Los cerezos del Valle del Jerte

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Cuando llegan las cerezas las gentes del Valle del Jerte miran al cielo y si es azul sonríen, sonríen mientras sus dedos atrapan en los cerezos el fruto carmesí. Al principio, recordamos, el viejo Leyland de Luís el Ranchero cargado de cerezas en un viaje que entonces no sabíamos que llegaría hasta los Almacenes Harrods de Londres.

A uno y a otro lado de la carretera los cerezos que en marzo llenaban de luz el valle nos ofrecen ahora sus frutos jugosos y sensuales. Son casi dos millones de cerezos los que crecen en los bancales que la mano de los jerteños han ido levantando a lo largo del tiempo en una ardua, dura y larga batalla con las sierras que en el Valle se muestran hermosas e inexpugnables. Cuenta Enrique Serrano, un viejo cerecero de El Torno que durante años se dedicó junto a su hermano Jesús
 a la compra y el cultivo de cerezas, que en los años 50
 y principios de los 60 eran pocos los que en el Valle se dedicaban a la producción de cerezas y muy pocos los cerezales tal como se conocen hoy.

 

 

No fue hasta finales de los años 60 cuando en el Valle del Jerte las plantaciones de cerezos comienzan de verdad a formar parte importante del paisaje y de la economía de los pueblos de la zona. “Antes –comenta Enrique- buena parte de lo que hoy son cerezales eran viñas y buena fama tenían los vinos de Jerte y de El Torno… y los aguardientes que salían de los alambiques como el del tío El Gallo… y ahora los hacemos en la Agrupación pero los hacemos de cerezas, aguardientes de cerezas”.

 

 

 

“Entonces era todo mucho más penoso, los cerezos eran más grandes y era más peligroso subirse a ellos… por no hablar de los caminos que eran poco más que intransitables y por donde sólo podían andar las caballerías que era con las que acarreábamos las cerezas…”. Después, desde el pueblo, en lentos camiones llegarían a Madrid, a la plaza de Legazpi… Dejamos a Enrique y su vieja memoria de cerecero para acudir a la Agrupación de Cooperativas del Valle del Jerte. Aquí nos espera su presidente Ángel Prieto Merchán que nos recibe en un despacho del que acaba de salir el vicepresidente de uno de los grupos de distribución más importantes de España.

 

 

La actividad se percibe frenética, no sólo en los despachos sino también en los almacenes donde cada día se pueden seleccionar hasta medio millón de kilos de cerezas de las más de cuarenta variedades que se cultivan en el Jerte. “Antes -nos comenta Ángel Prieto– sólo había cinco o seis tipos de cerezas, hoy se pueden contar hasta cuarenta aunque la reina sigue siendo la ambruné, la más dulce y la que tiene una textura más potente que hace que al morderla explote en la boca”.

 

 

Julian García uno de los pioneros de la Agrupación recuerda cómo muchas de las nuevas clases de cerezas llegaron al Valle a principios de los años 80 tras un viaje de miembros de la Agrupación de Cooperativas a California. “Allí, cuando visitaban una plantación de cerezos iban, con la ayuda de una navaja, cortando pequeñas muestras… y con las que nada más llegar al Valle del Jerte se injertaron algunos cerezos… si nos pillan –sonríe- pues no se lo que hubiera pasado… aunque fíjese -le dice al periodista- el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio y al final la cereza que mejor se defiende en los mercados es la de aquí, la picota, la de la Denominación de Origen, la que cogemos sin rabo”. En ese momento hace una pausa y en su rostro aparece una amplia sonrisa “… el rabo… lo que nos costó convencer
a media Europa de que las cerezas sin rabo eran también cerezas y además las mejores, y fíjese si serán buenas que los italianos de Ferrero prefieren las cerezas de aquí para rellenar los bombones Mon Cheri, y las prefieren a las que producen ellos en Verona o en Trento”.

 

Texto: Lucas Riolobos

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

Ya han empezado a florecer los  cerezos de la zona más cálida:  Rebollar, Valdastillas, Navaconcejo, Cabezuela del Valle, El Torno. 
Durante la esta última semana de marzo y la primera de abril se espera que florezca la zona más alta del Valle: Tornavacas, Jerte, Piornal, Barrado, Casas del Castañar, Barrado.  

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5 comentarios

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  4. Multitud de veces le escuché decir a mi abuela que el día que estalló la guerra ella estaba cogiendo cerezas en “las majaillas” de Arsenio Muñoz.

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