La trashumancia revive

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Dos mil maravedíes mediantes, centenas y centenas de ovejas extremeñas, concretamente del pueblo pacense de Esparragosa de Lares, cruzaron hace unos días el centro de Madrid siguiendo la trazada de la cañada real. El acto, simbólico, buscaba poner en valor la práctica milenaria de la trashumancia, que no es más que el movimiento del ganado buscando los mejores pastos, según la estación del año.

Era la XXII Fiesta de la Trashumancia, organizada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en colaboración con el Ayuntamiento madrileño. Con su celebración, se recupera una tradición de la Edad Media y se llama la atención sobre el impacto positivo del sector ganadero en la economía y en la biodiversidad, según informa el Ministerio. Al mismo tiempo se pone de manifiesto la importancia de los pastores en el desarrollo del medio rural y en la conservación de la riqueza cultural y medioambiental del país, añade el organismo.

Centenas de ovejas cruzaron hace unos días el centro de Madrid.

Centenas de ovejas cruzaron hace unos días el centro de Madrid.

Buscar los orígenes resulta tarea imposible. Sabemos que se consolidó en 1273 con el rey Alfonso X en España, según subraya el Ministerio en el Libro blanco de la trashumancia: “El país desarrollado donde históricamente la trashumancia ha sido más relevante”. Buscar su final no es posible tampoco, porque decenas de cabezas de ganado cruzan distintos puntos de la península ibérica cada año.

Son muchas las que lo hacen en camión; pero no son pocas las que lo hacen a pie. Pasito a pasito, caminando las cañadas reales. La de las vías pecuarias, los corredores ecológicos usados por el ganado que alcanzan en España los 125.000 kilómetros, es decir, el 1% de la superficie del país. Pero la ocupación ilegal de éstas o su obstrucción es uno de los graves problemas a los que se enfrentan los ganaderos. Por los hay.

Hay ganaderos que siguen cogiendo su hato y sus animales y recorriendo largos cordeles. Cada año. Dos veces. Ida y vuelta. Subida y bajada. Bajada y subida. “Es una pena que se pierda, pero nadie quiere porque hay que dedicarle un día y otro y quedarse al sereno. Es muy duro y, por mucho que te lo expliquen, si no lo vives, no lo comprendes“, lamentó hace unos días en Madrid el ganadero extremeño Manuel Roncero, de Esparragosa de Lares.

“Si les hablo de la trashumancia y de pastoreo alguien podrá pensar que estoy hablando del pasado de Extremadura. No, este es un debate para el futuro de Extremadura”, reconoció en su discurso de investidura el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara.

La trashumancia es una “tradición ganadera y actividad con una sólida base ecológica, fundamentada en el aprovechamiento de pastizales”, ha reconocido recientemente el secretario general de Agricultura y Alimentación, Carlos Cabanas.

El movimiento de ganado ovino es el más habitual en todo el país, pero Extremadura es el único lugar de la península en el que sigue viva la trashumancia de vacas, un animal más complicado de movilizar. Apenas una decena de familias de Ávila pasan cada invierno en las dehesas extremeñas, huyendo del frío y de la nieve.

Cada año, en diciembre y junio, cruzan el Puerto del Pico y su calzada romana. La imagen se repite desde hace más de mil años. Las piedras del camino lo recuerdan.

“Cuando aquella fértil provincia se hubo agregado al reino de León, el ardor y sequedad del mismo territorio se convinó con la frescura del antiguo, y la trashumación se estableció entre Extremadura y Babia y entre sierras y riberas, no para afinar las lanas, sino para conservar y  multiplicar los ganados. Esta necesidad es indispensable: ella estableció la trashumación, y a ella sola debe España la rica y preciosa grangería de sus lanas que tan largo tiempo es celebra en la historia”, escribió el arquitecto y erudito extremeño Vicente Paredes. La afluencia de ganado mesteño es una de las causas que explican la aparición de la dehesa en Extremadura y su extensión a lo largo de la Edad Media, recoge un documento del Ministerio.

Ya se van los pastores

a la Extremadura,

ya se queda la sierra

triste y oscura.

 

Y Extremadura revive.

 

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