Comiendo con Echanove

 

Viajamos a Madrid, al encuentro con un goloso que cuando aparece frente a nosotros parece traer en su sonrisa la luz de los membrillos. Es Juan Echanove al que esperamos en el Mercado de San Miguel convertido ahora en un espacio gourmet extraordinario. “Mucho ha tenido que ver – nos dice Juan- en la recuperación del mercado Guillermo Frexer, él es el verdadero ideólogo de esta recuperación para el goloseo”

Entramos al mercado y nada más traspasar sus puertas un perfume húmedo y boscoso llama poderosamente nuestra atención. “¡Son amanitas!”, clama Juan. Y toma una, dos, tres amanitas. Las acerca a la nariz, las respira como respiramos los bosques o también el mar. “Son de Extremadura, de por La Vera”, nos dice Santi, el frutero, que nos comenta con cierto orgullo que es extremeño, de El Barrado. Con él hablamos de las frutas extremeñas, de las cerezas, las frambuesas, las ciruelas… también de los pimientos, de los pimientos de cuernicabra que al humo de la leña de encina obran el milagro del pimentón…

Con ese aroma de los pimientos secados al humo dejamos a Santi el frutero. Juan Echanove recuerda su último viaje a La Vera para el rodaje de uno de los capítulos del programa televisivo ‘Un país para comérselo’. “El okal, el okal me gusta más que el dulce y que el picante, lo he descubierto en este viaje”.

Avanzamos por la galería del mercado. Fotos, saludos y abrazos afectuosos de las gentes que Juan encuentra a su paso; ahora un matrimonio gallego, ahora una pareja de Bilbao o un grupo de jóvenes Erasmus franceses. “En Francia la serie ‘Un paso adelante’ ha acabado siendo una serie de culto”, nos dice con cierto tono de humildad. “Cuanto más trabajamos en la tele, menos sabemos de ella. Nunca se puede explicar el éxito o el fracaso”, encoge los hombros y seguimos caminando.

De nuevo un perfume intenso, potente. De nuevo un sobresalto. “¡Trufas! son trufas de Teruel. Lo de las trufas es la leche”, y entonces casi al oído nos dice que grabar el programa de la búsqueda de la trufa fue algo extraordinario, algo que se movió entre el secretismo y la sospecha que suponían las cámaras. Y es que, nos dice, “son muchos millones los que se mueven en este mercado donde hay una especulación del carajo. Es como especular con diamantes”.

Dejamos el mercado camino de un cocido en el cercano restaurante La Daniela. Allí podremos hablar con la tranquilidad que siempre dan unos garbanzos.

Con el vino ya en la mesa la conversación gira en torno a los buenos vinos que ya se hacen en Extremadura, “son espectaculares por ejemplo los Habla de Trujillo o el Mirabel…”. Es entonces cuando surge el nombre de Aniceto Mesías, “es –afirma rotundo- un visionario. Cuando en Almendralejo inició junto a Marcelino Díaz su viaje hacia el Cava nadie les creía y ahora ¡joder!…”

Marga, la jefa de sala, anuncia el cocido. “¡Ole, ole y ole! Sí señor esto es un cocido”. Frente a nosotros, sopita, garbanzos, repollo, patatas y todos los avíos: chorizo, morcilla, punta de jamón, carne de morcillo, pelota, gallina, manita de cerdo… El gran goloso parece sentirse feliz frente al condumio y feliz de un viaje a través de los pucheros de España. “La dehesa, la dehesa me vuelve loco incluso en verano; es una sensación especial, es además una forma de demostrar que la sostenibilidad se puede provocar y crear. Es una locura. Extremadura es una locura, dehesa, pastizales…  en La Serena y en primavera parece un cuadro de Van Gog. Todos los colores, malvas, amarillos, tonalidades rojas, azules…”

Calla un instante, baja la vista al plato. “Pero qué bueno, qué bueno está el cocido”. Así es Juan, rotundo al hablar, rotundo al callar, rotundo al saltar y al viajar en la conversación. Y regresa a Extremadura. Ahora lo hace de la mano de Alberto Oliart, “él fue quien me enseñó la importancia de la dehesa para la conservación de las razas autóctonas, la oveja merina, el cerdo ibérico, la blanca cacereña, la ternera retinta… ¡qué preciosidad la ternera retinta! que cuando llueve su capa de pelo parece confundirse con los alcornoques desnudos por la saca!.

Y seguimos, seguimos hablando. Han pasado dos horas desde nuestro encuentro y continúa con la misma luz en su mirada, con la misma fuerza en sus palabras y con la misma pasión en su discurso. “Bárcenas, Fernando Bárcenas es el tío que mejor sabe tratar las carnes de retinto, nadie como él ha sabido incorporar los frutos de la dehesa a la cocina, y además ¡coño! que es un tío que es de fuera, un tío que asume Extremadura como propia, un tío del norte con todo lo que tiene el norte, pues no: Extremadura”.

De la mano del teatro regresamos de nuevo a Extremadura, a sus escenarios, al Teatro Romano de Mérida, al Carolina Coronado de Almendralejo, al Gran Teatro de Cáceres, pero sobre todo al López de Ayala de Badajoz, del que dice que ha sido la recuperación perfecta de un espacio escénico. Y aquí los nombres propios, los nombres inolvidables de amigos y maestros, Paco Rabal, Juan Diego, Manolo Galiana, Fernando Fernán Gómez, Nicolás Dueñas, José Luis López Vázquez, Juan Luis Galiardo, Manolo Alexandre… “El otro día cuando muere Manolito Alexandre… ¡joder!, pensé, los mayores se nos mueren sí, pero a mí se me están muriendo a chorros”. Calla como si quisiera guardar el silencio debido. Y recordamos a Arthur Miller del que, como de tantos otros, nos queda su obra, su memoria. “Es un teatro que a mí me sigue conmoviendo. Si mañana ponen ‘Panorama sobre el Puente’ la voy a ver”. Y se zambulle en Miller. “De lo que habla Miller es de una familia asolada por las deudas después del Crack del 29, algo que se puede trasladar hoy a cualquier familia española que está a la cuarta pregunta. Miller es de una riqueza de matices extraordinaria… Y luego está Lorca y la lírica española… Interpretar a Lorca, a Miller, a Shakespeare, a Lope, a Calderón… es interpretar de verdad, es estar ante las grandes pasiones que mueven al ser humano, la envidia, los celos, el miedo a la muerte y, por supuesto, la necesidad de trascender”.

