Sensibilización Ambiental II
Los humedales del Campo Arañuelo (Cáceres) | Vivir Extremadura

Los humedales del Campo Arañuelo (Cáceres)

Vivir Extremadura 25 junio, 2012 0
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Ceba de Espátulas en una laguna del Campo Arañuelo (Cáceres)

Ceba de Espátulas en una laguna del Campo Arañuelo (Cáceres)

La fotografía de aves siempre parece complicada. Son seres que, en general, no nos toleran. En cuanto distinguen nuestra silueta se ponen en tensión y desaparecen. De todas formas es indudable que entre el resto de la fauna, las aves son el grupo más habitualmente visible. En cualquier paseo por el campo vemos y escuchamos aves sobre todo. Ello las suele convertir en el objeto principal de nuestra admiración por la naturaleza y si vamos más allá y hacemos de la contemplación de lo natural nuestra afición, entonces las aves suelen ser las primeras en llamar nuestra atención llevándonos a profundizar en su conocimiento. Para ello la adquisición de una guía de aves es fundamental. Aunque ahora con Internet es innegable que la localización de información es mucho más sencilla, eficaz y abundante.

Dispositivo fotográfico "Hydrohide" en los humedales del Campo Arañuelo (Cáceres)

Dispositivo fotográfico "Hydrohide" en los humedales del Campo Arañuelo (Cáceres)

Si además pretendemos fotografiar a las aves, comienza una aventura emocionante que pasa por ir mejorando el equipo fotográfico, sobre todo por la necesidad de potentes teleobjetivos ante la desconfianza general de la avifauna en nuestro país. Pero por muy potente que sea un teleobjetivo no evita la otra necesidad prioritaria para fotografiar aves: acercarse. Se necesitan acercamientos más grandes de los que el profano –viendo los aparatosos teleobjetivos que suelen emplear los fotógrafos de naturaleza- se imagina. Entran así en escena las técnicas de acercamiento que pasan sobre todo por el uso de los distintos tipos de aguardos y camuflajes.

Hasta no hace muchos años el aguardo tradicional, conocido como hide –de “esconderse” en inglés- era el principal método de ocultación. En resumen es un pequeño habitáculo desmontable y camuflado en cuyo interior caben una banqueta y un trípode con la cámara y el teleobjetivo que asoma por ventanas practicadas al efecto. Los resultados son dispares y en general se necesita que las aves se acostumbren a verlo un tiempo antes de confiarse. El “bulto”, incluso bien camuflado, es muy llamativo para la fauna.

Pequeño dormidero de grullas en el Pantano de Valdecañas

Pequeño dormidero de grullas en el Pantano de Valdecañas

Otro sistema que se empezó a usar algo más tarde es el conocido como tumbihide o aguardo tumbado. Simplemente es un camuflaje que nos cubre tumbados sobre el terreno, con un trípode bajo para colocar la cámara. Sus resultados son muy buenos dado que las aves recelan menos de un artilugio tan bajo. El punto de vista fue novedoso en su momento y fotografiar las aves a su altura llamó mucho la atención. Ese punto de vista rasante también es a veces uno de los inconvenientes al facilitar que elementos vegetales se interpongan en el encuadre. Por descontado que la incomodidad de la postura, sobre todo si las condiciones climatológicas son adversas, es otro hándicap de esta técnica de ocultación.

Las técnicas comentadas están muy limitadas en el caso de querer fotografiar aves acuáticas, sobre todo por que, en no pocas ocasiones, los humedales presentan una orla de vegetación que impide colocar los aguardos con buenas vistas sobre la lámina de agua. Pero resultó que se comenzó a extender una técnica nueva, el hidrohide o aguardo flotante, que de un golpe allanó los problemas y permitió al fotógrafo penetrar en el mundo acuático sin levantar demasiadas sospechas en las aves. En resumen es una plataforma flotante cubierta con material de camuflaje y en cuyo interior el fotógrafo y su cámara se ocultan. El punto de vista es también rasante, como en el caso del tumbihide, pero en el agua no suelen haber elementos emergentes que obstaculicen las visuales. Con todo la principal novedad de este aguardo respecto a lo visto anteriormente es la posibilidad de desplazarse. Así es posible seleccionar mejor los encuadres sin las limitaciones de la ubicación fija de los anteriores sistemas, de manera que se está menos condicionado por el imprevisible lugar que elijan las aves para presentarse ante nosotros.

