Carro Fúnebre: Pieza del mes de noviembre del Museo de Olivenza

 

En un servicio funerario siempre hubo que contar con un carro fúnebre que transportase el cuerpo desde la iglesia hasta el cementerio.

En Olivenza, el privilegio de realizar los entierros, desde principios del XVI, correspondió a la Cofradía de la Santa Casa de Misericordia.

 Al construirse el Campo Santo actual, el 8 de enero de 1851, se redacta un reglamento, que consta de seis capítulos, firmado por Ayuntamiento, representantes de las dos parroquias de la localidad y proveedor de la Misericordia. En el primero de ellos se encomienda a los hermanos de la Santa Casa la preparación y arreglo de un carro mortuorio para conducir los cadáveres hasta el cementerio; en el quinto, se alude al hecho de ser esta Hermandad la encargada de elegir el coveiro (enterrador). El resto de capítulos nos ayuda a conocer el orden de los entierros, arriendo de nichos y vigilancia del cementerio.

Los entierros podían ser de tres tipos: en los de primera, acompañaban al carro mortuorio, un mínimo de tres sacerdotes, vestidos con dalmática, estola y pluvial negro. Por delante el sacristán y dos monaguillos con ciriales a cada lado de la cruz y otros dos que portaban naveta con incienso y el acetre con hisopo; solía agregarse el sochantre, encargado de entonar cantos para el momento. El carro que nos ocupa iba tirado por un caballo negro enjaezado del mismo color. En Olivenza, los hermanos de la Misericordia solían cubrir el ataúd con una bandera morada, de finales del siglo XVII que, durante este mes, puede verse en la exposición Temos cá, temos lá ubicada en el pasillo de la planta alta. Para los de segunda, los sacerdotes se vestían con dalmática más simple que en los entierros anteriores, le acompañaban monaguillos y sacristán. No llevaban naveta con incienso, pero si el acetre. El carro iba tirado por un caballo negro que no iba enjaezado. En los de tercera, el sacerdote se vestía con capa negra, e iba escoltado por el sacristán y un monaguillo. La carroza era tirada por un caballo sin decoración alguna. Los entierros de pobres de solemnidad sólo se acompañaban de un sacerdote.

La estructura de nuestro carro funerario está realizada en madera, reconociéndose dos ruedas pequeñas delante y otras dos más grandes detrás. Las delanteras se unen por un eje móvil y soportan el pescante donde iba el carrocero; del mismo material son las de la parte trasera, donde sus listones soportaban la caja mortuoria. Posee un sistema de amortiguadores de ballestas de hierro. En la parte trasera del carro se reconoce un rodillo de madera que permitía mover, con mayor facilidad, hacia adelante o hacia atrás el ataúd.

Fue donado por el Ayuntamiento de Olivenza.

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