Las Carantoñas de Acehúche

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    • Algunos me ven hermoso, otros terrible, otros enternecedor y otros salvaje… Son estas pieles que cubren mi cara. Pelo de macho cabrío, pieles de oveja o colas de zorra, de jineta… Colmillos ensangrentados de jabalíes y berracos que muestran mi fiereza, mientras me aproximo blandiendo la rama de acebuche, la tarma…
    • El 20 de enero, por San Sebastián, me lanzo a las calles de Acehúche. Me ha despertado el tamborilero. Busco al Santo asaetado. El aire huele a romero, han sido los mayordomos que han alfombrado las calles con romero. Dentro de poco, las regaoras o patanas, hermosas jóvenes vestidas de bayeta, escoltarán la imagen del Santo… Pero… ¿quieren que les cuente mi historia?
    • Dicen que San Sebastián, tras ser asaetado por los romanos, es atado a un árbol en el Monte Palatino. Abandonado a su suerte. Allí donde las fieras buscábamos alimento, fuerza y sangre.
    • Qué sería lo que nosotras las fieras viéramos en los ojos del Santo. No lo sabrán, solo les llegarán los ecos de las reverencias que desde entonces regalamos al capitán valeroso.
    • Lejos de atacarlo, buscábamos su calor y le dábamos el nuestro. Jugábamos, le acariciábamos, le halagábamos… Caricias y carantoñas para curarle cuerpo y espíritu.

    • Desde los altares cuentan que un año los vecinos de Acehúche sufrieron de pestes. Solo quedaba encomendarse a San Sebastián.
    • También los paganos levantan la voz y dicen celebrar la llegada de la primavera, de la fertilidad. Las mieses despuntando mientras los hombres se transforman en animales salvajes. Bailan y se aparean.
    • Algunas costumbres desaparecen para no ofender a la moral, dicen. Allá por el siglo XIX, una carantoña, llamada el Galán, buscaba los amores de la Madama. Entre carantoñas y arrumacos, ambos desaparecerían, hasta que, a la salida de misa, regresaban acompañados de una “Carantoñina”. A este recién nacido se le darían las papas. Hoy, esa papilla de leche y harina se ofrece al visitante y… ¡cuidado! pues puede derramarse sobre el confiado forastero.
    • Sea como sea, son estos días de loas al Santo, al que piden, ruegan y rezan por el regreso de los hijos en tiempos de guerra, por la salud en tiempos de paz, por la felicidad y por el amor, por la fertilidad y la vida…
    • Ya oímos emocionadas las voces de los acehucheños: “Glorioso San Sebastián, patrón de nuestro pueblo y confidente de nuestras necesidades (…) Ahora, antes de que te alejes de nuestra puerta, fundidos nuestros corazones en uno solo y desde el fondo de nuestras almas te decimos con mi voz: ¡Viva San Sebastián! ¡VIVA!

Las Carantoñas. Es ésta una fiesta declarada de Interés Turístico Regional en honor a San Sebastián, el soldado romano que no renegó de su fe. Cada 20 de enero, la penillanura de Acehúche, en Cáceres, amanece al sonido del tamboril y con la emoción de los jóvenes que cubren sus cuerpos de pieles de bestias que reverenciarán al Santo, recordando las carantoñas que éstas le hicieron en el Monte Palatino. Todo ello en medio del estruendo de las salvas de escopetería de los tiraores, que armados de viejas escopetas inundan el aire de aromas a pólvora, mientras las regaoras lanzan confetis como si fuesen pétalos de flores de la primavera cercana.

Texto: Mari Cruz Vázquez
Foto: Rocío Gallardo

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