Garza Real y Cormorán Grande compartiendo lances de pesca en los humedales del Campo Arañuelo

Garza Real y Cormorán Grande compartiendo lances de pesca

Este aguardo propició un cambio en las tendencias de muchos fotógrafos de aves de forma que las acuáticas pasaron de ser motivos complicados a ampliamente perseguidos. En el entorno del Campo Arañuelo tenemos lugares muy propicios para fotografiar aves acuáticas. Grandes pantanos como el de Valdecañas o Rosarito; otros más pequeños y peculiares como el de Arrocampo, cuya finalidad es refrigerar los reactores de la Central Nuclear de Almaraz. Diseminadas por las dehesas encontramos lagunas naturales o balsas de abrevadero para el ganado. En cuanto a los ríos contamos solo con dos de entidad en nuestra comarca: El Tajo y el Tiétar, aunque solo este último parece propicio para el uso del hidrohide.

Los grandes pantanos suelen presentar las orillas desnudas por que los cambios de nivel de las aguas mantienen una franja inundable que impide asentarse a la vegetación leñosa. Ello nos resta posibilidades de ocultación para el hidro. Otro inconveniente común es la acumulación de cieno que dificulta los desplazamientos del fotógrafo. El Pantano de Arrocampo es un caso aparte, pues mantiene un nivel estable todo el año, lo que unido a la alta temperatura de sus  aguas –que precisamente toman el calor de los reactores nucleares para refrigerarlos- propicia una densa vegetación en todo su perímetro donde una abundante e interesante fauna se cobija. Las lagunas y otros pequeños humedales dispersos por la dehesa son mucho más heterogéneos en sus características. Algunos de los más interesantes del Campo Arañuelo son la laguna de Palancoso –muy próxima a Navalmoral- o el Charco Salado, en el término municipal de Casatejada. Ambos lugares son muestra de una variedad de fauna alada insospechada, para delicia de los ornitólogos.

El Tiétar, con sus aguas tranquilas, transita entre cultivos extensivos y pinares, escoltado por choperas. Su extensión longitudinal, que en el Campo Arañuelo suma unos 30 km, diluye la abundancia de su fauna, que suele ser más esporádica de contemplar. A cambio las esperas ocultos en el río son una experiencia vivificante que incluso justifica la habitual escasez de adecuados resultados fotográficos.

Aguila Pescadora oteando la pesca desde un peculiar posadero en los humedales del Campo Arañuelo

Aguila Pescadora oteando la pesca desde un peculiar posadero

No expondremos una lista de las especies comunes o curiosas que pueden verse en nuestra comarca, dejando que las fotografías presentadas den una mejor idea de la variedad y belleza de nuestras aves acuáticas. Pero sin duda el Campo arañuelo participa de la reconocida valía ornitológica de toda Extremadura. Contamos con algunos de los humedales más interesantes de la Comunidad Autónoma. Como ejemplo en el Embalse de Arrocampo se dio el pasado año la primera cita de cría de la garceta grande; o en el de Valdecañas la primera de reproducción del tarro blanco en Extremadura. Es importante aclarar que para realizar fotografías con aguardo en Extremadura (y en las demás comunidades autónomas también), se precisa la obtención de un permiso de la Dirección General del Medio Natural, al que habrá que sumar también la autorización expresa del director del espacio natural protegido en caso de que el lugar donde realicemos nuestra sesión fotográfica posea algún tipo de protección específico. Por supuesto, en el caso de espacios privados, la autorización de la Propiedad es requisito de entrada.

El patrimonio natural que nos rodea debe ser motivo de orgullo y también –por supuesto- de desarrollo sostenible. Cada vez es más común que los valores naturales pasen a participar en el desarrollo económico de sus entornos. Pero si algo tenemos muy reciente en los presentes tiempos de crisis es que no se puede gastar más de lo que se tiene. Y ese es el sencillo fundamento del llamado desarrollo sostenible. La Naturaleza tiene mucho que ofrecernos, valores inagotables como la belleza de los paisajes, la contemplación de la fauna o la calma para los sentidos de un sencillo paseo por el campo. También valores renovables como la caza, la pesca, los aprovechamientos forestales, etc. Pero ninguno de esos valores se deben satisfacer con acciones tan masivas y agresivas que los pongan en riesgo. Quizás a nuestra sociedad actual le cueste especialmente, por su situación económica, entender la necesidad de autoimponernos límites cuando los puestos de trabajo y la movilidad de la economía son tan necesarios. Pero no es tan difícil si pensamos que de niños todos entendimos el cuento de la gallina de los huevos de oro…

Texto y fotografías: Juan Pablo Resino

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