Gabriel Rivera, Campanero

 

Gabriel Rivera conoce un montón de historias de grandes campanarios y de campanas que tañen en pequeños pueblos de todo el mundo. Pertenece a la quinta generación de una familia de maestros fundidores de estos instrumentos de bronce transmisores de grandes acontecimientos, de desgracias o simplemente regidores del paso del tiempo. Objetos sonoros, únicos, que forman parte de nuestra vida cotidiana.

El uso de las campanas para anunciar cualquier acontecimiento más o menos notable es muy antiguo, pero en la Iglesia comenzaron a usarse en un tiempo relativamente tardío. El aviso para los Oficios Divinos,  en los primeros siglos, se hacía de viva voz; parece que existieron unos diáconos, cuyo nombre era “cursores”, que avisaban de casa en casa. El uso de las campanas aparece en la Iglesia Occidental, en el s.VII y en la Oriental, parece que no se usaron antes del s.IX, apareciendo las primeras campanas en Santa Sofía de Constantinopla. Al crecer el número de campanas, como asimismo el volumen de las mismas, se vio la necesidad de construir torres para colocarlas debidamente y para que la sonoridad de las mismas pudiera esparcirse más.

En nuestra visita al taller de la familia Rivera encontramos una campana portuguesa, de Bragaconcretamente, de ella saldrá una copia para que la original repose en un museo. En el Bronco, enCáceres, se encuentra la campana más antigua realizada por la familia Rivera, y existe otra del mismo año en el Convento de las Concepcionistas en Ávila.

Queda comprobado que historias hay tantas como campanas y Gabriel es conocedor de muchas de ellas. Gabriel Rivera pertenece a la quinta generación de una familia de maestros campaneros que lleva 150 años fundiendo en Montehermoso (Cáceres) campanas de bronce que suenan en las plazas de pueblos de todo el mundo. Actualmente existen cuatro talleres en España, dedicados a esta actividad, yCampanas Rivera es la empresa líder a nivel nacional. A toda Europa, América y hasta Australia llegan las Campanas Rivera.

Lejos queda el tiempo en que los antepasados de Gabriel eran transeúntes y las campanas se fundían a pie de torre. Hasta allí se trasladaban los artesanos, construían el foso y el horno, convirtiéndose la ascensión de la campana a la torre, en una auténtica fi esta, en la que participaba todo el pueblo, como ocurrió en Montehermoso. En esta localidad, las fiestas del patrón, San Bartolomé,–según relata Gabriel–“duran tres días y no dos porque cuando se colocó la campana había que subirla con maromas y la gente acudió a ayudar y se convirtió en una fiesta”.

 

La elaboración

El proceso de elaboración de una campana es de veinte días, el mismo tiempo que se necesita para realizar una docena porque suelen realizarse a la vez más de una. “Primero –explica Gabriel– ponemos la tarraja, que es el patrón que utiliza el moldeador para hacer la forma de la campana. Después se cons-
truyen hasta tres moldes. El de la parte interna de la campana que se denomina ‘macho’. Un segundo molde que se denomina ‘falsa campana’ y al final se construye la ‘hembra’”. Todo este procedimiento sirve para tener el hueco donde después se va a verter el bronce fundido. “Se graban en negativo las decoraciones en cera y después se mete debajo de tierra dejando dos orificios, por uno se introduce el bronce fundido y por otro vamos a desalojar el aire” –señala–. “La campana se entierra por dos motivos, –continúa–, la ‘hembra’ es muy poco consistente y la otra razón es que al enterrarla la curva de enfriamiento es más lenta, de esta forma se consigue que la calidad del bronce sea mayor. Pero eso no lo hemos inventado nosotros sino que esta técnica es la que se ha utilizado generación tras generación.

Una vez que tenemos la campana, la desenterramos y sacaremos el molde completo con la campana dentro. Destruimos la hembra y el macho, sacamos la campana y limpiamos. Una vez que sacamos las campanas preparamos los yugos de maderas o metálicos con los sistemas automáticos para tocar. Llega el momento de afinarla con el diapasón electrónico”. Del taller salen al año unas cuatrocientas campanas con destinos muy dispares a diversos lugares del mundo.

Texto: Patricia Hernández
Fotos: Álvaro F. Prieto
Agradecimientos: Familia Rivera. Fundición de campanas. Polígono Industrial de Montehermoso (Cáceres)

 

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