El teatro como pasión y como compromiso ético, como forma de interpretar la propia existencia, así llegamos a ‘Plataforma’, el montaje de Calixto Bieito a partir de la novela de Michel Houllebecq. “Dijeron de todo desde los periódicos de la derecha. Dijeron que si era una guarrada, que yo era un guarro que hacía de todo en el escenario… Hasta que llegamos a Edimburgo y me dieron el Premio a la Interpretación… y entonces se callaron”. También él calla un instante. ¿Hay cierto enojo en su mirada?. Y continúa. “Para trabajar con Bieito no tienes que tener miedo, sólo tienes que saber que es meterte en un mar con temporal siete y a aguantar las olas sabes que te van a venir por todos los lados, pero también sabes que en cuanto salgas de España inmediatamente te van a recibir como algo único… Y es que ‘Plataforma’ es la crisis de los valores culturales de los últimos tiempos. Que su autor y director no son ningunos gilipollas, que Bieito es un director de proyección mundial”.

Una pausa para acudir al cocido madrileño, símbolo patrio de la culinaria ibérica, y qué bien en forma de escudella o de puchero gitano o maragato o caparrón o en forma de olla de recapte o de olla podrida o de berza gaditana o de cocido extremeño o gallego con lacón y grelos, con grelos también en Portugal… Viajar. “Hay que viajar, hay que salir de nuestro pueblo, de nuestra región y también hay que salir de España, ver en qué andan metidos en otros sitios. La falta de viaje nos ha matado”. Aquí, en este momento, parece enfadarse, indignarse, encenderse. Gesticula con las manos, con la mirada, es como si de repente se hubiese metido en un mar con temporal siete. “España tiene un nacionalismo enfermo porque es un país muy poco viajado, pero incluso interiormente. Es necesario, tenemos que conocernos mejor y eso sólo lo da el viajar”.

Juan Echanove con Ariadna Gil

La palabra, la palabra como herramienta, como arma cargada frente a la codicia, frente a los poderosos, frente a los tiranos… Le preguntamos por esa palabra comprometida y militante que tan esquiva parece estar en estos tiempos difíciles. “Para que la intelectualidad tenga relieve –dice- tiene que haber una prohibición de la inteligencia. Y así era al inicio de la Transición. Hoy en día, sin embargo, la intelectualidad está secuestrada por la Wikipedia y los foros. Hoy un intelectual puede ser cualquiera que emita una opinión en un blog”. ¿Y la poesía como arma de lucha? “La poesía ha dejado de ser un arma cargada de futuro para pasar a ser una delicatessen gourmet para muy pocos. La poesía se ha quedado sin espacio en los medios, ha perdido su sitio, cuando la poesía es una necesidad humana”.

El olor del café nos saca de estas tormentosas visiones. De nuevo la gastronomía. “Yo llegué a la culinaria por la codicia. Descubrí que el arroz blanco tenía un margen que te cagas cuando mis padres marchaban fuera y me dejaban dinero para comer en la cafetería de al lado de casa, en el Parque de las Avenidas. Me di cuenta de que haciendo la compra y cocinando en casa podía ahorrar mucho… tanto que de esta manera, en un viaje de mis padres que duró dos meses, llegué a comprarme una moto”. Sonríe como imaginamos que sonrió cuando llegó su padre y le preguntó por aquella moto. “No me riñó sino que dijo, ‘vale pues hoy vas a cocinar tú para la familia’ Y les hice un arroz con higaditos de pollo…”

Esa cocina tradicional y de subsistencia que recuerda también del Libro de Cocina de la Sección Femenina, es la que buscan ahora Imanol Arias y él, compañeros de viaje y de mesa. “Sí es ese tipo de cocina el que tratamos de mostrar en el programa como, por ejemplo, la sopa de paloma que probamos en Mérida o el arroz con rabos de cordero en La Serena… Allí, precisamente –recuerda con una emoción casi infantil- fue donde disfrutamos del esquileo de las merinas… ¡qué viaje!… Pero también te digo una cosa, lo mejor de todo esto son las gentes de este país, las gentes con las que nos encontramos y que cuando terminamos de grabar nos dicen a Imanol y a mí: De aquí no os podéis ir sin probar esto o lo otro, y te sacan lo mejor de ellos”.

El sol de la tarde ha cambiado ya la luz de los membrillos. Quizá en alguna azotea continúe la búsqueda de Antonio López. Mientras, por la Cava Baja, en el Madrid más castizo, se aleja el gran goloso. Le vemos encontrarse con la actriz Ariadna Gil. Alegría, un abrazo, dos besos, una breve conversación y una despedida entre sonrisas. Continúa pero antes, vuelve la vista hacia nosotros. De nuevo un adiós con la mano agitando en el aire una ristra de pimientos ahumados de cuernicabra. Huele a Extremadura. Nos parece que se aleja tarareando una canción de Bebe.

Texto: Lucas Riolobo y Mari Cruz Vázquez

Fotografías: Paco Guerrero

Dejar un comentario

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR