Baños de Montemayor

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

FRONTERA, PASO Y AGUAS TERMALES

La situación de la villa de Baños es en la cuesta del puerto de este nombre, que divide Castilla la Vieja de Extremadura. Tiene dos jurisdicciones seglares, y otras tantas eclesiásticas: aquellas pertenecen a los señores Duques de Béjar y Marqués de Castromonte, y éstas a los señores Obispos de Coria y Plasencia, y así tiene dos parroquias. Todo su territorio alrededor, en medio de su fragosidad, es ameno, y delicioso, cubierto de olivos, castaños, y muchas viñas”. El libro de 1778 ‘Viage de España. En que se da noticia de las cosas más apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella’, escrito por Antonio Ponz, describe cómo era Baños de Montemayor allá por fines del siglo XVIII.

Corría 1157 cuando el rey Alfonso VII decidió dividir el reino entre sus dos hijos siguiendo la linde de la calzada romana que unía la península de norte a sur: el oeste fue para el reino de León y el este para Castilla. A la división administrativa (Baños de Montemayor pertenecía al concejo de Montemayor del Río y Baños de Béjar, al de Béjar, ambos en Salamanca) se unía la religiosa. Las dos parroquias del municipio (Asunción y Santa Catalina –ésta reconvertida ahora en auditorio-) son una muestra de ese pasado distante y junto a la par.

En el centro del pueblo, al pie de la iglesia de la Asunción, Manuel Talaván, concejal de Cultura licenciado en Historia, da detalles de este más que curioso pasado: durante siete siglos los vecinos del mismo pueblo vivían juntos, pero no revueltos. “Aldeanueva del Camino es un caso similar”, ejemplifica. No fue hasta 1833, con la reestructuración provincial, cuando Baños de Montemayor quedó inserto en la provincia de Cáceres bajo una única jurisdicción administrativa. Pero la frontera quedó en su identidad. Situado a escasos dos kilómetros del límite provincial con Salamanca (y a tan sólo 15 de Béjar, siete en línea recta), el municipio de unos 800 habitantes es zona de confín y también de paso. Y de baños, por supuesto.

El tránsito de la Vía de la Plata ha marcado el devenir de este municipio del Valle de Ambroz. Y no sólo por la larga división, sino también por ser zona de pisadas. Apenas unos restos de calzada quedan al norte y al sur del pueblo, a la entrada y a la salida o viceversa. El camino antiguo es tortuoso y empinado, ya que Baños se encuentra enclavado en una geografía accidentada rodeado por montañas de entre 850 y 1200 metros de altitud. Subir supone llegar a un mirador natural único. “Vamos a un sitio en el que hay una foto bastante buena del pueblo”, adelanta Talaván durante la ruta de ascenso. Una cruz indica la parada: “Aquí se mezcla leyenda y realidad. Es del siglo XIX pero no se sabe muy bien el origen: parece un lugar para rezo pero la historia oficial dice que es una cruz que se erigió para recordar la memoria de unos carreteros que pasaban por aquí cargados de piedras y tuvieron un accidente en el que fallecieron, pero no hay documentación que pueda atestiguarlo”, explica el concejal.

Foto: Ester García

Foto: Ester García

Y desde allí, desde la primitiva vía romana, se vislumbra la antigua y sinuosa carretera nacional y la novísima autovía. Cuando el asfalto sólo tenía dos carriles, Baños de Montemayor era lugar de tráfico constante lo que dejaba curiosas estampas -aunque también peligrosas situaciones-, y gente que pasaba, paraba y compraba. “Me acuerdo cuando era pequeño con todas estas curvas atestadas de camiones y era espectacular verlos pasar y ver a los coches parados para que los camiones maniobraban”, recuerda Talaván. “La gente consumía en los bares, compraba en las tiendas de cestería… y eso se ha perdido con el desvío del tráfico por la autovía”, hilvana las ideas.

Pero los turistas siguen siendo habituales por las empinadas calles bañenses y pasan desapercibidos entre una ciudadanía amable, que acoge al extraño y mira a la cámara. “Los baños, que dan nombre a la villa y están al salir de ella hacia Castilla, son de agua caliente, y sulfúrea, con las demás buenas cualidades, que yo no sé; pero es cierto que producen admirables efectos en los que padecen reumatismos, y otros males”. Ponz, en su ‘Viage de España’, concretamente en el tomo cuarto y en la carta primera, detalla la tercera seña de identidad de Baños, la más importante sin duda, la que le da nombre. Sus aguas termales, sus baños, son de época romana, aunque los restos que se observan ahora son medievales, y hay que viajar hasta el finales del siglo XVII para ver el renacer de unas termas que estuvieron muchos años en desuso y prácticamente en ruinas posiblemente por el despoblamiento de la zona. “Fue el obispo de la diócesis de Coria Juan Porras y Atienza quien, al ver el potencial que tenía el establecimiento termal, decidió acometer la restauración de todo el balneario y realizar mejoras como por ejemplo cubrirlo, porque hasta entonces estaba al aire libre”, explica Manuel Talaván.

Terma en Baños de Montemayor

Ya antes se habían arreglado los accesos por carreteras y por puentes. Y en 1833 el balneario pasó a ser propiedad de la vecindad con la creación de la ‘Junta Protectora del Establecimiento’, una curiosa figura jurídica y administrativa ahora personificada en la gestora Probaños también en manos del pueblo. En 1999, se hizo una gran reforma con excavaciones arqueológicas incluidas en las que se encontraron las ‘ara votivas’ que certifican un pasado anterior a Cristo, cuando era usado por militares y funcionarios romanos, que disfrutaban de unas aguas con excelentes propiedades minero-medicinales que surgen de la tierra a unos 43 grados. “Hasta entonces todo estaba infrautilizado y algunas partes se usaban como almacén. También se sabe que este lugar fue reutilizado, lo que demuestra la pérdida del uso como tal de las termas. Una cofradía lo usó y aquí se hizo la ermita de Santa María Egipciaca y se celebraban oficios religiosos; también había enterramientos según la documentación, pero no se ha descubierto nada en las excavaciones”, relata el edil bañense.

El repaso a la historia guarda curiosidades: Alejandro Lerroux, ministro de la época de la II República, fue arrendatario del balneario, al que impulsó. En las aguas termales (en las que hoy se pueden hacer tratamientos de salud y de belleza u ocio) además de turistas y jubilados, también se relajaron a políticos, miembros de la realeza e incluso toreros, como Eugenio Fernández, ‘Angelete’, hijo del municipio del que fue alcalde durante más de 20 años, según se descubre al pasar por la calle que lleva su nombre. La última sorpresa es saber que Santa Rosa de Lima, primera santa de América y Patrona de la capital peruana, tiene sus raíces en Baños porque su padre, Gaspar Flores, nació en esta esquina fronteriza, de paso y de aguas termales.

baños_de_monte_mayor

“Desde esta villa a la de Béjar hay dos leguas (…) La primera, al paso que se camina con mucho recreo de la vista por entre arroyuelos, castañares, y otros diferentes árboles…”.

Texto: Mª Ángeles Fernández

En Vivir Extremadura encontrarás información y noticias diferentes de Extremadura. (Reportaje publicado en el número 41 de la revista Vivir Extremadura).

Compartir.

Deja Una Respuesta

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies