrita en griego

Biblia del siglo VII escrita en griego

Inventarios y expolios

La historia del Archivo puede dividirse en varias etapas. En primer lugar en el Priorato Secular, de 1330 a 1389; la segunda fase corresponde con la estadía de los jerónimos que consideraron al Archivo como algo importantísimo. De este periodo, concretamente de 1769, es el inventario más antiguo que existe: un legajo de 23 folios en papel sin enumerar titulado Abecedario de los Papeles sueltos que hai en este Archivo.

“No es completo pero sí muy útil, sobre todo porque, dado su orden alfabético, facilita en gran manera la búsqueda de documentos”, apuntan los responsables actuales. De 1820 data otro inventario, éste por Real Orden y también de 23 folios. Es posible que en esta recopilación faltasen ya algunos documentos, por robo o destrucción, ya que entre 1808 y 1809 las fuerzas napoleónicas se adueñaron del Monasterio.

En 1822 se levantó otro inventario coincidiendo con la primera exclaustración de los monjes, del que existen dos copias, una de ellas mutilada. Con la expulsión de los jerónimos en 1835, que coincide con lo que sería la tercera etapa, también se sacaron del Monasterio diversas riquezas; afortunadamente, el Archivo no fue de lo más expoliado, “cosa muy explicable si tenemos en cuenta lo molesto que resultaba recoger papeles sueltos”, se considera hoy. “Papeles sucios y carcomidos que son el relicario sagrado donde se encierra la historia de este Monasterio a través de las seis centurias de su existencia”, explican los conservadores. Papeles “para que los amantes de la Historia y sobre todo los muchos devotos de esta Virgen morenita y de su santa casa sepan que, a pesar de los inicuos expolios sufridos por este cenobio, todavía custodia en sus estantes preciosos documentos que forman parte del antiguo Archivo”, añaden.

“Es cierto que se llevaron magníficos códices iluminados, libros de cuentas, planos antiguos del Monasterio, pergaminos, documentos reales, etc., que parecían más interesantes y en los que era más fácil adivinar algún valor”. Todo ello siguió el camino de Cáceres. Luego, la Real Academia de Historia los rescató del olvido y el amontonamiento y ahora están catalogados y custodiados en el Archivo Histórico-Nacional, en cuyo primer inventario de 1871 ya aparecen. Mientras, los documentos que aguantaron en Guadalupe durante esos años, lamentan hoy, “quedaron a merced de la polilla y del pillaje”. La luz la trajeron algunos obstinados. Por ejemplo, el poeta y bibliófilo pacense Vicente Barrantes puso en marcha la campaña ‘pro-restauración de Guadalupe’ y logró comprar muchos documentos, en lejanos paraderos, devolviéndolos al Monasterio, como describe en Bibliografía Guadalupense.

La cuarta etapa, y actual, nace en 1908, con la llegada a Guadalupe la orden franciscana. En 1912 aparece una guía ilustrada del Monasterio, y en 1916 arranca la revista El Monasterio de Guadalupe, órgano que sigue vigente hoy con el nombre de Guadalupe, siendo una de las revistas más antiguas de Extremadura y de la que es director fray Antonio Arévalo. Para conmemorar el 50 aniversario de la llegada de los franciscanos a Guadalupe, se publicó, en 1958, el Inventario del Archivo Real del Monasterio de Guadalupe, bajo la dirección de Eugenio Sarrablo Aguareles, subdirector del Archivo Histórico Nacional; Antonio Correa, del cuerpo auxiliar de Archivos y Bibliotecas; y fray Arturo Álvarez, entonces archivero del Monasterio.

Interior archivo monasterio Guadalupe Vivir Extremadura Ester García

Una imagen del interior del recinto del archivo

Además de restaurar el archivo, los franciscanos dieron vida a la Biblioteca, inaugurada en 1909 y conformada con fondos propios y donados que suma 102.000 títulos, entre libros, folletos, periódicos y revistas. Los rincones de inmortalidad permanecen en Guadalupe.

Más allá de los muros

De una humilde ermita, Guadalupe se convirtió en santuario nacional gracias al empuje del rey Alfonso XI, que inició las gestiones para restaurar el primitivo edificio. En 1337 se fundó la puebla y el Monasterio se comenzó a construir en 1340. Iglesia parroquial a su vez, el santuario asumió desde sus orígenes las tareas de promoción de la cultura, así como de la salud a través de hospitales y escuelas de cirugía y medicina, sin olvidar la promoción del arte. Más allá de su desconocido Archivo y de sus espectaculares muros, en los que se aprecian los estilos gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico, y que han sido declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1993, la gloria completa del Real Monasterio la otorgan también otras riquezas.

El Archivo de Música invita sin duda a volar: más de mil partituras (186 anónimas y 875 firmadas por los autores), de los siglos XVII al XIX, conforman un capital que ha sido digitalizado recientemente. Los libros miniados construyen su propio museo: una colección de 107 ejemplares confeccionados en piel y elaborados en el scriptorium durante más de 300 años, alcanzando su máximo esplendor en el primer tercio del siglo XVI.

Esculturas, bordados y pinturas son también etapas de este viaje entre muros monacales. Hasta once ‘zurbaranes’ viven en las paredes de la sacristía de Guadalupe, así como tres cuadros de El Greco, entre otros de Goya o Juan de Flandes. Alhajas todas ellas para viajar lejos aquí, en lo cercano.

Texto: Mª Ángeles Fernández

Fotografías: Ester García

Agradecimientos: Fray Antonio Arévalo; Antonio Ramito, secretario del Archivo; y Real Monasterio de Guadalupe

Texto incluido en el número 42 de la revista Vivir Extremadura

 

Compartir.

Deja Una Respuesta

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies