Inma Chacón, Tiempo de Arena

 

Charlamos con la escritora natural de Zafra sobre Tiempo de Arena, novela Finalista del Premio Planeta 2011.

Es usted extremeña de corazón y madrileña de adopción…

Llevo 46 años viviendo en Madrid pero soy extremeña de infancia, no sólo de corazón. Mi infancia es una fase de mi vida muy luminosa, la recuerdo como si todos los días fueran soleados. El sol del invierno, el brasero, los juegos en la calle con mis hermanos. Fue un periodo de mi vida muy feliz, una época de seguridades, mis padres me lo solucionaban todo y no tenía ninguna preocupación. Estábamos todos y no faltaba nadie… Éramos nueve hermanos y siempre había algún amigo por allí rondando, era una casa muy alegre, una locura. Dulce y yo somos el cuarto parto. Puedo ser la cuarta o la quinta, no estoy muy segura (risas). Nos encantaba el juego del equívoco. Éramos tan iguales que sólo podían distinguirnos los amigos y la familia. Me encanta una frase que dijo mi sobrina una vez: Dulce vivía en el cielo pero bajaba a la tierra para escribir mientras que yo vivo en la tierra pero subo al cielo cada vez que escribo. Es una frase muy buena porque sirve para diferenciar la literatura de mi hermana de la mía. Dulce era muy desgarrada y muy poética también. Yo escribo de otra manera, menos desgarrada, porque ya lo llevo por dentro desde hace tiempo. Mi escritura es más digerible o más liviana en ese sentido.

¿Cómo recomendaría su libro a alguien que no sepa nada de él?

Es un libro en el que hay una intriga muy trabajada que permanece hasta al final. Hay amor y desamor, venganzas y reivindicaciones. La trama principal es de misterio y a través de ella podemos descubrir cómo se vivía a finales del siglo XIX principios del XX. No trata sólo sobre las mujeres, también hay hombres en la novela que tienen papeles protagonistas y participan activamente en la trama. Creo que es un libro bonito, a pesar de que esa palabra esté muy desprestigiada últimamente. Es novela histórica en el sentido de que se desarrolla en una época muy concreta y está bien documentada pero, fundamentalmente, es una novela de misterio, intriga y también de reivindicaciones sociales.

 

El proceso de documentación para Tiempo de Arena ha sido largo…

Ha sido largo y muy duro (risas). He tardado cuatro años en llevar a cabo esta novela, tres de ellos han sido sólo de documentación. He leído muchos li- bros sobre la masonería, de historia del feminismo, de las raíces del sufragismo en España y de historia contemporánea. Pensaba que el movimiento femenino transcurrió en el siglo XIX pero en aquella época aún estaban demandando derechos que antes no tenían; eran consideradas menores de edad, no podían abrir una cuenta corriente sin per- miso del marido o comprar un piso. Esto hasta mil novecientos setenta y tantos. Yo lo he vivido. Creía que hasta Clara Campoamor no hubo una lucha a favor de los derechos de la mujer pero anteriormente ya hubo mujeres comprometidas como Carmen de Burgos, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán … que habían reclamado derechos de igualdad básicos de la mujer. He estado tres años leyendo libros relacionados con ese periodo de la historia y un año más o menos con la redacción de la novela.

¿Le interesa esa parte de la historia española en concreto?

El siglo XIX me parece apasionante, es uno de mis periodos favoritos de la historia. Pasaron cosas increíbles; hubo dos reyes extranjeros como Jose Bonaparte y Amadeo de Saboya, una república, un rey absoluto como Fernando VII, una revolución como la del 68. Es vital para entender el siglo XX y XXI. Por otra parte, una de mis abuelas era filipina, hija de españoles pero nacida allí. En mi familia nunca habíamos sabido por qué mis tatarabuelos emigraron a Filipinas. Investigando para Las Filipinianas me enteré que a mi bisabuelo le ofrecieron el puesto de organista en la Catedral de Manila. Por eso me interesa tanto esa época, quería saber qué era lo que hacían los españoles allí y el porqué de su regreso. Me di cuenta de que la mayoría de los líderes nacionalistas filipinos eran masones y eso me llevó a investigar la masonería. Una conexión lógica ya que los nacionalistas filipinos buscaban la igualdad, la fraternidad y la libertad y eso son los postulados de la masonería. Cuando empecé a investigar sobre las mujeres en el siglo XIX, muchas de las que habían defendido la igualdad en ese siglo también eran masonas y así comencé a profundizar en el tema.

¿Qué tiene Inma Chacón con Toledo y Filipinas? Ambas localizaciones aparecen en varias de sus novelas…

Mi abuela materna era filipina y la paterna era extremeña pero se crió en Toledo. Yo quería crear un libro con la historia de mis dos abuelas. Las Filipinianas es por una y Tiempo de Arena por la otra. Ahora ya lo sabes (risas). También es porque quería una ciudad con mucha piedra, parecida a la Vetusta de Clarín. Toledo está rodeada de un río y mis personajes se sitúan al otro lado de ese río, en el Cerro del Emperador. El río es algo muy simbólico, actúa como frontera natural entre la ciudad milenaria de esa España oscura del S.XIX . Las dos protagonistas, Munda y Alejandra, viven fuera de la misma proponiéndose cambiarla y regenerarla. Munda viste de blanco precisamente por eso, como rebeldía a lo establecido. Frente a la negritud que la rodea, ella va de blanco, buscando la luz y el conocimiento, como todos los masones.

¿Cómo se enfrenta uno a la página en blanco?

Leer es muy importante para escribir, por eso yo me he tirado tres años leyendo antes de empezar a escribir esta historia. Es imprescindible saber dónde empieza y dónde termina la historia, no la novela, sino la historia. Tiempo de Arena comienza en 1896 y termina en 1922. Yo personalmente hago un cronograma con todos los acontecimientos importantes que ocurrieron en ese periodo de la historia. En una columna pongo a los personajes reales con sus fechas y en la otra a los de mi novela. Tengo muy claro lo que quiero escribir. Antes de empezar la novela, durante el proceso de documentación, se te van ocurriendo todos los hitos que van a pasar en el libro. Pero la novela es como un río, tiene bastantes meandros con muchísimos giros y sobre la marcha surgen muchas cosas. De las cuatrocientas y pico páginas de la novela seguras no hay ninguna (risas). Tengo un cuaderno de notas para cada libro también, ahí tengo escritas las caracteristicas de los personajes, la época en la que se desarrolla la historia…etcétera. Hago la tormenta de ideas que dicen ahora. Es verdad lo que decía Picasso, la inspiración llega trabajando.

La novela transcurre en el siglo XIX, en aquellos tiempos los derechos de las mujeres estaban muy limitados…¿Qué le queda por conseguir a la mujer del Siglo XXI?

Aunque parezca increíble, he leído en el periódico de hoy que las jóvenes con un nivel de formación similar a los chicos tardan más en encontrar trabajo y reciben menos dinero, desarrollando las mismas funciones. Subir en el escalafón es casi imposible, todavía hay puestos que están reservados exclusivamente para hombres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa y dentro pero si los dos están trabajando y alguien tiene que dejar de hacerlo casi siempre es la mujer.

¿Qué es lo que va a aportar a su carrera ser finalista del Planeta?

De momento ha aportado 100.000 lectores, que no es poco (risas). Va a por la cuarta edición en menos de un mes. Eso para un escritor es mucho.

¿Tal vez cierta identidad para olvidar un poco el binomio Dulce-Inma?

No, a mí nunca me ha importado hablar de mi hermana, que me pregunten o que me comparen con ella. Todo lo contrario, soy feliz hablando de Dulce. Hace poco salió un titular que decía: “Con este libro mato a mi hermana”. Nunca dije eso. Yo seré hermana de Dulce toda la vida. Lo que sí es cierto es que tal vez con este premio la gente sea capaz de distinguir entre Inma y Dulce y pueda adquirir mi propia identidad. Ya desde pequeñitas, al ser gemelas, nos confundía todo el mundo o sea que es algo a lo que estoy acostumbrada. Estoy muy orgullosa de ser su hermana. Hace ocho años que murió. Me da mucho miedo esa fecha y la de mi cumpleaños. Son días que siempre he empezado llorando. Aunque este año va a ser distinto, le llevo a Dulce un regalo que es Tiempo de Arena por el aniversario. Siento que cada vez que hablo de ella de alguna manera está con nosotros. Ahora mismo, mientras hablamos, también.

Entrevista: Javier Antón

Fotografías: Rocío Gallardo

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