La Garganta de los Infiernos, Valle del Jerte (Cáceres)

 

En el Valle del Jerte, delimitada por la Sierra de Tormantos y la Sierra de Gredos, se despliega laReserva Natural de la Garganta de los Infiernos, un sugestivo reino natural, no por la peculiaridad de su nombre, sino por la belleza de sus parajes y la riqueza que contiene su angosto valle, en el que se integran 6.927 hectáreas de territorio, del que participan las poblaciones de Cabezuela del Valle, Jerte y Tornavacas, siendo su garganta la más importante de las quince que confluyen al río Jerte.

La Garganta de los Infiernos, que da nombre a la Reserva, se origina en la confluencia de la Garganta del Collado de las Yeguas con la Garganta de los Tres Cerros, también depositaria de las aguas de otros cursos superiores, como son las gargantas de la Serrá y de los Asperones; recibiendo aporte de otros arroyos y torrentes que se abren en las grietas rocosas, como el llamado Manto de la Virgen, un salto de agua que en el invierno se congela formando una cristalizada capa nívea que da origen a su nombre.Desde los niveles más bajos, en la desembocadura en el río Jerte, a 600 m sobre el nivel del mar, los bosques van mudando su aspecto paisajístico, la luz, el color y sus formas.

Vamos ascendiendo por las sendas de los quebrados valles, cuyas cotas más altas se descubren en torno al antiguo circo glacial de la Angostura, en el nacimiento de la garganta de la Serrá, que incluye cumbres como Castifrio (2308 m) o el Cerro del Estecillo (229m).

En nuestro ascenso encontramos diferentes ecosistemas y numerosos hábitat de especies animales y vegetales, algunos considerados de especial protección. Siguiendo estas cotas, de entre las más de 600 especies vegetales catalogadas y que ofrecen un variado contraste de matices según la estación del año, encontramos, en los tramos inferiores, los cultivos de cerezos, que dan fama al Valle del Jerte; los castaños, que formaron parte de la economía tradicional de los jerteños, ahora ocupando espacios al robledal, que se extiende sobre las empinadas laderas cubiertas de helechos, espinos y retamas.

Buscando los humedales surgen los alisos, los fresnos y los sauces que mecen sus hojas aprisionados entre los cantiles graníticos, hundiendo sus raíces en arenales anegados y elevándose junto a numerosas fuentes y arroyos que surten de caudal a la garganta.

Texto: Roberto Machuca

Fotografías: Álvaro Fernández Prieto

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